Dedicatoria
       
       
       
       Este nuevo volumen va para todos los que con sus palabras de aliento me ayudaron a concluir el primer volumen. Y más allá de eso, a inspirarme para crear una saga.
       Ustedes hicieron esto posible.


Presentación y agradecimientos



       Mi nombre real es Emilio Palazuelos Gudiño, al momento de escribir esto tengo 26 años de edad, vivo en México y me considero un fanático de la lectura teológica, bélica, filosófica, y de fantasía. Aunque disfruto de todos los géneros si el libro lo amerita. Orgulloso escritor de la saga «Padre e Hija».
       Quiero agradecer a todos los que hicieron de esto una posibilidad. Mis seguidores por su apoyo y palabras de aliento en cada entrega; esto es posible gracias a ustedes y espero que este nuevo libro viva a sus expectativas.


Prólogo



       Formar parte de la familia más importante de las realezas demoniacas trae consigo sus beneficios, sus riquezas –pero también sus problemas. Para estar a la altura del nombre Ars Goetia debes estar dispuesto a cualquier precio que se deba pagar.
       Esto lo saben todos los miembros de esta familia. Pero llega a suceder que unos están menos preparados que otros.
       Llega a pasar que la ambición por la individualidad es más fuerte que el sentimiento de responsabilidad que se adoctrina en todos los posibles herederos.
       Y llega a ocurrir que la cruda realidad es simplemente demasiado cruel y se vuelve el martirio del resto de tu vida, y esto se vuelve aún peor cuando vives eternamente.
       Luego empiezas a buscar una forma de escapar de esta realidad, intentas encontrar una forma de recuperar esa individualidad que se te fue arrebatada.
       Pero a cambio, te encuentras con que eres solo uno. Un individuo contra millenia de tradición y costumbres. Y un ecosistema donde solo el más fuerte sale adelante.
       Al final solo te quedan dos caminos. Sujetarte a tus deseos y caer en el oscuro abismo, o formar parte de la cadena alimenticia; formando parte de la eterna jerarquía de poderes y status social que regirá el resto de tu vida.
       ¿Crees saber la respuesta correcta?


       
       
       
       
       
       
       
       
       
       
       
       
Historia de amor



       «—Tú eres el que no quiere enfrentarse a la realidad, Stolas. —Gritó Stella—. ¡Yo tuve que hacerlo hace 20 años!
       —Oh, entonces ahora tú eres la víctima aquí. —Respondió Stolas—.»
       Esas palabras retumbaban en la cabeza de Stella como un eco en una cueva subterránea al fondo de una red de túneles abandonada mientras volvía a su vehículo después de su enfrentamiento con Stolas y Octavia. Esta red representando los miles de momentos acumulados en su conciencia que pareciera constantemente estuvieran al borde del derrumbe, y que ese derrumbe con su gran estruendo causaría una reacción en cadena que terminaría rompiendo su espíritu –o soltándolo en libertad, pero era verdaderamente una apuesta que no estaba dispuesta a tentar. Aun cuando a vista de otros no lo pareciera; y sus palabras no dieran cuartel a cualquiera que intentase argumentar en su defensa, ella en realidad sentía cada palabra apuñalar su corazón como una daga envenenada en su pecho. Pero ¿Qué pasó exactamente hace 20 años que justificara 17 consiguientes primaveras de constante abuso? ¿Existe una justificación lo suficientemente creíble y aceptable que cause al menos un ápice de empatía por un ser tan vil?
       Existen razones para creer que todos podemos alcanzar el perdón, el mismo dios aclama decir que quien verdaderamente se arrepiente puede alcanzar el perdón eterno y llegar al cielo. Se le permite acceso al limbo donde expía sus pecados en paz y silencio mientras su alma busca la luz del paraíso, y mientras más se expía este pecado más fácil se hace el final del camino.
       Pero primero debes estar arrepentido, primero debes pedir perdón. Si no, entonces justificas tus acciones y tu alma queda sellada por siempre en el inframundo sin oportunidad de verdadero júbilo.
       Pero si bien Dante nos mostró en su viaje al infierno que en él estaba la posibilidad de perdonar a los condenados; si suficientes almas piden por una sola, ¿Será esta capaz de alcanzar este mismo bienaventurado destino?
       ¿Y si estas almas son también habitantes del infierno, su voz también tendrá poder y voto?
       Es simple pensar que los castigos que obtenemos son bien merecidos por las acciones que tomamos en la vida, también es común en el hombre creer que esto es una gran mentira fabricada por el odio que el humano tiene hacia sus semejantes en forma y modo de justificar su venganza. Y ya que el infierno representa toda esa maldad; no sería difícil creer que lo mismo aplica. Los mismos demonios y almas condenadas percibiendo el castigo ajeno como bien adjudicado por simple odio a su prójimo y que este también sufra como lo hace el.
       Es un círculo de venganza y desprecio que no tiene fin, y que, si bien no es el moralmente correcto desde un punto de vista divino, es la verdad y la realidad con la que se tiene que vivir. Así en la tierra como en el infierno.
       Si bien ya establecimos la problemática moral que estos sucesos implican, aún queda una última opinión que tomar en cuenta a la hora de un veredicto, y esta es solo posible con la examinación de la evidencia y la opinión del acusado. La opinión del presunto culpable.
       Stella tenía estas cosas muy en claro en su mente, y se perdonaba a sí misma justificando sus acciones como un castigo divino que ella procuraba por lo que le hicieron. Y creía que; de haber alguien o algo que le brindara el perdón, estaría de acuerdo con ella.
       Sin embargo, esta actitud llevaba en realidad menos tiempo que los veinte años que ella aclamaba, la verdadera razón por la que escogía esa fecha es porque fue hace justamente 20 años que su vida dio un giro para lo peor, todo por culpa de quienes alguna vez amó.
       Fue cuando empezó a conocer la traición, y más adelante conocería la crueldad de la vida que traía consigo el nombre Ars Goetia.
       Un nombre que no por nada era el más poderoso de todo el reino de las tinieblas. Después de todo; mediante Paimon, no había nadie más cercano al verdadero rey. Lucifer.
       Así como los humanos se preguntan si Dios sabe lo que pasa en su creación. ¿Lucifer sabrá lo que ocurre en su reino?
       
       ***
       
       —¡Es mi cumpleaños! ¡Es mi cumpleaños! —Gritaba Stolas tan pronto se despertó—. ¡Cumpleaños! ¡Cumpleaños!
       Stolas estaba feliz aquel día. Su cumpleaños número 10, el día en el que aprendería cuales serían sus responsabilidades como parte de la familia Goetia. Stolas era entonces un niño muy adorable, con sus grandes ojos rojos y mirada pálida como la luna terrenal, su plumaje rebelde complicado de arreglar y una vestimenta que solo podría describirse como una versión miniaturizada de lo que después usaría de adulto. Con su pantaloncito negro y una camisa blanca con saco rojo y botones dorados.
       Después de arreglarse rápidamente iría con su padre, Paimon. Un demonio del más alto rango, plumaje café oscuro y rostro oculto por una máscara columbina similar a las que se usaban en el mundo humano en el entonces antiguo mundo, mascaras venecianas comunes en las fiestas de disfraces de la época, cuando grandes mentes como Da Vinci habitaban el mundo de los vivos. Vestía con un traje negro y una ostentosa capa color vino con adornados de oro.
       Todo iba acorde a como lo esperaba Stolas, hasta que después de obtener su Grimorio, Paimon le diría que además de contar con una responsabilidad provechosa para la familia, también debería cumplir con las responsabilidades con-sanguíneas, como procurar un heredero provisional en caso de que alguien fuese asesinado o se volviera incapaz de tomar el lugar como jefe de la familia si algo le pasase a Paimon. Esta responsabilidad era compartida por todos los miembros, y aunque no era heredada en un orden jerárquico en base a él orden de nacimiento, este título se repartía al familiar más poderoso, influyente y en general mejor preparado. Esta tarea estaría encomendada al mismo Lucifer, pues podría compararse con la idea de escoger a su mano derecha.
       —Estás ahora arreglado para casarte con ella. —Paimon le muestra a Stolas una imagen de una niña a media rabieta atacando a dos aparentes mascotas—. Felicitaciones.
       Stolas aun siendo un niño, había sido preparado para entender conceptos complicados como el matrimonio o la realeza. Sabía exactamente a lo que se refería su padre y era eso mismo lo que le aterraba. La niña tenía una pinta cruel y violenta. ¿Sería que tal vez fuese a ser igual de malvada con él? El hecho de imaginarse estas posibilidades lo hizo romper en llanto.
       Paimon que se veía muy por encima de la frivolidad de la crianza, improvisó una visita al circo que esperaba calmara sus penas.
       Ese día conoció Stolas por primera vez a Blitzo, con quién después jugó toda la tarde hasta caer el anochecer. A pesar de estar al tanto de lo que la vida le preparaba, se dio a si mismo lo que sabía podría bien ser su única oportunidad de ser «normal», y la aprovechó, su vida en la realeza no le permitiría después socializar fuera de sus esferas.
       Mientras ambos jugaban, sin embargo. Las tareas del Paimon apenas comenzaban.
       —¿Avisaron ya a…? —Paimon alarga su pregunta mientras buscaba el nombre de la niña en algún lado de la fotografía—. ¿Stella?
       —Sus padres le dirán en su cumpleaños número diez, como lo dicta la tradición señor. —Le respondió un imp mayordomo—.
       —No importa, cuando el mocoso termine de jugar por favor manden a la muchedumbre de regreso. —Delegó finalmente—.
       Así como era costumbre dar sus tareas y responsabilidades a los miembros de la familia al cumplir los 10 años de edad, era de misma importancia dictaminar los matrimonios; que, aun dentro de la misma familia, era importante consumar. Pues la sangre debía permanecer pura.
       Estos matrimonios eran seleccionados de una forma muy precisa, pues debido a la obligación de vivir juntos, había ciertas reglas que acatar para evitar problemas una vez consumada la unión y ya que todas las realezas demoniacas le respondían a un solo rey, no había necesidad de algo tan frívolo como unión entre familias como forma de paz, a diferencia de los humanos que se complacen con su poder, en el infierno no había semejante conflicto. Entre estas reglas a seguir esta la edad de los futuros marido y mujer, era importante que no hubiera mucha diferencia en las edades para evitar problemas por inmadurez de alguno de los participantes o perdida de balance en el poder patriarcal, podríamos considerarlo una regla no escrita por Paimon, que aprovechaba su autoridad para unir a quienes el creía, no le causarían problemas a la larga y reducir así la cantidad de mediación que debía hacer en caso de que un problema surgiese, o evitar los problemas en general, sobre todo porque al estar al lado de Lucifer, no podía permitirse el parecer un irresponsable, esto se debe a que, a diferencia de los otros reyes demonio; él era el más fiel, y debido a esto era el favorito.
       Por lo tanto, en este caso Stella era la mejor candidata, siendo tan solo unos meses más joven que Stolas y la nieta del duque Crocell, a quien Paimon le debía un favor y debido a que sus nietos serían marqueses, un salto de rango político como este sería pago suficiente. Stella debía enterarse también a los 10 años para que estuviera mentalmente preparada para su nueva vida, además de darle tiempo a trabajar en su relación con el príncipe por los siguientes 8 años y que de esa forma la unión fuera más sencilla de consumar y poder ir directamente al punto en cuestión; la creación de un heredero.
       Sin embargo, Stella era una niña muy problemática. Debido al ambiente en el que nació y el amor de sus padres por ella, mimarla era poco comparado con el nivel de facilidades que se le dio durante sus primeros años de edad. Era una escuincla problema, no quería a nadie que no fueran sus padres e insultaba a todos los que trataban de interactuar con ella –peor aún si la tratabas como a una niña pequeña. Si había algo que odiaba más era que le mencionaran lo joven que era, y en contra parte, frases como «eres muy madura para tu edad» la llenaban de orgullo.
       Stella era alguien que su adoctrinación la vio como una misión para complacer a sus padres, y como ellos le daban todo lo que deseaba, era su plan hacer todo lo posible por ser la princesa Goetia que ellos querían que fuera y se sintieran orgullosos de ella. Stella tuvo la fortuna de haber nacido entre gente que la amaba, alguien que fue su confidente por mucho tiempo fue nada menos que su hermano Andrealphus.
       Andrealphus siendo mayor que ella era casi su segunda figura paterna a los ojos de la niña, era argumentable si Stella amaba más a su hermano que a su padre –pues cuando Stella tenía algo que decir y temía la reacción de sus papás, Andrealphus estaba allí para ella.
       Los padres de Stella también, al pertenecer a una segunda rama de la familia, debían trabajar el doble de duro para mantenerse a la altura de la principal, por lo que constantemente eran sujetos a las críticas de Paimon, cosa que Stella tampoco disfrutaba, pero entendía como parte de sus responsabilidades, y temía el día en el que fuese su turno rendirle cuentas.
       Sus padres sabían esto de su hija, y admiraban sus deseos de independencia y su creencia de que su familia era igual a la principal, aún si seguía las reglas establecidas para cada nivel jerárquico, Stella buscaba siempre seguir su propio camino que dictaba el correcto y el más virtuoso para cumplir su meta hacia con sus padres.
       Pero algo pasaría que dictaminaría el inicio de una serie de eventos que culminarían en un terrible desenlace.
       —Nuestra Stella… amor, no podemos decirle aún. —Le imploraba la madre a su esposo—.
       —Pero Paimon lo ordena, en su cumpleaños número diez debe saber del príncipe Stolas.
       —¿Podemos esperar a que sea mayor? ¡Lo va a odiar! Crecerá odiándolo y no será feliz.
       —Hablarán al respecto y se terminará enterando por los demás, además ¿No crees que Stolas al saberlo le hable al respecto? Stella debe saberlo hoy.
       Los padres de Stella discutían en su habitación primera hora de la mañana, mientras una joven e infantil Stella corría a ser arreglada para su especial ocasión.
       —Debo verme per-fec-ta. —Dictaminaba Stella al imp que le arreglaba—. Dijo madre que el cumpleaños diez es el más importante de mi vida.
       Una clara diferencia entre el cumpleaños decimo de un hombre y el de una mujer era que la mujer solamente recibía noticia de su futuro marido, pues ellas no se dedicaban a ninguna labor que no fuese política –siendo la parte social de la realeza, además de la tarea como progenitora. Mientras que el hombre debía cargar con más responsabilidades en todos los cargos.
       El trabajo de Stella sería de una forma más literal, ser y verse bonita para la ocasión y atender a su esposo.
       Por esta misma razón los padres discutían, habían hecho todo al pie de la letra y en el momento de la verdad deseaban simplemente lanzar las reglas por la ventana y fingir demencia.
       Entonces suena un violento abrir de la puerta. Era Stella, una niña de plumaje blanco bien arreglado con dos enormes coletas a los lados sujetas por unos moños rosados y un plumaje abrumador que cubría sus patas hasta el suelo como si fuese un vestido blanco con negro.
       —¡Madre! ¡Padre! ¿Cómo me veo? —Gritaba Stella entrando a la habitación—.
       Los padres un tanto sorprendidos por esto casi se quedan sin palabras.
       —M-muy hermosa Stella, como siempre. Se nota que eres nuestra hija. —Responde la madre un tanto nerviosa mientras se acerca a ella para darle un cálido abrazo.
       —¿Verdad? Toda una princesa. —Su padre le seguía el juego—.
       Stella entonces emocionada por la aprobación de sus padres corrió alrededor de la habitación como un bólido, saltando en la cama y actuando como si impartiera órdenes a subordinados invisibles.
       Durante esta vívida presentación de euforia Stella se percató de un papel que sus padres escondían a sus espaldas, por lo que rápidamente corriendo hacia ellos lo arrebató.
       Detrás de ese papel venía escrito la palabra Stolas, y del lado de enfrente estaba una foto del joven príncipe.
       —¿Quién es este niño? Se ve lindo.
       Los padres estaban aún indecisos de como decirle las cosas a Stella, por lo que debían improvisar una respuesta que fuera lo suficientemente vaga para que no les trajera problemas más adelante.
       —E-es nuevo hijo de Paimon, Stolas. —Habló temerosa la madre—.
       —Recientemente cumplió sus 10 años también y mandaron esa foto para celebrar. —Se adelantó el padre—.
       Stella al oír el nombre de Paimon inmediatamente se asqueó, aventando la foto a la cama, odiaba ese nombre. Los recuerdos de su voz mientras sometían a sus padres a sus órdenes le hacían sentir inferior.
       —Asco, se ve como un idiota. No como Andrealphus. Él es un millón de veces más lindo.
       —Stella, lenguaje.
       —Perdón madre.
       Después de un corto silencio provocado por el regaño de su querida madre, Stella muy apenada alzó la mirada, casi con ojos de cachorro.
       —¿Y qué vamos a hacer hoy? Ayer dijiste que el cumpleaños número diez era el más importante en la vida de un Goetia.
       Ambos padres aún les costaba pensar en una excusa plausible para ocultarle el matrimonio y que aun así fuese un día especial. Pero la presión del momento dio a su padre un brote espontaneo de creatividad que les ayudaría en esta bacaleada.
       —Vamos a visitar los círculos del infierno. Para que conozcas a los habitantes de este y empezaras a aprender sobre sus excéntricas vidas, además de las formas en las que se imparten los castigos a las almas humanas.
       Stella estaba extasiada al oír esto, debido a su posición inferior respecto a la familia principal, ella aún desconocía mucho del mundo exterior pues sus responsabilidades se limitaban a la burocracia territorial, pero debido a que subiría de rango al casarse con Stolas, debía saber más.
       Aquel día lo pasó de maravilla a bendición del destino y pudo pasar su décimo cumpleaños sin saber lo que le depararía el destino.
       Vería cada piso del infierno, y como lo describía Dante en su comedia –presenciaría los castigos atroces que vivían las almas humanas por más de una eternidad. Aprendería que hay almas humanas que una vez pasado su castigo continuarían en el infierno como ciudadanos de este y tomarían una forma que fuese adecuada para como fueron una vez en vida.
       Escucharía de varias entidades historias de poderosos demonios o putrefactas almas humanas que cambiarían el rumbo de la historia del infierno. De tratos con humanos del mundo de los vivos que a cambio de su alma demandaban algún beneficio que les diera ventaja sobre los demás.
       Conocería eminencias como Adán y Eva, que, a pesar de haber sido siempre fieles a su dios, por causa de ser el pecado original serían los primeros habitantes de ese mundo.
       Le contarían historias de miles de filósofos humanos que a causa de la búsqueda de virtud desecharían su fe en búsqueda del saber y al llegar aquí, casi como un premio –venerarían el destino que se les fue impuesto.
       Cuando volvieron a casa Stella no se cansaría de repetir todo lo que había escuchado y vivido, verdaderamente habían hecho de su décimo cumpleaños el mejor.
       Pero la peor parte venía para los padres que; por capricho hacia su hija, habían ocultado la verdadera razón de aquella foto, pues a diferencia de los deseos de Crocell, ellos no deseaban nada que ver con Paimon.
       Los siguientes años Stella y Stolas deberían empezar a conocerse, y mientras uno tenía en su mente a una niña cruel y agresiva, ella tenía en su mente a un hijo de papá y mamá. Por lo que desde un principio la química entre los dos era profundamente rocosa.
       Stolas cada ocasión que se veían por algún evento o fiesta real, trataba siempre de serle cortés, educado y que de alguna forma viera en el a un amigo. Pero Stella inmediatamente le respondía de una forma hostil o indiferente; cosa que intimidaba a Stolas de inmediato y terminaban separados uno del otro. Por lo que el palacio de Paimon sería el campo de batalla entre estos dos.
       Y mientras Paimon educaba a Stolas respecto a su obligación de llevar esta relación adecuadamente, los padres de Stella intentaban de convencerla de que era necesario que fuesen amigos, pues era necesario que existiera esa conexión entre familias.
       —Padre, no entiendo. Hago todo lo que puedo, pero a Stella parece no importarle. —Clamaba Stolas suplicando por ayuda—.
       Uno creería que después de ser padre una gran cantidad de veces aprendería una cosa o dos sobre crianza, pero como una sartén de teflón –nada se le pegaba. Y molesto por las constantes incógnitas de su hijo debía inventarse nuevas formas de entretenerlo con una idea que fuese lo suficientemente diferente a la anterior para que justificara el intento y le dejase de molestar.
       —¿De verdad crees que funcione padre?
       —¡Pero claro! La tendrás a tus pies.
       Stolas no quería exactamente tenerla «a sus pies», pero si eso ayudaba a que la relación entre los dos mejorase –era algo que intentaría sin lugar a dudas.
       —H-hola, Stella.
       —Hola idiota.
       —T-t-te vez muy bonita para hablar así. Puedo enseñarte a no hacerlo. Ya sabes... después de todo tú y yo...
       —¿Qué te importa cómo hablo?
       —S-solo digo que quizá deberías– ¡Auch!
       Stella odiaba que Stolas la corrigiera, aún más que cuando cualquiera que no fuera Andrealphus o sus padres trataba de hacerlo. Esto lo reflejaba picoteándolo hasta que se fuera. Después corría con su hermano a que la protegiera. Stolas entonces la seguía tratando de disculparse y Andrealphus interponiéndose en su camino lo alejaba de su hermana para hablar con él en privado.
       Andrealphus era de las pocas personas que interactuaban con Stolas, y él era quien, a diferencia de Stella, le fascinaba estar con Stolas y constantemente le daba consejos para llevarse con su hermana. Lastimosamente estos consejos eran, claro, falsos y fabricados para mantener la tensión entre ambos.
       Andrealphus lo que adoraba de Stolas eral lo fácilmente manipulable que era y aprovechaba cada oportunidad para arruinar su relación con su hermana.
       Y no porque este la quisiera cuidar o proteger de Stolas como sus padres, sino porque el veía en Stolas algo que nadie más podía ver y que vendría en juego al pasar de los años, pero necesitaba hacerse de su amistad y confianza, además, él tampoco sabía del matrimonio arreglado entre los dos, así que, en su punto de vista, el creía que se trataba de interés genuino.
       En varias ocasiones Stolas cuestionaba los consejos de Andrealphus por su inefectividad, o a veces incluso la ridiculez de estos. Mientras que Andrealphus solo culpaba su estupidez e ineficacia para llevar a cabo correctamente las encomiendas. Y para mantenerlo sujeto a él le prometía constantemente que le enseñaría a ser un demonio a la altura de la atención de Stella. Andrealphus era de plumaje blanco y azul, verlo era como ver la nieve misma, era tan largo y acomodado que parecía como si formara parte de su vestimenta que compartía los mismos colores. Una figura delgada y formal. No existen palabras suficientes que pudieran describirlo. Un joven ya, de 15 años de edad.
       —¿Estás seguro Andrealphus?
       —¡Claro Stolas! Mi hermana ama las cartas. Ya sabes cómo son las mujeres con eso de su romanticismo.
       —Recuerdo haber leído al respecto. Pero ¿No sería muy temprano para eso? Las cartas son más cosa de amantes. Primero quiero que me vea como un amigo.
       —Con mayor razón. Stella te odia, necesitas hacer algo extremo para estar de su lado bueno.
       Y Stolas obedecía siempre los consejos de Andrealphus, que a su costumbre eran lo suficientemente ambiguos para culpar a Stolas de su fracaso inminente. Era un tanto curioso y hasta adorable ver al pequeño búho correr a su habitación a redactar dicha carta y escabullirse entre todos los adultos para dejarla a escondidas en donde la viese Stella. Posteriormente se mantendría oculto para ver su reacción.
       —¿Uh...? —Clamaba Stella al ver la carta y empezar a leerla.
       «Querida Stella, aun cuando nuestra amistad no ha logrado florecer como eh deseado, me encuentro bienaventurado de haberla conocido. Y ya que estamos destinados a unirnos en matrimonio me encuentro deseoso de poder fomentar nuestras relaciones sociales.»
       Stella tenía una mirada que era la mezcla homogénea de ira y vergüenza. Con todas sus fuerzas rompió la carta a pedazos y aventó los trocitos por todo el lugar.
       —¡Diccionario con patas! —Se escuchaba gritar a Stella—. Ni quien se quiera casar con un tonto como tú.
       Del otro lado de la escena siempre se encontraría Andrealphus a risa y risa disfrutando de crearle conflictos a Stolas con su hermana. Riendo hasta el punto de lagrimear sin control.
       —¡Andrealphus! Dijiste que funcionaría. —Le reclamaba Stolas—.
       —Diccio- Diccio-. —Andrealphus no podía completar ni una palabra de la risa—. ¿Qué fue lo que escribiste? Eres tonto Stolas, debías mostrármela primero, ahora ya no servirá una segunda carta.
       Unos pocos años más pasarían para que nuestros personajes maduraran un poco más. Stolas al alcanzar su adolescencia se dictaminaría a sus estudios del Grimorio y las actividades reales que debía llevar a cabo como Goetia, mientras que su amistad con Andrealphus cambiaba de giro siendo ya solo entre ellos dos y Stella pasaría a segundo plano. Lo que permitiría a los padres de ella mantener la charada unos años más, pues el tema del matrimonio salía cada vez menos a menudo y Stella se veía completamente indiferente a la burocracia que refería a llevarse con él.
       Stella también había madurado considerablemente, a sus quince años ya era una experta en la etiqueta Goetia y llevaba a cabo sus tareas con gracia. Durante este año y el siguiente interactuaría más a menudo con las familias demoniacas y encontraría un oasis en un chico marqués a sus 16, para este entonces Stella ya tenía un aspecto muy similar al que viste en la actualidad con las cortas diferencias siendo que su vestimenta, muy similarmente a Octavia a su edad, ya tenía un estilo rebelde, una mezcla soberbia entre la moda victoriana y la moda gótica de la antigua Romántica oscura de finales de los 1700’s –era toda una imagen, una joven hermosa, pero peligrosa.
       —Oh Stella, no hay ser infernal que pueda resistirse a tu belleza.
       En estos momentos Stella estaba en una cita con este amor suyo, ambos sentados en el patio del palacio de los padres de ella, tomando un refrigerio al sol de la primavera.
       —Andras, por favor. Mis padres nos escucharán.
       Andras es un marqués parte de la familia Goetia, de aspecto similar a Stella y Andrealphus, su plumaje es blanco por completo, y siguiendo la tradición de vestimenta de la era victoriana, sus ropas eran dignas de la realeza, aun cuando su título fuera menor. Un Demonio increíblemente violento y peligroso para cualquier humano que se atreva a invocarlo. Él tiene un fuerte trauma con su posición social en la jerarquía Goetia y desea poder destruirla algún día.
       —¡Pero es verdad! Quien posea tu belleza posee el tesoro más grande del inframundo.
       —Cada que hablas así de mi me recuerdas al idiota de Stolas.
       —¿Aún sigue molestándote? Puedo hacerme cargo de él si quieres.
       —Ya no fastidia como cuando éramos niños, pero frecuenta tanto a mi hermano que prácticamente vive con nosotros.
       —¿Crees que ahora esté interesado en tu hermano?
       —Pffff... lo dudo, no sé ni cómo se fijó en mí de niños. Aunque Andrealphus es capaz de meterse con cualquier cosa que se mueva. El y él tío Asmodeus parecen inseparables.
       —Tienes que presentarme a Asmodeus, si tan solo pudiera hacerme con su anillo...
       —Ya lo hablamos antes, Asmodeus te destruiría antes de que pudieras acercarte.
       El anillo que mencionaba Andras es una piedra mágica de la propia corona de Satanás. Dada a Asmodeus directamente por él.
       Este anillo le brinda el poder a Asmodeus de cumplir cualquier deseo sin ningún tipo de regla o excepción, es la mismísima magia que usó Satanás con Jesús al tentarlo en el desierto y Asmodeus la usa para tentar a los hombres a ser infieles.
       —Pero con ese anillo podríamos destruir esta inútil jerarquía y podríamos- —Decía Andras hasta que Stella lo interrumpió—.
       —Tendremos nuestro momento Andras. Te lo prometo. —Le reconfortó Stella—. Estaremos juntos.
       Stella entonces le reconfortó con un beso. Ella lo amaba a morir, y era su primer genuino amor.
       Andras le respondió el beso pasionalmente, mientras Stella sostenía a Andras cariñosamente de la cabeza, Andras la sostenía más fuertemente de la misma forma. Era claro ver una diferencia de intenciones mientras Stella lo atesoraba con gran afecto y Andras la tomaba posesivo y con intenciones más agresivas. Te cuestionabas la mecánica de su relación o si era de verdad algo que llevara ese título.
       —Andras, si nos ven mis padres…
       —No es mi culpa que no te dejen salir del palacio.
       —Se siente tan frio aquí sin ti.
       —Entonces déjame calentar tu cuerpo. —Andras se adelantaba a otro beso apasionado—.
       En otro lugar del palacio estaba Andrealphus y Stolas estudiando, o ese era el plan.
       Stolas a sus 16 ya tenía un aspecto maduro para su edad, era capaz de intimidar a cualquiera y su porte era tan formal como elegante y masculino. Stolas había crecido para ser el favorito de Paimon, por lo que todos en la familia lo detestaban y trataban mal, pero él ya se había acostumbrado tanto a esto que aun cuando era verdad que le dolía la segregación que esto provocaba, su mirada estoica y expresión fría le hacían ver como un objeto inamovible, era también por esto que Andrealphus era tan cercano a él. Andrealphus a sus 21 años ya era todo un Marqués y al igual que su semejante, Andras, era prisionero de la jerarquía Goetia. Por eso se acercaba tanto a Stolas, y fingía ser el único con interés en él, enseñándole cosas como Geometría y otras ciencias matemáticas. O eso era lo que aparentaba.
       Y el tiempo había sido generoso con él, Andrealphus tenía un cuerpo envidiable por hombres y mujeres por igual, una figura delgada y un insólito balance entre feminidad y masculinidad, vestía ropas que nuevamente por sus tonos negros y blancos resaltaba su plumaje elegante y arreglado con inmensurable gracia.
       —Muy bien Stolas, siempre tan inteligente.
       —Con tu conocimiento Andrealphus, fácilmente podrías servir más a los Goetia que solo trabajo territorial.
       —Oh Stolas, tus palabras me alagan. —Le respondía Andrealphus caminando por detrás de la silla de Stolas, se inclinaba hacia él, recargándose en sus hombros y poniendo sus manos cruzadas sobre su pecho—.
       La química entre Stolas y Andrealphus era un tanto complicada de describir, Stolas estaba en la edad en la que finalmente empezaba a entender su intimidad, y era justamente Andrealphus; su futuro cuñado, quien mejor sabía esto gracias al tiempo que pasaba con Asmodeus.
       Stolas justificaba sus constantes visitas a Andrealphus con sus estudios y su trabajo por entablar una amistad con Stella para el ya cercano matrimonio, y Andrealphus se hacía de la vista gorda aceptando enseñarle mientras poco a poco lo seducía, Stolas creía ser sutil, pero Andrealphus no temía en dejar en claro que sabía la verdad.
       Graciosamente, la relación de Stella con Andras y la futura relación de Stolas con Andrealphus se llevaron perfectamente en secreta sincronía. Mientras se creía que Stella simplemente socializaba con su clase, se creía que Stolas se educaba en las ciencias. Y entre ellos cuatro también era completo secreto. Una charada perfecta en todos los campos.
       Pasaron los meses y se aproximaban los cumpleaños 17 de ambos. La boda estaba a la vuelta de la esquina y Paimon debía asegurarse de que todo saliera como debía ser pues Crocell empezaba a hacer preguntas, debido a que el tampoco ignoraba la pésima relación entre su nieta y Stolas. Un día por estas fechas Paimon hizo su visita.
       —¡Su alteza! —Decían los padres de Stella al ver aparecer a Paimon en su hogar—.
       —Seré breve, solo quería hablar con su hija respecto a la su boda el año que viene.
       Sobra mencionar que nunca le mencionaron a Stella sobre su futura boda, y que ahora que el tiempo se había acabado era tiempo de que supiera, o de otra forma estarían todos en graves problemas.
       —Stella no está su alteza, fue con su hermano Andrealphus a mediar unas disputas en el círculo de la ira. —Respondió el padre—.
       —Creo que puedo esperarla, Crocell no me perdonaría si no le resuelvo esto ahora.
       —N-no sabemos cuánto tardará, además, no veo porque alguien como usted debería preocuparse por lo que piense mi suegro.
       —Le recomiendo ser más respetuoso al hablar de un duque, y le recuerdo que esto es un favor para ustedes y una deuda que tengo con él. Así que le aconsejo que mejor no me haga esperar.
       En ese mismo momento estaba entrando Stella y Andrealphus al palacio, la verdad es que nunca se habían ido, pero mientras el padre hablaba con Paimon, la madre les pidió que siguieran con el invento que él había dado.
       Stella a pesar de los años seguía tan obediente como siempre hacia sus padres, por lo que no dudó en seguirles el juego. Pero Andrealphus inmediatamente empezaba a sospechar que algo estaba mal.
       —Con la precisión de un arquero. Su alteza, ha llegado Stella. —Aclamaba aliviado el padre—.
       —Excelente. Stella, cariño, por favor toma asiento. —Le indicó Paimon—.
       Una vez reunida la familia completa alrededor de Paimon el empezó su sermón.
       —Como saben, desde hace 6 años a forma de pago por un favor a Crocell decidimos que Stella se casaría con mi hijo Stolas. A cambio ella subiría a princesa y mi deuda quedaría pagada. Tristemente su hija ha hecho lo imposible por ridiculizar este trato al negarse a llevarse bien con Stolas. Y ustedes han hecho lo imposible por negarse a educar a su hija adecuadamente. Por lo que vengo con un año de anticipación a dejar las cosas claras. Harán lo que se les indica y lo harán bien y por el bien de los Goetia. Fallar esta encomienda final resultará en su destierro del apellido Goetia y de así demeritarlo, su ejecución. Ahora si me disculpan; debo atender otros asuntos más importantes. —Paimon inmediatamente se transporta fuera del lugar—.
       Mientras los padres de Stella se encontraban preocupados y abrazados, Stella estaba completamente confundida y desorientada por lo que había escuchado.
       ¿Hace 6 años? ¿Stolas? ¿Un matrimonio arreglado? Poco a poco las piezas del rompecabezas iban cayendo en su lugar con sus memorias de la niñez junto a su futuro esposo.
       Andrealphus que era un poco más perspicaz entendió las cosas con mayor facilidad, pero en vez de alegrarse por su hermanita solo pudo mostrar una inmensa ira.














Historia de dolor



       Él estaba furioso, todo el tiempo en el que había estado alimentando su relación con Stolas para quedarse con él, y usarlo para subir los peldaños de la realeza –ahora debía compartirlo con su hermana, y peor aún; estaría condenado a solo llegar a ser duque, y eso con la suficiente suerte y el mejor de los casos.
       —¡¿Qué carajo?! —No pudieron evitar gritar Stella y Andrealphus al mismo tiempo una vez Paimon se marchó—.
       Andrealphus sabía que debería actuar de forma inteligente si quería tomarle la delantera a su hermana. Pero su mente estaba ahora centrada en todos los momentos donde Stolas mencionaba el casarse con Stella, y como él siempre lo interpretó como un extraño enamoramiento infantil y necio, de hecho, Andrealphus siempre pensó que solo tenía interés en ella para negar su interés por otros hombres, cosa que Stolas nunca dejó en duda con su extravagante forma de ser. Él estaba seguro de que esto por completo.
       Pero ahora todo tenía sentido, Stolas siempre supo de su responsabilidad como Goetia. Y ahora con su hermana en el camino, debía caminar con pies de plomo si quería continuar con la manipulación de su futuro cuñado y utilizar su futura influencia para llegar tan alto como pudiese, a costa de su hermana si era necesario.
       Sin embargo, Andrealphus tenía cierto cariño por su hermana –la veía como una inferior a él, y con cierta ternura la cuidaba. Pero todo ese cariño desapareció el momento que supo la verdad, ahora era su rival.
       Del otro lado de la moneda, Stella corría a su habitación tratando de contener las lágrimas mientras su madre iba detrás de ella llamando y clamando su nombre para que le brindara una oportunidad de expiar sus penas explicando la motivación detrás de tan cruel engaño. Pero Stella se negaba a escucharla, azotando la puerta de su cuarto en la cara de su madre y tirándose a la cama a llorar.
       Pero la verdad solo se encuentra en los pequeños detalles, Stella no estaba triste por la mentira, no estaba llorando por su recientemente revelado destino. Lloraba por Andras y perderlo para siempre.
       Ella amaba a Andras casi tanto como a sus padres y a su hermano, era capaz de lo que fuese necesario hacer para que se sintieran orgullosos de ella; sin importar que debiera hacer –incluso casarse con alguien que no era él. Pero Ahora que debía perder a uno o a otro, la apuesta era demasiado grande para ella y no pensaba jugarla.
       Stella había crecido casi toda su vida con una convicción en mente, dejar el nombre Goetia en alto, pero aún más alto a su familia que había tenido la desgracia de nacer en un rango tan bajo de la cadena. Pero ahora estas convicciones le hacían sentir un millón de veces más fuerte este dolor que ahora sentía –mientras que otra parte de su mente le hacía recordar detalles de su pasado que ahora cobraban sentido, solo empeorando la forma en la que se sentía al respecto.
       Sus estudios aristocráticos, la cultivación de las distintas costumbres de cada circulo del infierno, la etiqueta de comportamiento real; habla y vestimenta. Ella siempre pensó que eran sus padres dándole un trato especial y superior al de sus allegados por mero amor y esperanzas colocadas en ella, pero se percataba poco a poco que esto no era más que parte de su preparación para su predestinado final al lado de un extraño.
       Recordaba las veces que Stolas la molestaba o le trataba de contentar en las reuniones y fiestas familiares. Recordaba a su hermano cuidándola de el cuando ya estaba harta de su presencia, recordaba lo poco que sabía y quería saber de él, y como ahora tendría el resto de su vida para averiguar algo que no quería saber.
       Recordaba las palabras de su madre un día antes de aquel cumpleaños «El décimo cumpleaños es el más importante en un Goetia», todo lo que había pasado hasta ahora caía en su mente como piezas de un rompecabezas donde la imagen final era ella misma. Pero faltaba una pieza para completar la imagen. Esa pieza faltante era su corazón.
       Su mente volvía a Andras y sus tiempos juntos. ¿Qué le diría? ¿Cómo se lo diría? Pero lo más importante era, ¿Qué dirá él?
       Andras es un demonio violento por naturaleza, y como ya tenía planes de rebelión –ella temía que provocara en él una ciega sed de venganza que provocaría perderlo para siempre. Incluso desde ese momento ya pensaba en mantener su relación con él en secreto, incluso después de casada, pero de ser descubierta, la vergüenza que caería sobre sus padres era un precio que no estaba dispuesta a pagar. El resto del día se lo pasaría considerando sus opciones, y las palabras de Paimon. Si se le ocurría desobedecer, significaría el destierro; o peor aún, la posibilidad de perder a sus padres para siempre.
       Su llanto se podía escuchar en todo el palacio mientras la noche caía.
       Los días pasaron y Stella estuvo evitando a Andras durante ese tiempo, dando de excusa que su cumpleaños se acercaba y quería planear algo especial con él, pero debía mantenerlo en secreto hasta la fecha, mientras tanto; Andrealphus hacía lo mismo con Stolas, prolongando la fecha de su siguiente visita con la excusa de que hacían preparativos especiales para el cumpleaños 17 de su hermana y por lo tanto no había tiempo para sus «clases».
       Así, el día llegó y de la noche a la mañana era el cumpleaños 17 de Stella, y todos se verían una vez más para una gran y última celebración antes de empezar los preparativos de la futura boda. A petición de Stella, esta fiesta se llevaría a cabo en su propio hogar, esto como una estrategia por parte de ella para lo que tenía planeado.
       A esta fiesta asistiría toda la monarquía Goetia, fue sorprendente ver a tantos demonios en un solo lugar, el rey Asmodeus jugando a cortejar todo aquel que le dirigía la palabra. Empleado o titular. Paimon presumiendo su más reciente orden recibida por Lucifer a sus otros allegados mientras lo escuchaban con desinterés. Y toda la basura aristocrática que puedas imaginar se llevaba a cabo en ese instante.
       Un hermoso pastel blanco como la nieve, con delicados decorados negros y rosados adornaba el centro de la sala del evento. Músicos tocaban delicadamente armoniosas melodías de vals, y todo iba en perfecta armonía y orden.
       Los padres de Stella mientras tanto entretenían a Crocell y le hablaban de lo agradecidos que se sentían por tal oportunidad para Stella, alagando su apoyo y humildad por ellos. Crocell no se tragaba ni una palabra de lo que le decían, pero fingía demencia para mantenerlos en un falso estado de seguridad en el que los pudiera cuidar más adecuadamente sin tenerlos a la defensiva.
       Solo faltaba alguien en esta fiesta, la estrella de la noche y la razón por la que se había levantado todo este teatro.
       —Stella, amor mío. No te hacía por alguien del tipo de persona que se escabulle en las sombras de los demás para una pequeña travesura.
       —Andras, te dije que no hablaras hasta llegar a la habitación, si nos descubren es el fin.
       Stella y Andras estaban por fuera del palacio, escondidos entre las plantas del jardín mientras se dirigían a la ventana del cuarto de la cumpleañera. La cual, ella había dejado abierta de antemano en anticipación a su crimen.
       Ambos no podían evitar soltar una traviesa risa mientras entraban al cuarto de la forma más incomoda imaginada por el hombre, a culpa de tan ostentosos atuendos que portaban por la ocasión.
       Andras portaba un atuendo militar de la época de hace mil eternidades, cuando se había librado la primera guerra con Dios. Un tesoro familiar que conservaba de su bisabuelo Bael, quien ayudó en la misión final que asesinaría de una vez por todas a Dios padre, Dios hijo y Espíritu santo.
       Stella traía consigo un hermoso vestido negro que a la luz de la luna infernal mostraba un tenue tinte escarlata brillante, con un escote llamativo hasta para las mentes más puras y a la falta de mangas, unos guantes del mismo tono que le llegaban hasta los codos.
       Al escalar la ventana Stella aterrizó sobre Andras, y entre murmuradas risas se levantaban y corrían a su cama.
       —Si supieras el tiempo que he esperado esto, amada mía.
       —Todo a su tiempo. Hay algo que debo decirte primero.
       —Estoy seguro de que puede esperar. —Respondía a la vez que se abalanzaba hacia Stella, besando su cuello y pico una y otra vez sin ser correspondido—.
       —Andras, por favor. Esto es algo que debes saber.
       —Dímelo mientras te hago mía, querida Stella. —Andras seguía insaciable acostando a Stella a la fuerza sobre la cama mientras ella trataba de empujarlo para mantener la distancia—.
       —Entiende Andras, me casaré con Stolas. —Dijo Stella tan rápido como pudo antes de que la volviera a silenciar con otro beso—.
       Mientras Andras estaba desconcertado por lo que escuchó, Stella continuó hablando mientras por fin se lo quitaba de encima y nuevamente se sentaban en la orilla de la cama a platicarlo.
       —Paimon llegó hace unos días al palacio a preguntar sobre cómo iba mi relación con Stolas, porque hace siete años se había arreglado mi matrimonio con él, pero mis padres nunca me lo dijeron.
       —¡Pero esto es inaudito! Si ya nos tenemos el uno al otro.
       —Lo se querido, pero si no hago esto es seguro que matará a mis padres y seguramente a ti también. Por eso quería que esta noche fuera tan especial, ya que te pido y te imploro que, por favor, después de hoy no vuelvas a verme. Si te llegara a pasar algo, jamás me lo perdonaría. Y por favor abandona esas ideas de poder, te prometo que tan pronto yo sea princesa te tendré a mi lado y entonces volveremos a vernos y planear una nueva vida.
       —¿Y ser el plato de segunda mesa? ¿De ese... bueno para nada? Yo nunca te dejaré Stella y mucho menos mis planes de destrozar esta tonta monarquía. Así deje de ser un Goetia, haremos una nueva familia.
       —Por favor, amor. Hazlo por mí.
       —Me pides un imposible, yo seguiré a tu lado siempre. Hasta mi último aliento. Eres la flama infernal que quema en mi pecho en las noches más frías. Y mi esperanza en las penas más oscuras.
       —Mi amado Andras...
       Stella por fin se volvió a besar con Andras. Fue un beso de dolor y agonía mezclado con amor y desvelo. Un beso tan apasionado, que las palabras eran pocas para describir las sensaciones que sentía Stella en ese momento, sabiendo que sería probablemente la única vez que podría estar de esta forma con él por el resto de su vida. Poco a poco el beso se hacía más y más intenso como el fuego en el que arde un Fénix mientras ambos sucumbían a las emociones del momento y comenzaban a desnudarse el uno al otro. Sus manos tocaban sus cuerpos desnudos de arriba abajo, sintiéndose mutuamente como un par de ciegos que a falta de su vista deseaban ver mediante el tacto todo lo que tenían en frente. Sus corazones latían intensamente mientras empezaban a coordinarse como dos gotas de agua que caían de la misma llave. Las prendas yacían aventadas como si fuesen harapos y las ropas de la cama pasaban a ser mera sugerencia por culpa de sus salvajes movimientos. Gemidos de placer salían de Stella cada vez que Andras encontraba un nuevo lugar en su cuerpo que no había besado aún. Y esto a los oídos de su amante solo le decían que deseaba más, y que era solamente de él esa noche.
       Poco a poco la flama se hacía más intensa mientras Andras practicaba el sexo oral más exquisito sobre ella, comiendo cada parte hasta que quedara seca y humectada en su lugar por su saliva. A cambio el cuerpo de Stella le pedía más mientras físicamente se le veía palpitar exigiendo que continuara, a lo que Andras con su sangre de soldado obedeció sin chistar.
       Y como era costumbre, del otro lado del palacio estaban Stolas y Andrealphus discutiendo sobre los desenlaces recientes en sus vidas y sus estudios. Andrealphus fingía poner atención mientras Stolas hablaba sin parar de una cosa o de otra.
       Durante los días anteriores, Andrealphus había planeado usar la fiesta de su hermana para planear su estrategia final por quedarse con Stolas, y quedarse él con el poder.
       Stolas tenía ya tiempo construyendo emociones por Andrealphus más que por Stella, solo necesitaba un pequeño empujón para tomar el paso siguiente.
       —Y un juego humano que descubrí que es muy curioso, es que toman un numero al azar, y si es par lo dividen entre dos y si es impar lo multiplican por tres y restan uno, repites el proceso con el resultado de la operación. Lo inventó un tal Collatz o eso los escuché decir. El punto es encontrar un número que no claudique al llegar al 1, ¡Pero es imposible! Una pena que en unos años terminaran en guerra. Los humanos son tan creativos.
       —Entonces, ya dominas el uso de tu Grimorio, tan joven y ya cumples tus tareas de Goetia. —Le seducía Andrealphus con palabras de aliento—. Un brindis por esto.
       —¿Y Stella? Mi padre seguramente querrá ver el estado de nuestra relación ahora que en un año estaremos casados. —Preguntó Stolas mientras bebía—.
       —Stella debe estar por allí siendo el centro de atención como acostumbra.
       Y bien si era el centro de atención, pero de una sola persona.
       —Andras, déjame sentirte, quiero recordar la sensación de tu cuerpo contra el mío antes de no volverte a ver.
       Ambos seguían su acto carnal mientras la luz de la luna penetraba a través de la ventana e iluminaba el cuarto oscuro donde solo se veían dos sombras jugar a tocarse y amarse, dos cuerpos que como si mañana fuesen a desaparecer, aprovechaban el momento para complacer sus deseos.
       El infierno nuca había visto un amor tan genuino entre dos demonios, haciendo sacrosanta la unión de estos dos seres en carne y ser. Un pedazo de cielo en una tierra de condenados.
       Stella continuaba sus gemidos mientras Andras seguía aprovechando cada parte de su cuerpo en su totalidad, y la música de la fiesta servía como silenciador evitando que estos se escaparan por la puerta principal advirtiendo a los incautos.
       Incluso al llegar a la penetración, Stella estaba completamente extasiada mientas una rebelde lagrima salía de su ser. Disfrutando lo que sabía sería la única mejor noche de su vida y entregaba su primera vez; a su primer amor.
       El cálido interior de Stella era suficiente para volver loco a Andras que mostraba su éxtasis con los sutiles gestos de su rostro, mientras que Stella sonreía entre traviesas lagrimas a su amado, sosteniéndose de su cuello aun cuando se encontraba reposando en la cama. Cruzando tus piernas contra el cómo deseando que nunca se fuese.
       Del otro extremo del palacio, Andrealphus continuaba poco a poco emborrachando a su cuñado, Stolas cada vez perdía más la conciencia lógica y daba lugar a su conciencia emocional.
       —Stolas, mi pobre Stolas. Tan mal que te ha tratado la familia, solo por tu clara superioridad. Pobres tontos los que se niegan ante tu poder.
       Andrealphus se dedicaba a alagarlo mientras poco a poco lo tocaba seductoramente. Y Stolas que peleaba entre estar o no nervioso con los avances de Andrealphus, trataba de calmarse con más alcohol, consiguiendo el efecto contrario.
       —El ruido de toda esta gente y la música me tienen harto, ¿A ti no, Stolas? Vamos a mi alcoba, a descansar de toda esta falacia.
       Y ambos se dirigieron a la habitación de Andrealphus, que por si faltara poco, estaba camino a la de Stella. Fue obra de un milagro que pasara por desapercibido el intimo escándalo de los dos mientras ellos se dirigían a su destino.
       Al entrar a la habitación, Andrealphus le quitó a Stolas su saco y capa y las colgó en el perchero; y al cerrar Andrealphus la puerta, Stolas se dio la vuelta inmediatamente y acorraló a su cuñado contra esta.
       —Oh~ Stolas, al fin muestras tus verdaderos colores.
       Sin responder una sola palabra Stolas empezó a besar a Andrealphus salvajemente mientras con sus piernas separaba las de él. Y con una mano alzaba una de ellas para tomarlo de su nalga.
       —Mi Stolas, has guardado tanto estos sentimientos que no puedes controlarlos ¿Verdad? Tantos estudios donde apenas abrías los libros nada más para tener mi exclusiva atención.
       —Andrealphus, yo...
       —Silencio mi bello príncipe, se lo que necesitas.
       Andrealphus entonces ayudó a Stolas a toquetearlo mientras el también hacía lo mismo. Acariciando al príncipe del pecho a la cintura y bajando lentamente a su entrepierna, mientras sentía como poco a poco se hacía presente una erección. A Stolas le costaba contenerse cada vez que sentía las cálidas manos de Andrealphus tocando su pene a través de la ropa. Empujando su cadera hacia él cada que lo hacía como si a través de esta lo intentara fornicar.
       Los besos eran cada vez más lascivos con forme pasaban los segundos, el borracho estado de ambos les hacía moverse de forma descoordinada a través de la habitación, tirando las cosas de los muebles hasta que por fin dieron con la cama.
       Andrealphus calló sobre Stolas mientras se seguían comiendo el uno al otro a besos efímeros pero violentos. Y se desnudaban el uno al otro con la misma violencia que dos animales peleando por despellejar al otro.
       —¿Cuánto tiempo estuviste esperando para tenerme? Dime cuantas noches soñaste con mi cuerpo, mi amado príncipe. —Le susurraba Andrealphus al oído—.
       Ya desnudos, sus penes se tocaban y rozaban constantemente mientras Andrealphus seguía seduciendo a Stolas y Stolas se seguía aferrando a él.
       Andrealphus no sentía pena alguna mientras que la vergüenza se comía la conciencia de Stolas, acariciando su pene contra él suyo o con una mano, jugando traviesamente con este. Aunque pareciera que Andrealphus era el que disfrutaba jugar con Stolas y su estado de ebriedad, era Stolas el que; si fuera comparable, en realidad sacaba mayor partido a la situación, al fin desenfrenando sus emociones y pasiones que tanto tiempo tuvo ocultas por mantenerse al margen de lo que su título le permitía. Y lo que su padre aceptaría.
       La fuente de emociones embotelladas en Stolas al fin estaba abierta y no daría cuartel.
       Al mismo tiempo, del lado de la otra habitación –Stella se encontraba montando a Andras moviendo sus nalgas de arriba hacia abajo, de un lado hacia el otro. Asegurándose de sentir cada posible sensación junto con él. Y como si fueran dos actores, actuando la misma escena, de vuelta con Stolas y Andrealphus. Stolas ya estaba penetrando agresivamente a su futuro cuñado. 
       Uno sería capaz de imaginarse una delgada línea negra separando ambos cuartos, partiendo por el centro la escena de forma vertical mientras que de cada lado se encontraba una de nuestras parejas que disfrutaban de sus placeres de las mismas formas y los mismos ritmos, las mismas posiciones. La exactitud y precisión de sus actos idénticos era casi poética. Al punto cómico de que incluso; Andras y Stolas, terminaron al mismo tiempo, complementando a sus parejas hasta el último orgasmo pasional y de exótico deleite.
       Lo que ambos, Stella y Stolas, pensaban que sería su última oportunidad de velar por sus propios deseos y ambiciones había por fin concluido en la forma que más deseaban, con aquel que creían su corazón verdaderamente pertenecía. Y atesorarían este momento para siempre hasta que la vida les volviera a unir. En una noche de sexo, pudor y lágrimas.
       Al acercarse el final de la velada, los cuatros volvieron a la fiesta como si nunca hubieran abandonado el lugar. Pero había alguien qué si se había percatado de todo, y que se aseguraría de recordarles su lugar en los Goetia –y que las cosas se debían hacer a su modo, o no se harían.
       Este último año sería eterno para los dos. Las visitas de Stolas a Andrealphus se habrían intensificado durante los primeros meses después de la aventura, pero Andrealphus le negaría la mayor parte de sus avances, aumentando nuevamente la tensión sexual que sentía Stolas en un estado constante, esto dándole excusas rebuscadas que a él no le quedaba de otra más que aceptar. La estrategia de Andrealphus era clara, aprovechar las necesidades de Stolas para mantenerlo alejado de su hermana así fuese solo en adulterio, algo que también sería un deleitante fetiche para él. Durante las reuniones de ambas familias para los preparativos de la boda serían las únicas oportunidades que tendría Stolas de poder continuar explorando su sexualidad con su futuro cuñado; y no tardaría en identificar ese patrón. Mientras tanto su relación con Stella era cada vez más superficial y rocosa, solo interactuando lo absolutamente necesario para aparentar.
       Durante este tiempo, un problema de alcohol que cargaba Stolas desde unos años atrás se haría más presente, apuntando a que si ocurría la boda –sería un milagro.
       El plan de Andrealphus funcionaba a la perfección. Y aprovechaba esta debilidad del joven Stolas para incrementar las ya existentes tenciones entre él y Stella. Lastimosamente Stolas estaría demasiado ebrio o en resaca para darse cuenta, mientras Andrealphus le seguía dando cariños y cuidados como tapadera de sus genuinas intenciones pútridas.
       Andras seguiría buscando a Stella incontables veces, y aunque ella se hacía la de la vista gorda cuando intentaba tener un avance con ella, el dolor de dejarlo le era insoportable –por lo que llegaron a un estilo de acuerdo y horario donde podrían verse; tal vez no íntimamente como deseaban, pero si de una manera que les permitía socializar como si se tratara de cualquier otra cosa. Esto serviría también como cubierta para la verdad, ya que eran tan unidos; una separación repentina hubiera levantado sospechas a más de uno. 
       Y en ciertas oportunidades, en el abrazo de la noche se verían una vez más. Para recordarse su amor por el otro mientras volvían a unir sus picos a la luz de la luna.
       Al pasar de los meses se aproximaba la boda, en la habitación de Stella yacía un vestido de bodas hermoso, una tela negra casi transparente con bordados hechos a mano con forma de estampados de rosas negras formaba la parte de las mangas y con un hermoso moño metálico de un oscuro rojo quemado se unían en el cuello del maniquí donde se encontraba. Un corsé rojo vino con un enorme listón negro en el centro superior del escote y bordados color granito acentuaban la base superior e inferior de este, de la base como largos pliegues de tela salía la copa del vestido del mismo rojo que llegaba hasta el suelo y dejando una cola detrás, mientras que otros pliegues negros salían por debajo y en medio hacia el frente. En las muñecas del maniquí había dos pequeñas pulseras similares a la tela estampada que completaban el juego. Unos tacones de seda negra acompañaban a un lado y en una cabeza de madera un velo negro semitransparente descansaba.
       Stella debía dedicar su tiempo cada vez más a la boda y a la burocracia. Haciendo que extrañara más y más la compañía de Andras, y esto se empezaba a notar mientras sufría de un pésimo humor que solamente desaparecía cuando él estaba cerca. Esto rápidamente empezaba a molestar a la persona incorrecta.
       A unos días de la boda, Stella y Andras se verían una última vez en su alcoba, la misma que los vio finalmente unirse como uno en verdadero amor, sería también el lugar de su última despedida. Pero algo no cuadraba, pues se le hacía tarde para aparecer. La noche avanzaba y el sueño empezaba a caer en ella, pero no se rendía ante él esperando a su amor. Stella numerosas veces se asomó por su ventana buscándolo de un lado a otro mientras clamaba su nombre en secreto
       —Andras, ¿Dónde estás Andras? ¿Dónde te encuentras que no te veo?
       De repente una forma oscura se formaba detrás de Stella.
       —Este no es tu libro, Julieta.
       Stella se petrificó y abrió los ojos por completo, su corazón dejó de latir por un instante y el aire abandonó su cuerpo en su totalidad. Esa no era la voz de Andras. Y mientras volteaba lentamente para ver de frente a quien le habló, la voz continuó.
       —Creo que nunca fui lo suficientemente claro con mis instrucciones.
       —P-P-Paimon... —Finalmente dijo Stella tratando de volver su compostura—.
       Paimon se encontraba en las sombras de la habitación oscura, su silueta era una amalgama oscura terrorífica en la que solo se podían ver un par de ojos rojos tétricamente iluminados. Mientras caminaba hacía la luz de la luna su cuerpo iba tomando la forma natural de su ser.
       —¿Me puedes recordar la instrucción que di? Seguro conoces las consecuencias de desobedecer.
       —N-no sé de qué hablas. Mi boda sigue su curso. Nadie te ha desafiado.
       —¿Y ese tono de voz no es desafío suficiente? Mocosa insolente.
       Paimon alzó una mano hacia ella y una oscura fuerza la empezó a someter, obligándola a arrodillarse ante él, agachando la cabeza. Cosa siguiente, Stella vio caer lentamente frente a sus ojos una pluma ensangrentada, estaba casi destruida, pero se podía ver su color original.
       —Andras ya no será un problema, y espero que tú tampoco lo seas.
       El rey se aproximó a Stella y la tomó del mentón alzando su mirada mientras él se agachaba a verla a los ojos con una mirada penetrante y atemorizante que intimidaría hasta el ser más valiente.
       La mirada de Stella estaba destrozada, pero ni todo el terror del mundo dejaría que él lo viera. No pensaba darle esa satisfacción.
       —Nunca lo fue, su alteza.
       Paimon no se tragaba ni una palabra.
       —Sabes, él clamó tu nombre al morir. Pobre incauto, aparentemente tenía todo un plan para acabar conmigo. Tenía esto entre sus cosas. Que sea un recuerdo de lo que pasa si intentas salirte de la regla.
       Paimon se alejó de Stella y dejó caer algo en su cama. Era un estuche largo, al impacto se abrió por sí solo para mostrar que dentro tenía un arma. Un arma única que tenía el poder para matar a la realeza. Mientras Stella se le quedaba viendo al arma, Paimon volvía a acercarse a Stella, obligándola a ponerse de pie con su magia.
       —Sinceramente, con lo estúpido que puede ser mi hijo, creo que pudo tener más éxito matándolo a él. Hubiera muerto de todas formas, pero podría dejar de preocuparme por ti y tu estúpida familia. Y sobre todo por él. —Paimon continuó su relato—. Aparentemente, su plan principal era robarse el anillo de Asmodeus. No sé qué le hizo cambiar de idea, a intentar asesinarme; pero se lo agradezco, pues de otra forma no hubiera podido castigarlo yo mismo. Asmodeus es demasiado benevolente a comparación conmigo, lo hubiera transformado en un incubo o alguna otra estupidez. Debiste escucharlo gritar mientras el fuego arrancaba su piel, gritaba tu nombre y cuánto te amaba. ¿Sabías de la magia curativa? Es una bendición realmente, permite las torturas ir por siempre, experimentar nuevas formas de divertirte con tu presa.
       Paimon empezó a tocar el rostro de Stella como analizándola, la tomaba del mentón con fuerza mientras la hacía ver a los lados como parte de su inspección. Seducido por su belleza y sin dudar un momento en aprovechar su posición de poder –comenzó a besar su cuello lascivamente.
       —Lo correcto sería matarte a ti también por cómplice, pero mi hijo necesita esposa; y siendo que tu única cualidad redimible es tu belleza... sería un desperdicio.
       Stella quería soltarse, pero la magia de Paimon era demasiado fuerte para ella, y no le permitía moverse a menos que el así lo quisiera.
       Lagrimas empezaban a salir de sus ojos mientras Paimon probaba su cuerpo con cada beso, y la tocaba por completo mientras se encontraba petrificada frente a él. Stella quería gritar por ayuda, pero el temor a que le hiciera más daño la silenciaba por completo.
       Paimon besaba también su boca, aun cuando ella no correspondía. El beso mezclado con sus lágrimas daba a Paimon el sabor de su dolor mientras comenzaba a desnudarla. La escena ahora era completamente diferente a lo que había vivido meses atrás.
       Stella se sentía cada vez más desesperada conforme iba perdiendo sus prendas, su cuerpo entero empezaba a temblar del miedo que inundaba su ser. Y Paimon disfrutaba de cada instante de su desesperación, como si repartiera un castigo equivalente al que; según él, ella merecía.
       Al encontrarse desnuda frente a él, Stella cerró sus ojos mientras trababa de fingir que no estaba allí, que no se encontraba sin esperanzas atrapada en la fuerza de un ser maligno que la desnudó y ahora aprovechaba su vulnerable cuerpo. Fingía no sentir sus manos tocarla en la cintura, en sus pechos. Fingía no sentir su frío pico contra el suyo y fingía no sentirlo a través de su piel.
       Con sus ojos cerrados, Stella trataba de ir a algún lugar feliz que le diera las fuerzas suficientes, pero solo podía recordar a su bello amor. Sus pláticas y sus momentos de verdadero amor. Recordaba el día en el que se conocieron y los días siguientes donde se cultivaría su amor por él. Sus primeras citas secretas donde a la vista de todos aparentaban ser simplemente cercanos amigos mientras que a sus espaldas se declaraban su mutuo amor. Recordaba la sensación de su pico y calor de su pecho, se esforzaba como nunca en su vida para reemplazar las cosas terribles que estaba viviendo, por las de aquellos días donde quien más amó le recordaba que había algo más a la vida que solo títulos y política.
       Paimon dejaría caer su pantalón y trusas, preparado para continuar su desagradable acto sexual, violando a Stella una y otra vez conforme la noche continuaba.
       Después de un par de horas que le parecieron una eternidad, Paimon se marcharía con una última advertencia.
       —Trata de no humillarte más, y sirve a los Goetia como se te ha ordenado.
       La noche pasó mientras Stella por fin podía soltarse a llorar. Y abrazaba su desnudo y profanado cuerpo en esperanzas muertas de que solo fuera un mal sueño, y que al despertar estaría Andras a su lado, cuidándola como siempre lo hizo. Como le prometió que lo haría.
       Pero nadie vendría, nadie despertaría de ese sueño. Pues no había quien pudiera venir o un sueño del cual despertarse.
       Stella estaba finalmente sola, y debería vivir con un secreto que la atormentaría por el resto de su vida.
       Pero algo es seguro, había aprendido la verdad de ser parte de los Goetia, y de lo que pasaría si volvía a desobedecer las ordenes de Paimon.
       Al llegar el día de la boda, tendríamos en el altar a una Stella completamente diferente, sin emociones, con una mirada estoica y fría. Acompañada por un Stolas con la misma expresión. Ambos consumarían su matrimonio, y el ciclo de la jerarquía Goetia continuaría su rumbo como siempre debió ser.
       Como es tradición, inmediatamente después de que el matrimonio fue consolidado, la intimidad con Stolas; aunque decadente de emoción o intención, fue llevada a cabo al menos una vez a la semana, hasta que –en palabras de Stella «Un huevo salió de ella y pudo dejar de pretender querer cogerse a ese imbécil».
       Stella siempre vio con odio a Octavia, que llevaría ese nombre en honor a su abuela; madre de Stolas. Y dejaría las tareas paternales a su esposo, mientras ella se encargaría de las relaciones públicas del matrimonio que tanto deploraba él.
       Por mucho tiempo Stella deseó siempre llevar a cabo su venganza. Conservando el arma de Andras como una memoria eterna de lo que debía hacer si un día quería recuperar lo que le fue arrebatado aquella noche.
       Con el tiempo conocería a un mercenario llamado Striker en uno de sus viajes aristocráticos por el circulo de la ira. Su compartido odio por la realeza y los burócratas les hizo encajar en un instante.
       Llegarían al acuerdo de que él; como pago por sus servicios a capricho de ella, se quedaría con el arma y la usaría para eliminar a quien fuese necesario. Y el primer objetivo sería Paimon, quien durante una reunión en el círculo de los traidores; el último de todos los círculos del infierno finalmente vería su final. Dejando un trono vacío y un agujero en su corazón, pues aún con él muerto, su esposo sería un diario recordatorio de lo que pudo ser.
       De esa forma, y durante los siguientes 17 años, Stella cumpliría el papel que se le fue dado, haciendo a sus padres orgullosos y dejando a su familia en lo alto de la honradez Goetia.
       Todo había salido como debía salir, y pasado como debía pasar. Al solemne precio de la vida de un amor; que, prohibido por el destino, nunca vería su feliz final.
       
       ***
       
       Volviendo a nuestro tiempo actual, Stella había vuelto a su palacio.
       Caminó en silencio a su habitación, se asomó por la ventana una última vez y se recostó a dormir.
       La oscuridad de la noche fue cediendo al tiempo mientras oscurecía la escena, mientras la luz de la luna viajaba una última vez por la habitación que había sido testigo de tantas desgracias.
       Finalmente, Stella se puso a descansar, con la esperanza de no tener que mañana despertar.
       Es entonces que te pregunto lector, ¿Es justificable pecar cuando pecaron contra ti en primer lugar? Cuando la vida no deja de darte bofeteadas y escupirte en la cara, ¿No es justo devolver la mirada? ¿Pagar con la misma moneda?
       ¿Qué dicta en nosotros los humanos realmente el borde de lo que es el camino justo y el camino correcto, en contraste del camino del mal y la perdición?
       Y en un mundo dónde el pecado es ley, ¿Está todo justificado? ¿Es acaso esta la verdad absoluta?
       ¿Y en que nos separamos nosotros de estos seres oscuros cuando en busca de nuestros deseos y ambiciones somos capaces de peores atrocidades?
       Cuando el corazón puro de una niña que se vuelve jovencita porque su vida así lo dictaminó, solo queda culpar al sistema que le obligó a tomar este camino; o a ella por no ser lo suficientemente fuerte para luchar contra este.
       Pero perdemos de vista que en esta vida no hay culpables, somos todos víctimas de las circunstancias en las que nos ha tocado nacer.
       Ahora el tiempo continúa y las costumbres cambian, lo que antes era bueno ahora es malo y viceversa.
       La búsqueda de la virtud no se detiene por nada en este mundo de los vivos, y quizá nunca lleguemos a ella. Pero lo seguiremos intentando, el camino continuará.
       Solo queda esperar a ver que nuevos caminos quedan por recorrer, y recorrerlos esperando no perder en el camino nuestra identidad, nuestro ser y nuestras creencias.
       Y revisar las consecuencias de nuestros actos.














A escuso



       Stolas había vivido una vida que nunca fue suya. A pesar de que desde niño se le enseñó que su existencia era de los Goetia y para los Goetia, sus libros le mostraban las historias y las aventuras de gente que luchaba contra lo establecido, y conseguían su independencia, vivían sus propias aventuras y cumplían sus sueños.
       Pero Stolas no tenía sueños propios, si acaso; soñaba con vivir las aventuras que leía en sus libros y constantemente comparaba su situación con estos héroes y heroínas. Sin embargo, Stolas siempre obedeció las ordenes que recibía sin chistar, de alguna forma creía que solo debía esperar a ser mayor y podría dejar ese mundo atrás, sin necesidad del conflicto o rebeldía que tanto plagaban sus lecturas.
       Con el pasar de sus primeros años, Stolas se había convertido en un niño digno del nombre Goetia, aunque su inocencia nunca lo abandonaba, constantemente tropezando con la línea que dividía su estatus social con el de los demás. Siempre vio a los empleados del castillo como parte de su familia, y a los plebeyos como gente que cuidar y amar. Él era claramente un demonio que, aunque consciente de su naturaleza, veía la necesidad de mostrar un cierto trabajo en equipo con las otras creaturas. Para el no existía tal cosa como el clasismo o la segregación.
       Aun cuando no entendía muchas cosas que sus padres le explicaban sobre la realeza y la muchedumbre, él se esforzaba por compartir sus bendiciones con quien se dignara a escucharlo.
       Tristemente, él estaba excluido de la socialización que no fuese estrictamente obligatoria –y peor aún, que fuese fuera de las esferas familiares, por lo que las oportunidades; aunque las hubo, eran pocas. Muchas veces quienes le prestaban oídos era el mayordomo a cargo de él o sus plantas que cuidaba en su jardín.
       Pero eso nunca lo detuvo de seguir intentando, y seguir buscando alguien con quien hablar. Como después le contaría a Blitzo durante su cumpleaños el día que lo conoció, «Lo siento, nunca tuve un amigo con quien compartir mis libros.»
       Pero como la mancha de aceite que nunca se quita, o como dice la frase, hierba mala nunca muere, las costumbres de Stolas se quedarían grabadas en su ser para siempre.
       Y aunque no volvió a ver a Blitzo por muchos años, el haberlo conocido crearía en él una pequeña semilla de valentía que le ayudaría a seguir intentando encontrar a alguien que quisiera ser su amigo, y al tener que relacionarse ahora con la familia de su futura esposa; esa semilla daría frutos lentamente, pero con certeza de éxito. O eso es lo que parecía suceder.
       Stella era una niña que con los demás era muy agresiva, y solo podías obtener un minuto de su tiempo a base de halagos y cumplidos. Y, aun así; solo el suficiente para que ella te dijera lo cierto que era aquello que declarabas. Sin embargo, esto nunca le funcionó a Stolas por un pequeño factor que él desconocía, su padre Paimon.
       Paimon al ser el mayor lambiscón de Lucifer; constantemente deseaba mantenerlo feliz con su reinado. Y para él, eso significaba tener en orden a todas las familias en los Goetia, y asegurarse que no se pasaran de la raya. Para esto tenía que constantemente también ocultar las acciones de los otros reyes y duques, y a veces esto envolvía lidiar con sus respectivas familias. Una de éstas siendo la de Stella, ya que su abuelo era un constante peso en la espalda, pero al mismo tiempo un cercano amigo, ya que, así como Paimon ocultaba las atrocidades de Crocell y sus superiores directos, él distraía a otros reyes de lo que él hacía para satisfacer las demandas de Lucifer, arreglando así el matrimonio con su nieta, en forma de pago por tantos favores. Paimon era muy hábil en el arte de la aristocracia, y sabía manejar a la perfección la balanza de poderes entre los reyes, duques, marqueses y así sucesivamente. Si la realeza fuese un tablero de ajedrez, Paimon sabía mover cada pieza a la conveniencia de su señor.
       Stella y Stolas no podían si quiera empezar a percibir una idea de lo que esto significaba, pero entendían lo que representaba para ellos. Y para Stella representaba el sufrimiento constante de su familia y un abuso del poder e influencia de Paimon.
       Pero había alguien un tanto mayor que comprendía mejor las cosas, Andrealphus, el hermano mayor de Stella. Desde niño y antes de que naciera ella, ya veía eso constantemente suceder no solo con él, si no con los demás marqueses, algo que le hizo cultivar un odio a su impotencia y carencia de autoridad frente al alta alcurnia.
       Andrealphus se encargaría de educar a su hermana en estos detalles con forme crecía, y de esta forma fomentar este odio.
       Así que cuando Stolas empezó a ir tras su hermana, la flama del odio se llenaría una vez mas de fuerza. Pero Andrealphus había crecido en un ser astuto y manipulador, y sabía que tendría la mejor oportunidad de hacerse con lo que el más quería a través de él.
       Alguien que había visto esta cualidad en él fue su tío Asmodeus, que lo acogería bajo su tutela para volverlo un temible demonio. Y que también tenía cierta rivalidad con Paimon, por lo que sería su guía para obtener su propia venganza.
       Con tanto odio mutuo entre todos y sobre todo contra el padre de Stolas, uno creería que habría muerto hace mucho, pero algo que es peor que la muerte para un demonio es la humillación. Y sabían que no había otro demonio más aterrado de esto que Paimon. Esto en un futuro sería lo que permitiría a Stella llevar a cabo su venganza, pues fue unos años después del matrimonio con Stolas, que Paimon cruzó una línea que no debía cruzar. Que de hecho él mismo no quería cruzar.
       Sucede que Lilith, la esposa de Lucifer, tenía una vida por fuera de los ojos de su marido. Lilith, conocida por muchos como la femme fatale, era conocida así por su rebeldía. Quien una vez fue la primera mujer de Adán, se reveló contra Dios y se fue del edén. Se dice en el antiguo hebreo que ella era conocida así por constantemente meterse en amoríos con otros hombres; siendo bíblicamente la primera mujer libre. Y como parece costumbre en este mundo y esta historia, Paimon no sería la excepción en el exquisito paladar de la reina.
       Aunque Paimon por su respeto y temor a Lucifer, haría lo imposible por no dejarse cultivar por sus encantos.
       Esto molestaría a Lilith de tal manera que inventaría su amorío con él, y sería lo suficientemente astuta para que Lucifer se lo creyera. Dando así la mayor traición a lugar después de Judas Iscariote vendiendo a su salvador.
       Paimon, derrotado moralmente por esto, sería lo suficientemente imprudente para cortejar a Stella a asesinarlo con el arma de su antiguo amor, Andras. Pues como se había mencionado, para Paimon, ni la muerte era peor precio que la humillación total. Así pues, en el último circulo del infierno, daría una reunión donde se dejaría ver públicamente ser asesinado, y evitar que la gente chismosa inventara historias de un penoso suicidio.
       Así pues, volviendo a nuestra historia –Andrealphus también tenía sus metas y planes para alcanzar el poder.
       Y de esta forma, Stolas empezaría su amistad con Andrealphus, mientras el fingía ayudarlo a amistar a su hermana.
       Pero Stolas al ser muy joven e inocente no se daría cuenta a tiempo de las intenciones de tan súbito crecimiento de interés en él. Él simplemente vería como por fin –sin ayuda de nadie, había hecho un nuevo amigo.
       —¿Por qué te esfuerzas tanto en caerle bien a mi hermana?
       —Tengo que hacerlo Andrealphus! Me casaré con ella.
       —Pero claramente no se quiere casar contigo.
       —Por eso debemos hacernos amigos primero.
       —Mira, agradece que nos llevamos bien, ¿Sabes la cantidad de burlas que tengo que soportar de los otros marqueses por hablarte?
       —Lo siento Andrealphus...
       —Ugh, no importa. Mejor agradece que lo hago.
       La estrategia de Andrealphus era hacerle entender a Stolas que nadie más lo quería. Y no era muy difícil, pues él siempre estuvo consciente de que su poco ortodoxa forma de ser siempre fue un conflicto en lo que los demás decían de él.
       Un ejemplo de esto era su madre; Octavia, solo estaría con él un corto tiempo, ya que desaparecería de su vida repentinamente un día. Nunca supo que pasó con ella o porque lo abandonó, y una parte de él siempre se culpó a sí mismo y su forma de ser. Por no ser el demonio que otros querían que fuera. Y los demás demonios que desconocían de igual forma los motivos de esto, no dudarían en asumir que era por algo relacionado a él. Y preguntarle a su padre era inútil, pues constantemente ignoraría a Stolas preguntar por ella, por lo que al pasar de los años dejaría de preguntar y asumiría que fue su culpa. Y esto ayudaría a Andrealphus a manipularlo aún más, pues siempre estaría preocupado por perder a otro ser cercano.
       La verdad era que nunca fue su culpa. Octavia simplemente tuvo la mala fortuna de casarse con el hombre equivocado. Mientras Stolas aún era un polluelo bebé, Paimon tendría varios amoríos, y ella se daría cuenta. Esto era un riesgo para él, así que tuvo que tomar cartas en el asunto. Pero esto nunca se sabría por nadie.
       Esa difícil niñez, junto con su rocosa relación con su padre, su curiosa amistad con Andrealphus y su imposible unión con Stella irían formando su forma de ser durante su adolescencia, creciendo en alguien reservado. Aunque aún conservaba sus cualidades de bondad e imparcialidad, el volverse mayor y recibir aún más cargas y responsabilidades le quitarían tiempo para el pensamiento libre y descontrolado que tanto disfrutaba, poco a poco sucumbiendo a lo que los demás querían de él.
       La constante presión de su padre por ser un demonio a la altura, siempre tratándolo como a un niño insolente, terminaría por destruir cualquier ápice de sentimientos que tuvo por él, y cambiando el orgullo y admiración por resentimiento. Dejaría de ver a su padre por lo que es y lo vería por alguien a quien respetar y obedecer sin chistar pero que bien podría vivir sin él.
       Al crecer, también su pérdida de interés por Stella se haría notar, y con su actual estado con su padre solo empeorarían las fricciones, y empezaría a rechazar la idea del matrimonio con ella, lo cual llevaría a constantes peleas donde Stolas se encerraría en su alcoba a leer, cuidar de sus plantas y beber hasta quedar inconsciente.
       Gracias a que una parte del universo aún veía por él, siempre terminó bajo el cuidado de su mayordomo, el mismo que lo cuidó desde niño. Quien con el tiempo se volvía su confidente. Y un hombro en el cual desahogarse después de los constantes insultos y abusos de su padre.
       Stolas se había convertido en una imagen borrosa de lo que solía ser, y era tan monocromático en su nueva personalidad que aparentaba a los demás ser un ejemplo de lo que Paimon quería de otros; constantemente llamándolo ahora el favorito de Paimon. Y esa idea se quedaría en la mente de todos con el pasar del tiempo, aun cuando esto era falso; la perspectiva de los demás no cambiaría por muchos años.
       Y con Andrealphus su intimidad iría aumentando exponencialmente con su edad. Siendo su segundo punto de desemboque de emociones, Andrealphus aprovecharía para implantar en Stolas la necesidad más básica y lo que más le hacía falta. El amor.
       Al pasar de los años, Stolas y Andrealphus fomentaría más esta amistad y Andrealphus alimentaría ese amor fabricado, aprovecharía el alcoholismo de Stolas a su beneficio para en más de una ocasión incentivarlo a cultivar su lujuria.
       Culminando a sus 17, donde como una medida desesperada de Andrealphus, le daría las condiciones perfectas para desenfrenar los deseos carnales que tanto había alimentado en él, lo cual vería sus consecuencias de inmediato.
       Al Stolas haber crecido la mayor parte de su vida sin una madre, además de culparse por su desaparición, y sumando el desinterés creciente de Paimon por dignarse a educarlo pues lo veía como una causa perdida; hubo muchas cosas que no experimentó correctamente, y que ningún libro le enseñaría a identificar. Y esto era el amor.
       Stolas había cerrado su mente a la realidad de forma inconsciente, pues constantemente se veía regresando a su lugar feliz cuando la pasaba mal, esto siendo sus libros y antiguos sueños de aventura que en estos habitaban o cualquier cosa que le resultase positiva emocionalmente. Así que cuando vio que su amistad con Andrealphus había desembocado en la sexualidad, inmediatamente asumía que una era igual a la otra. Por lo que con el tiempo empezaría a querer más y más experiencias intimas con él, en una forma de verificar que Andrealphus aún lo quería; y que él era de cierta forma alguien que valía el amor de otra persona. Y para amplificar esta creencia, una vez casado; el insípido sexo con su ahora esposa, le contrastaría la diferencia entre lo que el entendería como amor genuino y el fabricado.
       Y mientras tanto, Andrealphus abusaría de esto una y otra vez. Jugando con las necesidades de Stolas; y él, indefenso por miedo a perderlo –permitiría estos abusos más de una ocasión.
       
       ***
       
       —¿Oh...? Conozco esa mirada.
       Stolas besaba a Andrealphus apasionadamente, sometiéndolo contra la pared de la habitación mientras se abrazaba de él por la cintura y lo empujaba con el coxis, como restregando su entrepierna contra la de Andrealphus. Sus besos haciéndose cada vez más intensos y pasando de su pico a el cuello y de regreso.
       —Carajo, Stolas... ¿Qué pasó ahora mi bello príncipe?
       Mientras Andrealphus intentaba interrogar a Stolas por su repentino atrevimiento Stolas seguía tocando y besando el cuerpo de su amante de forma lasciva y erótica, como queriendo fusionar su cuerpo con el suyo.
       —Déjame adivinar, ¿Otra semana de soportar a mi hermana? Ella no sabe satisfacerte.
       —Andrealphus, por favor... yo... necesito...
       Stolas seguía frenéticamente tocando a Andrealphus por todo su cuerpo, levantando una de sus piernas y acomodándola de forma que le abrazara el trasero con ella. Mientras tanto Andrealphus alimentaba la necesidad de Stolas continuando sus atrevimientos, uno tras otro.
       —Oh, se lo que necesitas... ¿Quieres cogerme de nuevo, no es así? —Andrealphus se liberó con facilidad de Stolas y continuó—. Pero no será así.
       —P-pero, creí que...
       —¿Creíste que también te quería coger? Pero por supuesto que sí.
       —¿Entonces, por qué tu...?
       —Porque es divertido, verte tan reprimido. Es adorable.
       
       ***
       
       Incluso llevando las cosas a limites que Stolas nunca quiso alcanzar.
       
       ***
       
       —Vamos, no tiene nada de malo; será divertido.
       —Lo sé Andrealphus, pero... No me siento cómodo con la idea, estamos bien... solos tú y yo...
       —¡Lo sé! Y si estamos tan bien nosotros... ¿Qué tiene de malo una persona más?
       
       ***
       
       Andrealphus constantemente haría cosas que incomodaran a Stolas una y otra vez. Y cada que sentía que perdía su interés en él, lo complacería una noche; lo suficiente para que recordara que no importa que tanto ignorara sus peticiones, «siempre tenía tiempo para él, porque lo amaba»
       Hasta que con el pasar de los años, poco a poco Stolas dejaría atrás a Andrealphus en su vida. Frecuentándolo cada vez menos –y Andrealphus esta vez no podía hacer nada al respecto, ni con el mejor sexo del infierno pudo contenerlo cuando su hija llegó a su vida. Pues Octavia se había vuelto su nueva fuente de felicidad y esperanza. Soñando poder darle algún día, la vida que el no pudo tener, y las aventuras de aquellos libros que él jamás pudo vivir.
       Pero la carne es débil, y los abusos constantes de su esposa, y el inevitable hecho de que su pequeña polluela ahora era una adolescente, lo llevarían a volver a los brazos de alguien más. Esta vez su viejo y perdido amigo, Blitzo. Quien intentando robar el Grimorio terminaría acostándose con él. Y entonces el anochecer de su matrimonio por fin comenzaría.
       Sin embargo, poco después de que esto ocurriera, la dificultad de la situación en la que se encontraba Stolas iría incrementando exponencialmente. Pues al poco tiempo de su aventura con este imp, sus pasiones homosexuales volverían a renacer; y en un momento de debilidad volvería después de mucho tiempo a los brazos de Andrealphus.
       Curiosamente, a pesar del tiempo que llevaban sin verse. Andrealphus estaba curiosamente feliz de la repentina visita de su cuñado. Recordemos que Andrealphus solo fingió querer a Stolas para obtener el puesto de su hermana y ser él el príncipe a lado de Stolas, simplemente como una herramienta para alcanzar la realeza.
       Esa noche, Stolas besó lujuriosamente a Andrealphus cuando entraron juntos en el dormitorio. Sus cuerpos se apretaron el uno contra el otro mientras sus lenguas bailaban seductoramente dentro de sus bocas. Cuando sus picos se separaron, Stolas rodeó el cuerpo de Andrealphus y comenzó a acariciar sus nalgas juguetonamente. Andrealphus jadeó suavemente, sorprendido por lo bien que se sentía. Su pene se puso rígido al instante bajo el contacto, presionando firmemente contra el muslo de Stolas mientras éste se inclinaba ligeramente hacia delante.
       Mientras continuaba besándolo, Stolas movió las manos hacia la parte delantera de sus pantalones, desabrochando lentamente los botones a medida que avanzaba. Andrealphus gimió en silencio mientras lo observaba, sin poder evitarlo. Se lamió el pico con avidez, preguntándose si se atrevería a estirar la mano y acercar a Stolas a él. El mero hecho de imaginar el sabor de la dulce piel de su amante hizo que su corazón se acelerara más y más dentro de su pecho.
       Sin embargo, antes de que pudiera hacer nada, Stolas dejó de mover la mano y se retiró ligeramente. Respiró profundamente y lo dejó salir lentamente antes de volverse para mirar directamente a los ojos de Andrealphus.
       Era como si los abusos de Andrealphus hacia Stolas en su momento, ahora se volvían contra él. «¿Qué es esto que siento?», se preguntó vacilante. «¿Por esto lo hacía pasar?».
       Por un momento, Andrealphus entró en pánico. ¿Estaba Stolas rechazándolo después de todo? ¿O se trataba de una especie de truco? ¿No podría Stolas estar mintiendo y planeando aprovecharse de él sexualmente después de todo? Seguramente no. Stolas tenía un aspecto demasiado inocente para ser capaz de algo así. Sin embargo, estaba claramente incómodo con la forma en que lo miraba, así que tal vez era el caso.
       La tensión entre los dos demonios era palpable. Ninguno de los dos dijo una sola palabra durante un buen rato después, sin saber cómo reaccionar. Finalmente, Andrealphus decidió hablar primero.
       —¿Qué? ¿No vas a hacerme nada después de todo? —Exclamó incrédulo—.
       —¡Todavía no hemos hecho nada! No saques conclusiones tan precipitadas.
       Andrealphus asintió en silencio y se mordió suavemente el labio. Deseaba poder decirle a Stolas que lo entendía, pero la verdad era que no lo entendía. No entendía cómo alguien podía resistirse a semejante tentación. Incluso ahora, su mente estaba llena de imágenes de lo que podría suceder a continuación: Stolas despojándose de sus ropas y arrojándolas a un lado, revelando un físico perfectamente esculpido debajo. Entonces Andrealphus se quitaría su propia ropa, observando ansiosamente cómo Stolas se quitaba el resto de sus prendas pieza a pieza. Finalmente, los dos demonios se tumbarían desnudos encima de la cama, ansiosos y listos para salir. Volverían a besarse apasionadamente, sus lenguas bailando al unísono mientras exploraban la boca del otro. Los dos amantes pasarían entonces a las sábanas, donde las pequeñas y delicadas manos de Stolas acariciarían amorosamente la suave piel de Andrealphus. Poco a poco, los dos comenzarían a desvestirse mutuamente, empezando por la ajustada camisa blanca de Stolas, que desprendería cuidadosamente del torso de su amante. A continuación, Stolas bajaría por el cuerpo de Andrealphus, quitándole los pantalones y la ropa interior hasta dejar al descubierto la dura erección del marqués.
       Envueltos por fin en la pasión, Andrealphus se inclinaría hacia delante y besaría suavemente a Stolas, pasando la lengua por la punta de su pene erecto. Esta vez, sin embargo, no se detendría ahí. En su lugar, continuaría lamiendo el tronco del pene de Stolas, chupando suavemente la cabeza de su miembro y provocándolo con ligeros y juguetones lametones. Luego, Andrealphus rodeaba con su pico el pene de Stolas y lo chupaba suavemente, haciendo que el joven gimiera con fuerza mientras el placer recorría su cuerpo.
       Finalmente, Andrealphus deslizó su boca por completo sobre el pene de Stolas, rodeando con sus brazos la cintura del príncipe mientras lo chupaba. Pronto, los dos amantes alcanzarían su punto álgido, gimiendo fuertemente mientras Stolas se corría del placer. Después, Andrealphus soltaba el pene de Stolas de su boca y jadeaba, con la cara enrojecida. A continuación, volvería a besar profundamente a su amante, con sus lenguas entrelazadas mientras compartían el orgasmo más intenso de sus vidas.
       Excitado todavía, Andrealphus se postraría en la cama alzando su cola y trasero a la vista de Stolas, invitándolo a continuar su violenta pasión con su cuerpo. Stolas no dudó ni un segundo, acercándose a él, admirando la vista que le ofrecía mientras Andrealphus se masturbaba a si mismo esperando a Stolas.
       Y aceptando la invitación comenzó a penetrarlo en su cloaca, empezando lentamente mientras Andrealphus empezaba a mover su cadera al ritmo de las embestidas de Stolas. Andrealphus gemía delicadamente con cada movimiento mientras a momentos lo volteaba a ver; y miraba a un príncipe de mirada estoica que poco a poco se rompía con el placer que el sentía dentro de su amante, sonrojándose cada vez más mientras el sometido Andrealphus estiraba sus manos tratando de sostenerse de la cama; jalando las sábanas con sus garras.
       Pero Stolas no estaba aún del todo complacido, a ratos sacando su pene de Andrealphus y tentándolo con meterlo en su cloaca.
       Andrealphus sin embargo invitaba esta acción, empujando contra su pene cada que lo sentía cerca. Pero Stolas no lo hacía, como sabiendo que era lo que él quería; se lo negaba, así como él alguna vez le negó las cosas. Y volvía a penetrarlo, una y otra vez. A momentos y darle sabor al acto sexual –Stolas a momentos metería uno o dos garras en la cloaca de Andrealphus a la vez que lo penetraba. Esto provocaba en el marques un indescriptible placer que lo hacía suplicar por más entre gemidos y gritos.
       En un momento Stolas le ordenó que se volteara, y Andrealphus obedeció, quedando uno frente a otro, entonces alzando sus patas y sosteniéndolas en sus hombros; Stolas continuó la penetración mientras Andrealphus trataba de contener sus ya incesantes quejidos, que eran tan constantes al punto que lo dejaban sin aire una y otra vez. Pero la falta de la atención que le solía dar era demasiada, y le era imposible controlar el deseo que sentía por hacer esa noche eterna.
       Esa noche tomarían varias posiciones a petición de Stolas y a la creatividad de Andrealphus, mientras en más de una vez uno o el otro se corría en un orgasmo placentero.
       Hubo ocasiones en las que Andrealphus quiso tomar el rol de Stolas y ahora ser el quien le daría placer; pero Stolas le dejaría en claro una y otra vez con sus violentos tratos que esa noche quien se divertiría sería el príncipe Goetia.
       Esto, aunque en contra de las intenciones de ese momento de Andrealphus, no lo molestaba. Y hasta de cierta forma ver a alguien quien en un momento era visto como gentil, dulce y amable, se tornaba en una bestia insaciable que no se cansaba de hacer su cuerpo un juguete para su placer.
       Andrealphus se sentía en las nubes. Descubriría que su posición favorita y la única donde Stolas le daría un aire de poder era cuando él estaba arriba. Pudiendo ver al príncipe con la mirada hacia abajo mientras montaba su miembro salvajemente.
       Esto continuaría hasta que ambos quedaron exhaustos y rendidos, cubiertos de la evidencia de un amorío prohibido y completamente inhabitado por genuino amor. Solo el pecado de la lujuria y la necesidad de dos seres de volverse uno.
       A la mañana siguiente, Andrealphus acariciaba el pelo de Stolas con ternura, sintiéndose cálido y confuso por dentro mientras miraba a su amante. La pálida piel de Andrealphus brillaba en la suave luz de la habitación, haciéndola parecer casi luminoso. Stolas se sintió abrumado al pensar que estaba compartiendo la cama con una criatura tan hermosa. No podía creer que alguna vez hubiera dudado de los sentimientos de Andrealphus por él; seguramente, su amante debía quererlo tanto como él. Ese pensamiento hizo que el pico de Stolas sonara, y volvió a besar a Andrealphus.
       Sin embargo, el beso terminó pronto, cuando Stolas se dio cuenta de que ya no llevaba ropa, y que seguían cubiertos de semen seco. Se sonrojó, avergonzado por la visión. Un súbito golpe de conciencia volvía a él y llenaba su mente de dudas y desconcierto.
       —Oh, vamos. ¿Qué pasa Stolas?
       —Esto... fue un error, no debí haber venido.
       —Jajaja, ¿Me quieres decir que ahora, después de tantos años engañando a mi hermana conmigo, tienes remordimientos? … O es acaso... ¿Ese imp?
       —¡¿Cómo...?!
       —Mi hermana me lo contó todo después del fiasco en el aniversario de bodas.
       Stolas empezaba a sentirse culpable.
       —¿Acaso es todo lo que soy? ¿Alguien destinado a solo servir para el placer de otros?
       —Bueno, creo que no solo fui yo quien sintió placer anoche, ¿No? Además, lo tuyo con ese imp fue solo la pasión del momento. —Algo dentro de Andrealphus despertaba y quería nuevamente a Stolas para si solo—. Los imps son creaturas salvajes, seguramente solo te está usando por tu poder, no por placer. Así que todavía me tienes a mí. Olvida esa basura, Stolas, los imps no son nada más que escoria.
       —¡No hables así de él! —Stolas se levantó violentamente de la cama de Andrealphus furioso—. Lo siento, esto fue una mala idea. Mis disculpas por irme tan repentinamente Andrealphus, espero que podamos vernos bajo otras circunstancias.
       Stolas había pasado toda su vida confundido con lo que deseaba, y en ese momento de debilidad, aun cuando fue él mismo quien buscó la respuesta en su viejo amante, los insultos hacia su amigo fueron suficientes para no desear volverlo a ver. Cuestionándose siempre como fue que pudo interesarse en un ser tan arrogante.
       Y ahora el confundido era Andrealphus, quien por una inexplicable razón se sentía con el corazón roto al ver partir a Stolas para siempre.
       Por su parte, Stolas volvería a su palacio, esperando volver a verse con su viejo amigo que por fin hacía de nuevo su aparición, claro que esto no pasaría, y Stolas solo volvía a su hogar para lidiar con una ahora furiosa esposa y un conflicto que le tomaría toda su energía, el divorcio. Además, Stolas sabía que Blitzo si lo usaba, no era ignorante al hecho de que solo quería su libro y lo había obtenido, pero en eso Stolas vería una oportunidad para recrear los momentos que vivió a su lado durante su niñez.
       Stolas deseaba volverlo a ver, el daría todo por volverlo a ver y recuperar el tiempo que perdió sin el a su lado. No le servía la razón si él no estaba con él. O así se sentía. Veía a Blitzo como su nueva forma de encontrar la felicidad que tanto extrañaba, y creía que a su lado aprendería a querer y lo que de verdad es el amor.
       Pero Stolas seguía sin aprender que el amor que él perseguía era uno que le dolería hasta matar. Pues seguía viendo las cosas del lado oscuro de la luna. Lo que le impedía ver el mundo que se escondía detrás.
       Con los días pasar, descubrió que Blitzo estaba utilizando el libro para un negocio que había abierto. Por lo que se puso en contacto con él para reiniciar su relación, la cual fue construyendo desde cero, o eso intentaba; mientras su lado pecaminoso continuaba poniéndose en su camino –esto dándole la idea a Blitzo de que ahora era su turno de lidiar con el solitario príncipe, y Stolas dejaría claro desde el principio que la forma en la que alcanzarían la tranquilidad sería a través del sexo y la pasión, incluso si esto nunca fue la intención de Stolas desde un inicio, si no las consecuencias de haber vivido una serie de eventos desafortunados; todos alrededor de la sexualidad.
       Esperando que de esa forma no lo volvería a perder, Stolas alimentaría esta idea por los meses por venir, esperando que con su nuevo encontrado interés podría finalmente olvidar su pasado. Durante este tiempo vivirían aventuras de tanto emoción, como de pasión y diversión que llenarían su corazón de nuevas esperanzas.
       Su viaje a Loo Loo Land, el conflicto con D.H.O.R.K.S, el festival de la luna de la cosecha, y muchas otras aventuras que tuvieron serían la escalera que deberían escalar ambos para conectarse adecuadamente.  
       Pero Stolas no era el único con problemas en su vida, Blitzo tenía sus propios esqueletos en el clóset. Y sus propios problemas a enfrentar, y como Stolas, los mantenía en secreto pensando que esta mejor enfrentando sus pesadillas por su cuenta; y como con Stolas, las cosas saldrían de todas las formas excepto la que deseaban.
       Sin embargo, ambos intentarían llevar sus vidas de una forma que pudieran, y aún en una relación tan inestable como la de ellos –una luz de esperanza brillaría al final del túnel. De alguna forma incongruente, los conflictos que la vida tenía para ellos los llevarían a tomar el camino que cambiaría sus vidas para siempre, simplemente no de la forma en la que esperaban.
       Y Stolas fue el primero en darse cuenta, ahora que pronto se casaría con su hija.














Ridi Pagliaccio
       
       
       
       «Pagliacci es una ópera donde, al final del primer acto, se muestra que el payaso Canio a descubierto la infidelidad de su esposa, pero debe prepararse para actuar, pues el show debe continuar. “ridi, Pagliaccio, e ognun applaudirà!” -Ríe payazo, y todos te aplaudirán-»
       Blitzo se encontraba en su oficina, veía con nostalgia varios objetos que sacó de los cajones y recogió de alrededor de su oficina, esparciendo todos por su escritorio y recordando sus glorias pasadas, y su vida en general.
       Estaba un tanto en shock por lo pasado en televisión el día anterior y Stolas declarando que se casaría con Octavia. Entre estos objetos estaba el periódico del día, que contaba la misma historia.
       «Padre e Hija: Un nuevo drama real» decía el título de la nota. «Si nuestros lectores recuerdan, ayer publicamos una noticia que nos había llegado de último momento dónde se mostraba al príncipe Stolas de Ars Goetia tener una cita romántica con su hija, la princesa Octavia. Además de acusar a la princesa de manipulación con la supuesta evidencia de un bálsamo afrodisiaco encontrado en su habitación.» Después de esto se veían las mismas imágenes de la noticia del día anterior, publicada por Stella. «Mas tarde el mismo príncipe Stolas interrumpiría el set de noticias News666 para confirmar su relación y negar la posesión de drogas por parte de su hija, además asegura no haber sido manipulado. Finalmente, confirmaría que se casará con su hija tan pronto tenga los 18 años de edad.» A continuación de esto, eran fotos de Stolas teniendo la conversación con los presentadores. El periódico también tomaba la libertad de publicar los comentarios de varios de los presentes en el set el día de los eventos junto con fotos de los entrevistados. Muchos cuestionaban la necesidad de esperar a esa edad, otros la necesidad de formalizarlo y otros simplemente no les importaba. Pero Blitzo le daba vueltas y vueltas sin poder tragarse la verdad.
       Así, él continuaba observando las cosas que había colocado, mientras la nostalgia empezaba a invadir su mente.
       Desde niño, Blitzo tuvo una vida difícil también, pero la vida le sonreiría dejando a su lado a gente que cuidaría de él lo necesario para crecer.
       Trabajando en el circo desde niño junto a Fizzarolli, Blitzo siempre quiso triunfar en el espectáculo –pues constantemente era opacado por su compañero y amigo que, con su carisma, constantemente tenía que rescatar el show de los malos chistes o desempeño pobre que Blitzo entregaba. Su deseo era poder ayudar a su madre y la situación de pobreza en la que vivía junto con su hermana Barbie, además de algún día poder ser tan bueno como Fizz, su obsesión por ayudar a su madre había llegado al punto que; a base de la manipulación de su padre, engañaría a un incauto niño que –por no tener con quien jugar, asaltaría la tesorería de su palacio para que él pudiera entregarla a su padre que esperaba afuera, lamentablemente solo para darse cuenta después de la avaricia de su padre y la miseria resultado del egoísmo de su padre, pues nada de esto había llegado a las manos de otro más que su papá.
       A pesar de todo esto, Blitzo pudo adaptarse a su realidad y sacarle el mayor provecho que pudo, continuando su carrera de shows junto a Fizzarolli, hasta que la ambición de este superó su moral y Blitzo tomó su propio camino. Tristemente sin poder hacer mucho por su madre y hermana, al final también desertaría de allí para vivir independientemente.
       La vergüenza que sentía al respecto siempre fue tal en su conciencia que constantemente se borraría de fotos con un marcador negro, rechazándose a sí mismo el ser parte de quienes prometió ayudar. Jamás alcanzando el poder perdonarse a sí mismo por su fracaso.
       Esto también desencadenaría en él una inmensa dificultad para poder expresar sus emociones de forma adecuada, siempre escondiendo lo que sentía detrás de bromas y chistes malos que solo él podía encontrar graciosos; mientras que los demás los encontraban como lo que eran, excusas para evadir el tema. También con el tiempo usaría su insípido humor para insultar; más que para hacer reír.
       Su constante inhabilidad para controlar su dinero también formaría gran parte de su vida, al punto de arruinar sus relaciones románticas; como con Verosika, gastando su dinero en clases de equitación.
       Y terminaría formando la empresa I.M.P para seguir financiando sus pasatiempos.
       Esto lo llevaría a toparse de nuevo con Stolas, pues al tener un libro que le permitía ir al mundo humano, era la herramienta perfecta para iniciar la campaña.
       Algo con lo que él no contaba, era que esto iniciaría una nueva ola de aventuras en su vida. Y una en especial que odiaría amar.
       Sus recuerdos serían prontamente interrumpidos por el sonido de la puerta de su oficina que se abría.
       —¿Señor? Lleva todo el día dentro, ¿Está bien?
       —¿Qué quieres Moxxie?
       —Nada, es solo que desde ayer a estado algo distante después de lo que pasó en la televisión.
       —Estoy bien Moxxie, cierra la puerta.
       Atrás de Moxxie, pero cubierta por la puerta; estaba Millie, que le animaba a entrar a la habitación. Pero al Moxxie abrir más la puerta para entrar, Blitzo le lanzó un objeto de los que estaba observando, a lo que del susto cerró la puerta de golpe, haciéndole una señal a Millie y Loona de que era mejor dejarlo en paz.
       Blitzo recordaba a detalle todo lo que vivió desde que empezó a «salir» con Stolas. Y lo recordaba con cierta nostalgia que agitaba su corazón de una forma que le molestaba; pero que lo llenaba de una sensación cálida de amor que no se podía quitar de encima.
       Recordaba con cierta molestia las palabras que dijo aquella noche después del fiasco de Ozzie’s, donde Stolas tratando de mejorar la situación lo invitó a pasar, y Blitzo molesto por la humillación le recordó que no eran más que amigos con derechos por el libro.
       Recordaba el día de ayer donde Stolas se lo mencionaba durante la discusión respecto al periódico.
       Sin embargo, no podía evitar sentirse mal por perderlo.
       E indirectamente motivado por sus celos, se puso a pensar en las veces que vio a Stolas con Octavia, y analizar si en algún momento hubo algo que pudiera haberlo anunciado aún si fuera sutilmente tan inédita unión. Ésta siendo unas semanas después de Ozzie’s, el día cuando Octavia había robado el Grimorio y tuvieron que buscarla en Los Ángeles, California; en el mundo de los vivos.
       
       ***
       
       Después de una violenta charla con Loona, sin darse cuenta a tiempo; Octavia se transportaba al mundo humano, y no había nadie a quien pedirle ayuda más que a Stolas, con pánico en su voz y en su mirada, Blitzo haría la llamada y confrontaría a un Stolas furioso por la noticia.
       Cuando ya estaban en el mundo de los vivos, se organizó el plan de búsqueda, donde primero se conseguirían los disfraces, debido a que Stolas; incapaz de recordar en ese momento el hechizo correcto, no sería capaz de darle un aspecto humano a Blitzo, Moxxie y Millie. Saliendo del callejón donde habían aparecido, Stolas aprovecharía para robar unos lentes que pensó «iban con sus ojos.»
       Pero como muchos de los planes de Blitzo, esto lamentablemente no saldría como esperaba, debido a que casi de inmediato Millie y Moxxie se quedarían atrás por un músico callejero que ofrecía su más reciente disco a transeúntes distraídos, distrayendo por completo a Moxxie que ahora no podía irse sin pagar por el probablemente decepcionante disco. Esto Blitzo lo sabría hasta después; ya que una vez de vuelta en el infierno cada quien contaría su versión de los hechos.
       Si su memoria le servía adecuadamente, según lo que relató Millie; ella y Moxxie cantaron, como una forma de generar dinero para poder comprar el disco; cosa completamente innecesaria a los ojos de Blitzo, pero que de alguna forma tenía sentido para ellos dos, mientras que Blitzo pensaba que Millie necesitaba dejar de cumplir los caprichos de su esposo y Millie por no llevar la contraria le daba la razón a Blitzo.
       «¡Millie! Estos artistas ponen su alma y corazón en su trabajo. ¡No puedo simplemente devolverlo como si no tuviera valor!» Fue la escusa que dio Moxxie.
       Loona también tomaría su propio rumbo ya que no estaba realmente interesada en rescatar a Octavia o al libro, esto debido a su reciente pelea con Blitzo. Claro que esa no fue la versión que ella contó del todo al volver, diciendo que «Creyó haber reconocido el rastro».
       Mientras tanto, Stolas y Blitzo conseguirían el disfraz y seguirían el plan original. Que debido a la creatividad de Blitzo, consistía en caminar sin rumbo esperando que apareciera por arte de magia.
       —Aún no puedo creer que no puedas aprenderte tus conjuros después de tantos años leyendo esa cosa. —Exclamaba Blitzo molesto por la peluca pues le causaba picazón—.
       —Cállate Blitz, no veo exactamente porque deberíamos tener sentido del humor mientras mi hija corre peligro en este mundo. Más aún cuando es tu culpa que se puedan robar MI libro.
       —Ya entendí, ya entendí. Además; dejando de lado que aún no sé cómo nos encontraste aquella vez que nos atraparon los humanos, ¿Por qué no hiciste el mismo truco para transportarnos directamente con Octavia?
       —Eh... —Stolas algo nervioso empezó a acomodarse el cuello de su camisa—. Simplemente sabía dónde estabas.
       —Ok... ¿Y a todo esto, porque correría tu hija en primer lugar?
       —No lo sé, estaba tan ocupado discutiendo con Stella...
       —¿Qué no ya se habían divorciado?
       —Si, pero sigue sin sacar sus cosas y ya me tiene arto. —Stolas al percatarse que su mente se volvía a enfocar en sus peleas con Stella no pudo evitar detenerse a meditar lo que hacía—. Soy un padre terrible...
       Blitzo se sentía todavía algo indiferente por Stolas en ese momento, pero por la reciente discusión con Loona, no pudo evitar que la empatía tomara el curso de la plática.
       —¿Tú tienes esta clase de problemas con Loona, Blitz? —Le preguntó Stolas que lo veía pensativo—.
       —¿Uh...? —Blitzo se encontraba completamente sumido en pensamientos de Loona—. Pues...
       En ese momento, y ahora que lo recordaba con tanto detalle, Blitzo pensaba en la vez que conoció y adoptó a Loona, recordaba como veía en sus ojos la misma soledad que veía en sí mismo, la forma en la que violentamente se desenfrenaba con los otros hellhounds en la perrera al sentirse atacada –le hacía pensar en todas las veces que él tuvo que de alguna forma defenderse de todos los que se burlaban de su mediocridad.
       De una forma u otra no podía dejar de pensar en lo mucho que se identificaba con ella y el deseo que sentía por darle una vida que el no pudo tener. Pero la inexperiencia de la paternidad y los traumas que él mismo tenía no le permitían verdaderamente desempeñarse como el padre que él querías ser.
       
       ***
       
       Lágrimas sigilosas comenzaban a salir de los ojos de Blitzo al recordar esto, tanto aquel día como ahora que revivía las memorias mientras sostenía la placa de adopción en sus manos; dejando esas lagrimas caer y resbalarse a lo largo del cristal.
       
       ***
       
       Después de secarse el llanto, por fin articuló una respuesta para Stolas.
       —Loona... es una chica especial, la adopté poco antes de que cumpliera los 18 y la dejaran en libertad de la perrera. No estoy seguro de ser el mejor padre para ella tampoco. Y el mío era un imbécil avaricioso, así que puedes ver que aprendí del mejor ¿Eh?
       —El mío tampoco fue el mejor. Pero de eso se trata ¿No? Ser mejores padres que nuestros padres. Además, estoy seguro de que, así como quieres a Loona, ella te quiere a ti, solo necesitan hablarlo.
       —Lo dice el rey de la conversación. ¿Me recuerdas porque estamos aquí?
       —¡Estoy aprendiendo! Discúlpame por querer ayudarte. Y estamos aquí por tu incompetencia.
       Después de unos segundos finalmente Blitzo respondió.
       —Gracias Stolas.
       —De nada Blitzy. Ahora, busquemos a mi hija.
       Después de horas de caminar en silencio, Blitzo volvió a entablar la conversación.
       —Y respecto a Ozzie’s...
       —No hay nada que hablar al respecto Blitz, dejaste las cosas muy claras esa noche.
       —Lo sé, pero creo qu-
       Blitzo fue interrumpido por un panfleto que volando se estrelló en su cara, al verlo vio que hablaba de un concierto durante una lluvia de estrellas que sucedería esa noche. Furioso la hizo bola, pero antes de lanzarla Stolas lo detuvo y tomó el papel.
       —¡Las lágrimas de Azathot!
       —¿Las que de quién? —Preguntó Blitzo confundido—.
       —Son esta noche, había prometido a Octavia que las veríamos, ¡Por eso escapó!
       Stolas continuó leyendo el panfleto que, para brindar una mejor descripción, era azul con blanco, y con estrellas fugases se formaba la forma de perfil de un búho.
Lluvia de estrellas
En vivo
Griffith Park
A las 9:00pm
Música, ambiente y fiesta.
       El resto del panfleto estaba plagado de publicidad de músicos desconocidos que tocarían esa noche además de las empresas patrocinadoras del evento prometiendo promociones increíbles en alcohol.
       Esto inmediatamente revivió las esperanzas de Stolas al punto de tomar el panfleto con fuerzas contra su pecho mientras Blitzo solamente se le quedaba viendo confundido.
       
       ***
       
       Para nuestro Blitzo actual esto empezaba a confundirlo aún más; pues se veía incapaz de discernir si la felicidad era por encontrar a su hija como padre, o como algo más. Sin embargo, continuó repasando los hechos.
       
       ***
       
       Mientras esto sucedía, de acuerdo a lo que Loona contó; ella también encontró este panfleto interesante, principalmente porque estaba pegado en todas las paredes de todas las calles, dando un contraste casi cómico al hecho de que ni Stolas ni Blitzo se percataron antes. 
       Ella, al desconocer de la promesa de Stolas; no le prestó importancia, pero asistiría por simple curiosidad y diversión. Aunque la decoración ciertamente le hizo levantar ligeras sensaciones de arrepentimiento. Mientras Blitzo y Stolas seguramente buscaban desenfrenados; ella estaba paseando y tomando café.
       Por parte de lo que dijeron Millie y Moxxie, para ese entonces ellos estarían siendo secuestrados por un cazador de talentos asociado a este mismo evento, que por la repentina noticia de que uno de los cantantes no se presentaría por un terrible accidente; según lo que escucharon balbucear al humano, alguien o algo había caído sobre de él, dejándolo en el hospital.
       Así que como si el destino existiera, todos terminarían por verse allí.
       Pero aún faltaban muchas horas para el anochecer. Y Stolas ahora más que nunca no se sentía para nada tranquilo, sabía que un evento así estaría lleno de humanos, y desconocía si su hija conocía el hechizo para cambiar su apariencia. El solo pensar en lo que podría pasarle era suficiente para causarle un ataque de ansiedad.
       —Stolas, cálmate. Ahora sabemos dónde estará Octavia, solo hay que descubrir como entrar y encontrarla. El panfleto dice que no hay costo de entrada por lo que habrá demasiada gente, pero al mismo tiempo mejora la probabilidad de encontrarla.
       —No pidas que me calme, ¿Qué tal que no está? Y perdemos todo el día para nada. ¿Qué tal que la descubren y le hacen daño? ¿Qué tal que no va porque no sabe del concierto o se asusta con la multitud?
       Blitzo podía ver a Stolas físicamente atormentado, con sus piernas temblorosas y brazos que parecían gelatina.
       —¡Stolas! ¡Cálmate por un puto instante!
       Stolas reaccionó a sus insultos de la peor forma, tomándolo con sus dos brazos y alzándolo al aire como a un niño. Agitándolo mientras hablaba.
       —¡Qué te acabo de decir! —Stolas trataba de no soltar lágrimas de preocupación—.
       Este escándalo no pasaría desapercibido, pues la gente empezaría a grabar con el teléfono a estos dos peleando. Uno llegando a acercarse a decirle a Stolas que dejara en paz al hombrecito, cosa que enfureció a Blitzo haciéndole olvidar que estaba en el aire por culpa de Stolas y directamente empezándolo a insultar por llamarlo pequeño, pataleando y berreando.
       —¿Qué me acabas de decir pedazo de mierda? ¡Te voy a enseñar lo que hace un hombrecito maldito hijo de puta! —Amenazó Blitzo mientras sacaba su arma y le disparaba al humano—.
       Mientras todos empezaban a actuar y correr de pánico, Stolas estupefacto por lo sucedido tomó a Blitzo como una pelota de Football americano y comenzó a correr lejos de la escena mientras le gritaba.
       —Blitzo por el amor de Lucifer, ¡¿Cómo se te ocurre?!
       —¡Me estaba insultando!
       Stolas enfurecido solo lo voltea a ver con sus ojos brillando como dos gemas junto a sus lentes, simulando casi perfectamente su aspecto real, donde sus cuatro ojos se prenderían fugaz mente como dos antorchas. Esto dejó callado a Blitzo por el resto del escape.
       Después de mucho correr, Stolas completamente cansado dejó a Blitzo en el suelo mientras recuperaba el aliento.
       —Dame tu arma Blitz.
       —Ok, ok entiendo que estes enojado. Per-
       —¡¿ENOJADO?! ¿Tienes acaso idea de lo que pudo haber pasado? ¿Qué tal que nos metíamos en problemas nosotros? ¿Cómo buscaríamos a Octavia así? Bueno, supongo que podría hacer otro portal, pero...
       A esto Blitzo se abrazó de uno de los pies de Stolas, y tratando de distraerlo como un perrito castigado, y mientras lo acariciaba le empezaba a tratar de recordar el objetivo de la misión.
       —O-ok Stolas, lo siento. ¿Qué tal si mejor nos enfocamos en tu hija? Lo pensé y la mejor opción sería subir al escenario. Podríamos ver las masas desde allí.
       Stolas estaba listo para golpear a Blitzo, pero esa idea por exagerada que sonaba no parecía molestarle. Y decidió consentirla.
       —¿Y cómo planeas llegar al escenario? No eres realmente alguien muy sutil.
       —¡Ja! ¿Y cómo crees que mato a los humanos por los que me contratan?
       —Seguramente igual que ahora.
       Blitzo se quedó en silencio molesto antes de responder.
       —Ok, los shows son lo mío. Siempre se debe probar el equipo antes de empezar, y lo hacen con el público para emocionarlo. Si podemos pasar por personal; nos darán acceso ilimitado y podremos trabajar en algo que nos dé un punto de vista perfecto. Seguramente tendrán reflectores, podríamos usarlos para iluminar a la gente hasta dar con ella. —Complementó Blitzo—.
       Stolas pensaba que el plan era demasiado improbable y definitivamente creía que fallaría. Pero la desesperación era suficiente para hacerlo acceder.
       —Muy bien, seguiremos tu plan. Pero si fracasa y no encontramos a Octavia para hoy, despídete del libro, y despídete de mí.
       —Sin presiones entonces.
       —Y primero debemos encontrar el parque del que habla el anuncio.
       
       ***
       
       Blitzo seguía confundido en sus recuerdos, por una parte, entendía que Stolas no tenía intenciones de perseguir el tema de Ozzie’s y eso le hacía pensar que no quería ya nada con él; pues claramente lo había botado él, al rechazarle la invitación. Por otra parte, entendía la preocupación por encontrar a su hija pues es lo que un padre haría, pero la intensidad que demostraba era tal que no podía discernirla de un amor paternal y uno romántico. ¿Sería que después de rechazarlo, encontró abrigo en su hija y por eso evitaba el tema?
       
       ***
       
       —Ok, nos tomó TODO EL PUTO DIA. Pero aquí está.
       —Griffith Park, supongo que es un parque con encanto, aunque tengo ciertas recomendaciones para las flores... —Respondía Stolas mientras caminaban y revisaba las jardineras, curioso en su rumbo hacia donde se llevaría a cabo el espectáculo—.
       Era un área verde gigantesca, con un gran lago. Al llegar a donde estaban las plataformas del escenario ambos buscaban como subir a él, Blitzo que tenía más experiencia sabía que encontraría las escaleras de acceso en la parte de atrás así que se adelantó.
       En su búsqueda unos humanos se percataron de su presencia y se les aproximaron corriendo.
       —¡Hey! ¡Ustedes dos!
       «Oh no...» se dijeron los dos al oír que les llamaban.
       —Ustedes deben ser Steve y Bryan, Richard me dijo que vendrían a ayudar. ¿Por cierto, han sabido de él? No contesta su teléfono.
       Blitzo rápidamente improvisó para evitar ser descubiertos.
       —El... si... él se está... ¡Sintiendo enfermo!
       —Ah... si... tomó algo de camino aquí y tuvo que ir al hospital. —Continuó Stolas con la mentira—.
       —Si, si, no me importa. Steve vas a trabajar en los proyectores y tu Bryan estarás en el humo. Revisen que las cosas funcionen durante el show, comenzamos en una hora.
       En su momento no lo sabían, pero todos estaban en el mismo lugar, en el mismo momento, pero exactamente donde no podían verse los unos a los otros. De acuerdo a lo que todos platicaron al volver, Moxxie y Millie estarían siendo motivados a practicar su canto dentro de una camioneta estacionada cerca del escenario, mientras Blitzo trataba de reconocer el equipo que debía revisar y Stolas torpemente tropezaba con cables y conexiones en el área de luces. Octavia estaba tratando de encontrar un lugar donde se pudiera ver el cielo nocturno con menos contaminación obstruyendo la vista y Loona curiosa revisaba la gente que iba encontrando, para ver si de pura casualidad encontraba a Octavia. Aunque esto ella lo describió como «Buscar frenéticamente».
       Al iniciar el show, a insultos y regaños Blitzo logró encontrar la máquina de humo, la cual por un buen rato obstruyó la vista de Stolas que movía los proyectores tratando de iluminar a la gente.
       Mientras los dos buscaban la forma de poder obtener una mejor vista del público Loona se acercaba a las primeras filas y Octavia trataba lo opuesto, tratando de escapar el mar de gente que se había formado alrededor de ella en tan poco tiempo.
       Después de una canción de apertura por parte de un cantante un tanto falto de talento, aparecieron Moxxie y Millie en el escenario. El primero en verlos fue Blitzo que estaba todavía tratando de detener el humo que no lo dejaba ver, y después de dispararle a la máquina para apagarla y percatarse de sus empleados cantando solo pudo quedarse completamente estupefacto, olvidando por completo el objetivo.
       Stolas se dio cuenta de esto al oír el disparo pensando que Blitzo otra vez había matado a alguien y de igual forma, al ver a Millie y a Moxxie quedó anonadado por la escena. Sin embargo, en su desesperación solo pudo gritarle a Blitzo que siguiera buscando.
       Pero esto era apenas el comienzo de la catástrofe, pues el disparo de Blitzo causaría un corto circuito en la maquina y esta empezaría a quemar todo a su alrededor, lo cual mientras Stolas movía los proyectores hacia donde sentía estaba Octavia, terminaría cayendo de la plataforma y saltando a una de las cuerdas; se dejaría resbalar hacia el escenario, cayendo a un lado de los dos imps, y Blitzo al percatarse del incendio y Stolas, correría hacia ellos, interrumpiendo a Moxxie y Millie que dejarían de cantar para preguntarse qué pasaba. Y Loona se agregaría a la fiesta trepando al escenario al ver a los cuatro hacer del show un desastre.
       —¿Qué demonios? ¡¿Blitz?! —Dijo Moxxie sorprendido—.
       —Hey Moxxie, te molestaría decirme... ¿QUÉ CARAJOS HACES AQUÍ?!
       —E-es una larga historia jefe verá-
       Mientras, Stolas alzaba la mirada recuperándose de la caída y vio que uno de los proyectores parpadeando por el accidente apuntaban a una chica que trataba de empujar su camino hacia afuera, que en efecto era Octavia.
       —¡VIA! —Gritó Stolas dejando a los tres imps en silencio—. Allí Blitzy, ¡Es vía!
       Los cinco voltearon al mismo lugar y confirmaron que era en efecto ella. Por lo que corrieron fuera del escenario.
       Al bajar de las escaleras estaba el mismo sujeto que los había confundido una hora atrás.
       —¡¿Oigan qué carajo hicieron?! Le diré a Richard.
       Nadie se molestó en contestarle, al contrario; lo empujaron fuera del camino y uno de los proyectores; por el fuego, calló sobre de él segundos después.
       Con un desastre detrás de ellos y Octavia finalmente dándose cuenta de quienes estaban detrás de ella, Stolas no pudo evitar más que correr a abrazarla de inmediato, quitando su disfraz humano mientras lo hacía.
       —Mi estrella fugaz, Via. Estaba tan preocupado.
       —¿Qué haces aquí papá? —Decía Octavia mientras se lo quitaba de encima, evitando el contacto visual—.
       —Oh Via lo siento tanto, te prometí que veríamos las lágrimas de Azathot y lo olvidé por completo.
       —Si, por que era más importante pelearte con mamá.
       —No Via, porque soy un pésimo padre, te amo más que a nada en este mundo. Oh me tenías tan preocupado, creí que te había pasado algo terrible y que estabas en riesgo. Si te hubiera sucedido algo yo no podrí-
       —Perdón papá. —Finalmente interrumpió Octavia—.
       —No Via, perdóname tu a mí.
       Ambos se volvieron a abrazar con todas sus fuerzas.
       —Loony! Encontraste a Octavia bien he-
       Loona recibía a Blitzo con una patada en los testículos.
       Mientas tanto Moxxie lloraba mientras veía el escenario caer en cenizas y la gente correr despavorida.
       —Oh Moxx’ no te preocupes, cantaste hermoso. —Le trataba de animar Millie—.
       —Gracias Millie... —Moxxie respondía con cariño apoyando su cara contra la de ella—. Pero quería volverme una estrella. —Continuó con una voz infantil casi sollozando—.
       Entonces se aproximó Stolas a los demás, tomando de la mano a su hija.
       —Bueno, Blitz te salvaste; tu plan fue un éxito. Ahora, ¿Les parece si nos largamos de aquí?
       —Si por favor, este lugar apesta a mierda. —Respondió Loona.
       Y así Stolas conjuró un portal de regreso a las oficinas de I.M.P
       Y aunque esto no lo sabe Blitzo, Loona y Octavia después de volver hablarían en privado respecto a Stolas, pues ella aún se veía un tanto dolida por haberse perdido la lluvia de estrellas que tanto deseaba ver.
       —Hey...
       —Hey... Gracias por encontrarme.
       —No es nada. —Le respondió Loona mientras se sentaba a su lado, en una de las bancas afuera del edificio—.
       —¿Estas bien?
       —No puedo creer ser tan estúpida. Pasé todo el día buscando un lugar donde ver las estrellas y al final no pude ver nada...
       —Si, el show pudo haber sido mejor... —Correspondía Loona mientras intentaba encender un cigarro, que Octavia ayuda a encender invocando una pequeña flama de su dedo—. Tu papá estaba muy preocupado por ti.
       —Claro, por eso olvidó su promesa y optó por discutir con mi madre. ¿Por qué la odia más de lo que me ama?
       Loona al ver el dolor de Octavia no podía evitar sentirse en un papel similar, Blitzo, aunque no fuera su padre biológico, trataba de serlo para ella también. Pero Loona se negaba a dejarlo ser su padre, o más bien, asumía que no era del todo su padre y junto al resto del mundo; le tenía un cierto desprecio infundado que solo conservaba por miedo.
       —A veces... a veces no es tan simple. Las cosas se ponen difíciles y todos tenemos nuestros propios problemas. Especialmente los papás... Y a veces la cagan... bueno, todo el tiempo... Pero no significa que no les importe.
       —Supongo que se metió en problemas por buscarme... incendió todo...
       —Vamos, trata de entender a tu papá. Tal vez no siempre haga lo correcto, pero... lo intenta, y eso es más importante de lo que crees. ¿Lista para volver con él?
       —Lista...
       
       ***
       
       Blitzo no podía discernir ya más si pudo o no verlo venir, mientras lagrimas volvían a salir de él con la idea de que perdía a Stolas para siempre.
       Moxxie, Millie y Loona, que trataban de escuchar algo a través de la puerta de Blitzo, solo pudieron escuchar a un imp que trataba de no llorar.
       —¿Papá? —Lentamente preguntó Loona mientras abría la oficina de Blitzo—.
       —Oh, Hey Loona ¿Me llamaste papá? Chicos... ¡¿N-no te di una p-puta orden Moxxie?!
       —Está bien jefe, Moxx no tiene la culpa. —Defendió Millie—.
       Todos finalmente entraron a la oficina a confortar a Blitzo.
       —Sabemos cuánto quiere a su amigo Stolas, debería estar feliz de que encontró un amor que le correspondiera. —Continuó Moxxie—.
       Blitzo no quería admitir que a pesar de sus problemas con Stolas y sus propios problemas emocionales, era imposible negar que sentía algo íntimo por él. Y que nuevamente por su incapacidad de tomar las riendas de la situación perdía a otra persona que amaba.
       —S-si... son lágrimas de felicidad idiota.
       —¿Qué le parece si mejor cuando sea la boda les regalamos algo super especial? —Ideó Millie—.
       —El cumpleaños de Octavia es en unos meses. Así que es cuestión de tiempo para que organicen la boda. —Añadió Loona—.
       Aunque en el infierno no existe una fecha como en el mundo humano, si hay concepto del tiempo como los días, semanas, meses y años, y aunque transcurren en ritmos diferentes al mundo humano, se rigen por reglas similares. Haciendo el cumpleaños de Octavia algo así como el 16 de agosto.
       —Vamos jefe, anímese. —Terminó Millie la conversación—.
       Blitzo, a pesar de aun sentirse desgarrado por ver a otro amor desaparecer de su vida, no pudo evitar sentirse tocado por las palabras de sus amigos, que ahora lo rodeaban, y de cierta forma le decían; que no estaba solo. Así que recuperando su compostura se alzó erguido y volteando a ver a Loona preguntó.
       —Y tú que al parecer sabes tanto Loony, ¿Me puedes decir que otras cosas no me has contado?
       —Nada de tu puto interés idiota. —Contestó cruzando sus brazos—.
       —¿Ni por una galletita? —Blitzo sacó una galleta de su saco en forma de huesito—.
       —Eres un imbécil. —Respondió Loona molesta—.
       Blitzo entonces lanzó la galleta al aire y la atrapó como una rana atrapa a un mosquito
       —ASQUEROSO.
       Y como si la vida fuese una pésima comedia televisiva. Imagínate ahora que todos reían juntos mientras la cámara se hace hacia atrás y todo se funde en negro.
       Pero la verdad es que las cosas que se ven son casi siempre solo lo que deseamos aparentar, mientras dentro de nosotros nuestros sentimientos de verdad surgen y corren por nuestras venas.
       Y Blitzo no es una excepción a esta regla. Con mucho por expresar y ninguna palabra para hacerlo, solo podía dejarse a sí mismo corroerse en sus sentimientos y traumas mientras aparenta lo contrario por el bienestar de los que ama por miedo a perderlos, por pánico a la idea de quedarse solo nuevamente y que aquellos que ama lo vean por el monstruo que el mismo pensaba ser.
       Pero, así como Stolas, Blitzo finalmente veía la luz al final del túnel. Y entendería que su camino todavía está siendo escrito, que lo que vive no es el final si no solo el viaje a este. Que, así como Stolas encontró su nuevo destino el encontraría el suyo, o más bien, debía encontrarlo para honrar a quienes tanto lo han apoyado.
       Era su turno de recuperar el show de una pésima actuación y volver a abrir el telón a un nuevo acto. Uno que de verdad contara la historia del gran Blitzo. En un gran circo con una gran oficina, y todos aquellos a los que ama en las tribunas clamando su nombre.
       Pero por lo que es el ahora, Blitzo, el triste payazo que nunca triunfó en el circo o en el show, tomaría su segundo aire, pues el show no termina hasta que la gorda fea canta, y si es necesario le cortará la garganta a esa gorda, pues esto no acabará hasta que él lo diga.
       Y con esta nota alta Blitzo salió de su oficina, dejando atrás sus distintos objetos esparcidos en la mesa. Un caballo hecho con palitos, una pluma de Stolas, la hoja de adopción de Loona, un vaso de Loo Loo Land, distintas fotos tomadas a través de los años y un sueño. Para comenzar una nueva vida, sin él.














Otra oportunidad



       ***
       
       Varios días habían pasado ya y prontamente la noticia del matrimonio entre Stolas y Octavia se había esfumado como humo de cigarrillo elevándose al cielo. Ambos mientras tanto, trabajaban en su relación; que aún era imposible no describirla como incomoda, aun cuando el plan de Octavia había funcionado –quizá mejor de lo que ella tenía anticipado. Su intención era usar su cuerpo para que su padre viera en ella una necesidad; pero jamás esperó que fuese al extremo de comprometerse con ella, y cada que lo pensaba; su corazón se aceleraba a mil por hora, su cara se sonrojaba y nacía en ella una emoción indescriptible –pero rápidamente todas esas emociones se transformaban en miedo, pues nunca había pensado en novios; mucho menos en un esposo.
       Durante esos días, se veía al espejo mientras se probaba cada vestido que tenía en su guardarropa; imaginándose como se vería en uno de bodas. Pensaba si lo quería blanco, o negro; quizá una mezcla de los dos –o rojo. Un sin número de opciones cruzaban por su mente día a día.
       Pero su parte favorita de todo era que ahora dormía con su padre, todas las noches. Aún si no tenían sexo; podía recordar aquellas noches de su infancia cuando Stolas pasaba a su alcoba, por alguna pesadilla que le impedía dormir a Octavia; y como el buen padre que trataba de ser, pasaba la noche a su lado –y ella lo abrazaba con todas sus fuerzas mientras las cobijas les cubrían y el sueño los conquistaba; eran la mejor experiencia que ella podía tener.
       Y aunque el sexo ya había pasado a segundo plano; debido a que había usado el resto del bálsamo aquel día, poco a poco ella misma hacía sus sutiles avances hacia Stolas. Que lento; pero seguro, iban poco a poco funcionando –pues Stolas también iba tomando la suficiente fuerza mental para no darle a Octavia la idea incorrecta de que le rechazaba; pero tampoco la creencia de que todo lo que quería de ella era su cuerpo. De cierta forma la droga había funcionado; Stolas poco a poco se convencía a si mismo de sus sentimientos por su hija. Aún si estos habían sido fabricados.
       Incluso en este momento, ella estaba acostada con Stolas; quién cariñosamente acariciaba su plumaje de la cabeza, dándole caricias dulces y cariñosas mientras ella se apoyaba fuertemente contra él, felizmente, disfrutando cada instante.
       Stolas por su parte, aunque trataba la situación con la seriedad que merecía; no quería alertar o preocupar a Octavia en ningún momento, así que día tras día buscaba recordarle cuanto le importaba, ya sea con algún gesto, o contacto físico. Pero por dentro estaba más nervioso que nunca, aunque ya había dejado de cuestionar como fue que llegó a sentirse de esa forma tan pasional por su pequeña; aún cuestionaba si Octavia realmente consentía a estas cosas –y de ser así, ¿Por qué?
       Era la única pieza del rompecabezas que no encontraba; ¿Cómo fue que convenció a su hija de que esto era normal? ¿Era posible que aún a sus 17 años; ella pensara que el incesto era solamente otra forma de amor entre demonios?
       Desde un punto de vista objetivo esto tendría sentido; son demonios, y cosas triviales como la moral son solo una mera sugerencia –pero Stolas que siempre fue diferente a los otros demonios, no podía hacer más que sentirse fuera de lugar; una excepción a esta regla. Quizá era solo que su hija era más normal que él. Y como un buen padre la apoyaría.
       Repentinamente, Octavia se empezó a reacomodar en la cama; lenta y torpemente, hasta estar a la misma altura que Stolas –tomándolo del mentón para que la viera de frente y robándole un beso infinito y cariñoso.
       —Buenos días, papá.
       —Buenos días, Via. Lamento si te desperté.
       —Está bien pa, ya estaba despierta. —Respondía Octavia mientras sumergía su cara en el cuello de su padre, acariciando su cara contra él—.
       Stolas sentía unos satisfactorios escalofríos sintiendo a su hija en su cuello, pues también daba pequeñas mordiditas; jugando a cortejarlo, y él no podía evitar su reacción.
       —Y yo a ti mi estrella fugaz.
       Poco a poco Stolas se tendía hacia los cariños de su hija; empezando por mantenerla cerca de él, y poco a poco incentivarla a subirse a su cuerpo –algo que ella hacía gustosa mientras saboreaba el cuerpo de su padre; que sin importar cuantas veces lo hiciera, siempre lo disfrutaba como la primera vez.
       Y así; permitiendo a su hija tocar su cuerpo sin reproche, Stolas dejaba su mente divagar, en una forma de relajar su mente y su cuerpo. Estando completamente en paz y armonía, abriendo su corazón a su nuevo papel como futuro esposo de Octavia; viajaba en las ideas de cómo podría hacer de esto un nuevo comienzo, un segundo aire de oportunidades y finalmente derrotar su mayor miedo –aquel que acarreaba desde su amorío con Andrealphus; no ser más que una herramienta de placer para los demás. Su corazón se alegraba con la idea de por fin verdaderamente aprendería sobre el amor.
       Sin embargo, al no saber realmente como alcanzar ese objetivo; decidió hacer lo que de niño siempre tuvo miedo de hacer –hacer uso de sus libros como una guía ¿Qué podría salir mal?
       —Via.
       —¿Sí papá? —Preguntaba Octavia, que ahora reposaba sobre Stolas; usándolo como almohada—.
       —¿Te gustaría salir? Llevamos días sin salir de nuevo; y ahora no hay nada de que ocultarnos.
       —¿Pero, no había sido idea tuya quedarnos? —Respondió Octavia dudosa—.
       —Pues... sí, dije eso. Pero ya me siento encerrado en esta casa. —Replicó Stolas con un tono de voz dramático para ignorar el hecho de que se contradecía a sí mismo—. Además, ha estado haciendo un calor horrible.
       —¿Solos tú y yo? —Octavia concluyó después de una ligera risa—.
       —Solos tú y yo.
       —Me encantaría papá. ¿Y a dónde iremos?
       —Con este calor ¿Qué te parece la playa? —Preguntó Stolas ya con una idea en mente formándose por fin—. Vamos después de desayunar para alcanzar un buen lugar.
       —¡Claro! —Respondió Octavia emocionada—.
       Así, Octavia se levantó con gran emoción de la cama y se dirigió de regreso a su habitación, mientras Stolas empezaba a pensar en que harían estando allá, para hacer de esta la mejor cita de sus vidas.
       Aunque previamente ya habían tenido una; aquel día que fueron descubiertos –esta era diferente. La primera cita fue para entender sus sentimientos; esta sería para consolidarlos y alimentarlos, era hora de tomar la ofensiva.
       De esta forma pasó la mañana, con Stolas haciendo apuntes y borradores de lo que podrían hacer; usando su teléfono como apoyo para investigar y agendar las actividades que hubiera disponibles y de esa forma darle a Octavia una cita de ensueño, que no solo demostrara que la amaba; también que demostrarse a sí mismo que podía hacer las cosas funcionar por primera vez en su vida amorosa. Estaba decidido a aprender de sus errores con Andrealphus, Stella y Blitzo.	
       Acercándose la tarde; Octavia se encontraba revisando su closet de arriba abajo, buscando el mejor traje de baño que pudiera ponerse –incluso buscando en línea alguno que pudiera reemplazar lo que tenía. Y es que a pesar de tener más de una opción; la verdad era que todos sus trajes eran relativamente simples –pues desde que empezaron los conflictos entre Stolas y Stella, pocas ocasiones fueron las que ella tuvo para ir a la playa o un parque acuático. Así que, usando toda su creatividad encontró el atuendo perfecto; un vestido veraniego que constaba de una tela de gasa de dos piezas –ambas rojas como el pecho de un petirrojo; semi transparentes, con holgura de un lado dejando el otro expuesto. Debajo de todo, un bikini de un rojo similar; con pequeños encajes negros que ayudaban a resaltar su cintura, aunque este traje de baño era algo pequeño para su figura actual; le terminaba ayudando a acentuar sus dotes, y los adornos que en su momento le daban un tono adorable; ahora servían para sexualizar sus cualidades. Para finalizar, unas sandalias negras con cordones dorados, un aspecto impecable. Era claro que era de hace unos años, pero al probárselo y notar estos detalles encantadores; poca importancia le dio. Incluso se tomó más de una fotografía que publicaría en su Sinstagram solo para presumir.
       Mientras tanto, Stolas apenas comenzaba a arreglarse. Y como es icónico en los hombres; no daría muchas vueltas, pues aun siendo una ocasión especial, debía aceptar el hecho de que a una playa no podría llevar nada ostentoso; mucho menos formal como acostumbra –y con el tiempo que había dedicado a su plan de acción ya no quedaba el suficiente para quebrarse la cabeza con su apariencia. Finalmente optaría por un traje de baño azul marino tipo bóxer y una camisa blanca de manga corta que había comprado en Loo Loo Land previamente, dándole un estilo fresco, pero no necesariamente descuidado, junto con unas chanclas blancas con azul que parecían una extraña variación de los crocs –se podía ver la personalidad casi juguetona e infantil de Stolas a través de este atuendo y esto de cierta forma le daba un subidón de autoestima y seguridad a Stolas; que era comido por dentro por sus nervios.
       Y para estar doblemente seguro de que todo saldría bien, Stolas se aseguró de llevar un equipaje vacacional consigo. Una sombrilla que encontró por allí; múltiples toallas de baño de un aburrido color blanco, una mariconera con esenciales como bloqueador solar, crema, entre otros cachivaches y más basura que pensó; llegaría a ocupar.
       Finalmente, cuando estaban cada quién por salir de su habitación para salir a su aventura, Stolas recibió una llamada inesperada; era Blitzo.
       —Buenas tardes Blitzy —Respondió Stolas al teléfono—.
       «Hey, Stolas. Me preguntaba si podíamos vernos, necesito hablar conti-»
       —Lo siento Blitzy, voy a la playa con Octavia. —Interrumpió Stolas—. ¿Puede ser otro día?
       «Ah... Si... seguro, no hay problema.» —Se escuchaba decir con un tono de voz algo decepcionado a Blitzo—.
       —Lo lamento Blitzy, en estos momentos debo enfocarme en Octavia y lo nuestro para que todo salga bien, no puedo fallarle a mi pequeña polluela, estoy seguro de que lo entiendes. Tú también deberías de trabajar en tu relación con Loona, por lo que pasó la última vez es claro que necesitan hablar las cosas con seriedad y calma. Otro día arreglaremos una visita, ¿Qué te parece? —Stolas contestó con un todo preocupado pero alegre—. Tú también necesitas salir delante de todo esto y abrir tu propio camino.
       «Oh, no, no te preocupes por mi Stolas; yo y Loona llevamos las cosas muy bien... Y yo... ya estoy en aplicaciones de citas, hay gente muy interesante aquí.» —Blitzo se esforzaba en generar una historia creíble mientras intentaba sacar más información de lo que haría Stolas ese día—. «¿A que playa van a ir?»
       —En gula, hay muchas actividades según lo que vi en internet. —Stolas contestó despreocupado—.
       «Genial, bueno entonces nos vemos después Stolas»
       —Nos vemos después Blitz. —Stolas colgó la llamada—.
       Y con esta nota, Stolas y Octavia finalmente se dirigieron a la playa.
       En el círculo de la gula; nos cuenta Dante que existen unos ríos interminables, donde las almas comen y comen de esta sin poderse saciar, mientras que sus cuerpos se van deteriorando como si sufriesen de inanición. Estos ríos vienen de un mar inmenso en el mismo circulo.
       «Loo Loo Beach» decía una señal a la entrada de la playa. En su momento, Lucifer se hizo con la propiedad de un gran terreno de dicho lugar y en sus alrededores colocó todo tipo de cosas. Había gente en bananas inflables gigantescas, otros hacían surfeo amarrados a un jetskii y más gente hacía surfeo normal con tabla mientras surcaban las olas violentas que surgían del firmamento. Otro grupo de creaturas se les veía jugar voleibol a lo lejos y un sinfín de más actividades; además de restaurantes y locales por doquier; muchos patrocinados por mammon u otros demonios avariciosos que se sometían a Lucifer con tal de una rebanada del pastel.
       Había un sinfín de distintas creaturas ese día; muchas de ellas esparcidas por todos lados y en todas las actividades. Era un equivalente a ver una playa en el mundo de los vivos en épocas vacacionales, la cantidad de vida que aquí emanaba era definitivamente un contraste surrealista comparado con lo que se vive día a día en el infierno.
       Al llegar, Stolas respiraba hondo; esforzándose por mantener las emociones en orden, pero le costaba esconder la infantil sonrisa de su rostro por la emoción de que todo saliera como lo planeó. Se aseguraría de que así fuese a toda costa, revisando su itinerario una y otra vez mientras Octavia se distraía anonadada por todo lo que había para disfrutar.
       Hablando de Octavia; ella estaba irradiando felicidad, hace mucho que no había ido a la playa y volver le traía recuerdos muy alegres de ella jugando con Stolas a construir castillos en la arena; o enterrar a Stella en la misma, pues se limitaba a tirarse en su toalla e ignorar cualquier invitación a divertirse. Stella no lo disfrutaba para nada; pero Octavia encontraba satisfactoria la reacción de su madre –pues suponía tener que hacer algo más que solo acostarse al sol. Y con todas las actividades ahora a su disposición, las posibilidades eran ilimitadas.
       Mientras caminaban por la playa buscando donde establecerse, Stolas momentáneamente volteaba a ver a Octavia en intervalos cortos, la veía con cierto nerviosismo que no se podía explicar, pues; nuevamente, a pesar de ser su segunda cita –era la primera vez que el verdaderamente veía las cosas como una. Era como ver a un niño que, aunque ya dio su primer beso, no se atrevía a repetirlo; resguardándose en excusas para evadir la situación. Stolas deseaba agarrar a Octavia de la mano, constantemente viendo la suya y luego la de ella como negociando con ambas para que se tomasen la una a la otra, y aunque Octavia estaba concentrada en observar lo que la rodeaba; de alguna forma pudo sentir la mirada de Stolas, por lo que, como obra del destino, la llevó a tomarlo de su mano; llenando a Stolas de una dulce sensación de autosuperación –tomando su mano con fuerza y jalando su mano hacia él, provocando que Octavia le sonriera a los ojos.
       Lo que ambos no sabían, es que Blitzo y su pandilla también llegaban a la playa; al parecer Blitzo no pudo contener los celos de perder la atención de Stolas; e ignorando por completo lo sucedido en su oficina, y las palabras de aliento de Stolas momentos atrás –se disponía a averiguar todo acerca de su nueva relación. Para variar, Moxxie y Loona estuvieron de acuerdo en ser la voz de la razón; constantemente tratando de tener a raya a Blitzo mientras superaba la situación, pero con lo permisiva que es Millie, todos los esfuerzos fueron en vano.
       Sin embargo, no se encontraron inmediatamente, pues el plan de Blitzo era ser sutil y sigiloso, mientras que los demás simplemente tomaron la oportunidad para tomarse sus propias vacaciones. Así que de esta forma comenzaba una serie de eventos desafortunados, o quizá eventos que tuvieron la fortuna de comenzar.
       Mientras tanto, nuestras aves enamoradas por fin encontraban donde descansar; un área desocupada frente al mar, curiosamente alineada con la ruta del sol poniente. Stolas procedió entonces a colocar la sombrilla, extender las toallas y acomodar su montonal de utensilios. Octavia no pudo evitar reír al ver todo lo que cargaba Stolas mientras se quitaba su gasa y la dejaba caer, por fin exponiendo a vista plena su atuendo playero.
       —¿Y bien papá? ¿Te gusta? —Preguntó Octavia en voz alta para atraer la atención de Stolas—.
       Cuando Stolas volteó a verla se quedó en total silencio con los ojos bien abiertos. Un fuerte sonrojo de las mejillas se hacía presente de inmediato obligándolo a tragar saliva mientras admiraba la figura de Octavia, poco a poco dejaba de verse como su niña pequeña; y empezaba a verla como la mujercita que era. Irónicamente esto causó un efecto de vergüenza en Octavia, que inmediatamente se sonrojó de vuelta y trató de cubrirse con sus brazos, evadiendo por completo el contacto visual con Stolas.
       —S-si me ves así... ¿Me veo bien?
       —Hermosa, toda una princesa Goetia. —Respondió Stolas poniéndose firme de pie y haciendo una referencia completa—.
       Octavia solo pudo responder con más vergüenza en su rostro mientras giraba el torso de un lado al otro y continuaba evitando la mirada de su padre.
       Pero poco tiempo les duró el gusto, pues rápidamente empezaban a oírse a otras creaturas chiflar y gritar a Octavia; por lo que inmediatamente Stolas se volvió agresivo, dando una mirada petrificante a quien descubría fijándose en su hija. De la boca de Stolas solo salía un molesto sonido de enojo y celos.
       Cuando se calmó la situación, Stolas volvió en sí, y respirando hondo se recordó a si mismo su objetivo del día, conectar más con su hija y los sentimientos que compartían.
       De esta forma Stolas invitó a Octavia a sentarse en su respectiva toalla, y tomando el bote del bloqueador solar; se sentó detrás de ella y empezó a untarlo por todo el cuerpo de su hija, quien traviesamente tomaba sus brazos para guiarlo de una forma casi erótica por todo su ser –pasando seductoramente por su cintura, su cuello y sus caderas al volver, la espalda recibiendo más de una pasada mientras Octavia se arqueaba de formas diferentes.
       Al terminar, el rol se invirtió; Stolas se retiró su camisa y la situación se repitió casi de la misma forma –aunque Stolas no tomó a su hija ni guio sus manos, al contrario, Octavia sabía exactamente cómo y dónde ir colocando el bloqueador en su padre. Y aunque la situación era cada vez más erótica, poco a poco Stolas planeaba su forma de diferir de la idea a algo más romántico; como lo tenía planeado.
       —Escuché que el waterskii es muy popular, ahora que estamos listos ¿Qué te parece si lo intentamos?
       —¿Tú? ¿Waterskii? ¿Quién eres y que hiciste con papá? —Octavia no pudo evitar reír—. Claro, pa. Vamos. Jajaja.
       Ambos dejaron sus cosas, se descalzaron y trotaron al puesto, tenía un letrero de madera clavado en el suelo con la palabra waterskii escrita en grandes letras blancas. Lo atendía una especie de tiburón humanoide con pinta de haber pertenecido a un navío pirata. Atrás de él había un pequeño bote; si acaso para unas 2 o 3 personas, y al lado; también clavados en el suelo, los skii que se podía asumir eran los usados para la actividad. Junto a todo esto un tabloide con instrucciones importantes como que no se hacía responsable por heridas, muertes, ser comidos por algún animal marino, entre otras cosas. Y claro, prohibido demandar. Lucifer se hacía “responsable”.
       —Buenas tardes, deseo rentar su servicio. —Se acercó Stolas al negociante, quizá un poco demasiado formal al hablarle—.
       El tiburón solo se le quedó viendo y luego le echó un ojo a Octavia, cosa que Stolas dejó en claro no le gustaba, al repetirse con un tono de voz más alto.
       —Queremos hacer waterskii. —Repitió casi gritando—.
       —Solo se puede una persona a la vez señor, ¿Quién va a intentarlo primero?
       Octavia se abrazó de Stolas y respondió inmediatamente.
       —¡Él!
       Stolas quedó sorprendido y un tanto nervioso, pero accedió de todas formas, mientras que el encargado del puesto suspiraba profundamente; asumiendo de inmediato que las cosas irían mal, y serían una molestia.
       —Muy bien, escuchen bien pues no voy a repetir una mierda. —Respondió el negociante con un tono de voz molesto—.
       La explicación fue larga y aburrida por decir poco, por un momento tanto Stolas como Octavia habían perdido el rumbo de las instrucciones y se habían perdido en sus pensamientos. ¿Fue un pirata? ¿Por qué parece uno?
       —¿Entendieron?
       Stolas y Octavia estaban en las nubes.
       —Uh... —El encargado suspiró de nuevo tapando su cara con sus manos en agobio—.
       En ese momento Stolas recibió los skiis, y empezó la diversión. Al principio todo iba bien; pero por culpa de la poca atención que puso, los problemas apenas empezaban.
       —¡Vamos papá! ¡Lo estás haciendo bien! —Octavia gritaba a Stolas en voz de apoyo mientras trataba de no reír—.
       Stolas por otra parte le costaba estar derecho y en más de una ocasión parecía que se caería. Hasta que finalmente pasó, golpeando el agua de frente mientras el jetskii se seguía moviendo a toda velocidad, terminando boca abajo, sumergido en el agua y con sus patas sobresaliendo a la superficie. Para ese momento Octavia no podía parar de reír, pero el amargado conductor no compartía el sentido del humor; poco a poco frenando hacia la orilla, de la cual Stolas salía pataleando como un pez fuera del agua, tratando de recuperar el aire y la compostura.
       —Bueno, casi lo logras papá. —Octavia seguía riendo mientras lo ayudaba a levantarse—.
       Stolas sin embargo no compartía el humor, pero trataba de ocultarlo; aunque fracasaba en el proceso. Esto hizo sentir un poco mal a Octavia, que también quería pasarla bien con Stolas, en cierta forma; entendía lo que trataba de hacer y le encantaba –pero también desconocía la forma de hacérselo saber.
       —Vamos papá, la próxima lo harás mejor. —Octavia le lanzaba un golpe al agua, salpicando a Stolas con esta—.
       Stolas solo la volteó a ver sonriente, cómo si a pesar del accidente; el intento hubiese valido la pena.
       —Creo que será mejor si vamos a algo más tranquilo, ¿No crees Via?
       —¿Qué? ¿La banana inflable?
       —Me leíste la mente.
       De este modo, Stolas y Octavia entre risas y un abrazo; se dirigieron a su nuevo destino. Unos plátanos inflables simulando una banana Split en la que te podías montar y flotar en el agua tranquilamente. Una atracción muy popular en familias o grupos grandes, pues en cada una podían subir hasta 6 personas.
       A la distancia se podía ver al pequeño Blitzo espiando a los dos con unos binoculares. Ni él fue capaz de aguantar la risa cuando vio el accidente de Stolas, pero gracias a que estaba a la lejanía, nadie fue capaz de escucharle.
       —Espero no encuentres esto muy aburrido Via.
       —¿Después de lo que acaba de pasar? Nada superará eso papá.
       —Oh... jejeje... bueno, supongo que si fui un poco torpe. —Stolas se apenaba al escucharla—.
       —Está bien papá. En este no puedes caerte.
       Nuevamente, el puesto era similar al anterior, otra creatura marina semi antropomórfica atendía mientras una serie de bananas inflables descansaban detrás de esta, una serie de reglas y letreros prácticamente idénticos.
       De la misma forma que la anterior; se les explicó cómo hacer uso del inflable y que no hacer.
       Esta ocasión fue más tranquila, pues no había muchas formas de verdaderamente equivocarse. Por lo que ambos tuvieron la oportunidad de simplemente disfrutar de la compañía del otro, mientras Octavia estaba en frente y Stolas por detrás, abrazándola cariñosamente mientras flotaban casi a la deriva, fue un momento de tranquilidad y regocijo necesario, donde sus corazones se unían en armonía y amor.
       Después de una hora, era tiempo de regresar a tierra firme; lo cual ambos aprovecharon para tomar un refrigerio.
       Cerca de donde estaban, había una serie de pequeños puestos de comida al estilo restaurante; construcciones pequeñas de un piso, donde por dentro se encontraba una barra, y frente a esta; y por fuera, un par de mesas hacían juego con el lugar. Escogiendo una al azar, Stolas y Octavia optaron por algo de comida marina para tranquilizar el hambre. Lo que no esperaban era que cerca de su mesa se encontraban dos pequeños imps muy familiares.
       —¡Señor Stolas que sorpresa! —Se escuchó decir a una voz femenina—.
       Ambos, Stolas y Octavia voltearon a donde provenía esa voz, eran Moxxie y Millie, que a unas mesas de distancia se encontraban comiendo. Ni Stolas ni Octavia dudaron en cambiarse a la mesa de los dos para entablar una charla.
       —¿Qué hace aquí, señor? —Preguntó Millie—.
       —Pasando un tiempo de calidad con mi hija, es todo. —Respondió Stolas—.
       —Millie, ¿Para qué finges demencia? —Preguntó molesto Moxxie—.
       —¿A qué te refieres? —Preguntó Stolas—.
       —El jefe nos trajo aquí con la excusa de descansar para espiarlo señor. —Confesó Moxxie—.
       Después de una larga explicación, Stolas y Octavia estaban al tanto por parte de Moxxie de que Blitzo llevaba siguiéndolos desde el principio. Para Stolas era algo tonto y un tanto inmaduro, pero para Octavia era algo molesto, como sintiendo un conflicto de rivalidad con Blitzo. También les contó que Loona los acompañaba, pero a costumbre de Moxxie, su rivalidad con ella solo le permitió contar que estaba por allí, por lo que su paradero se quedó un misterio.
       Pero las cosas estaban apenas empezando; pues mientras comían; un tercer grupo estaba por hacer acto de presencia.
       —¿¡Stolas!? —Se escuchó una voz femenina de alto volumen—.
       —Por el amor de Lucifer... ¡¿STELLA?!
       —Oh, Stolas... —Continuaba una voz femeninamente masculina—.
       —Y Andrealphus, claro. —Replicó Stolas molesto—.
       Octavia para este punto se trataba de ocultar con sus manos; derivado de la incomodidad de la situación.
       —No se preocupe señorita, yo me encargo. —Dijo Moxxie a Octavia mientras se levantaba, caminando tranquilamente hacía Stella—. Señora, si pudiera pedirle por favor que no cause una escena-.
       Stella estaba tan molesta de encontrarse con Stolas que por un segundo olvidó que le hablaba Moxxie.
       —¿Es que acaso no puedo descansar de ti-? —Stella finalmente es interrumpida por la realización de que alguien le hablaba—. ¿Uh?
        Stella finalmente vio a Moxxie que estaba de pie frente a ella, debido al gran tamaño de Stella; y el diminuto tamaño de Moxxie, era curiosa aquella escena, casi como David contra Goliat.
       —Como decía, si pudiera por favor evitar una escena... —Insistía Moxxie—.
       Stella, un tanto impactada por la valentía del pequeño imp no pudo evitar quedar anonadada por su valor. Tanto así que simplemente guardó silencio y le dio una seña a Andrealphus de que se marchara junto con ella.
       Stolas y Octavia apenas podían entender la escena que se desarrollaba frente a ellos. Primero encontrándose con Millie y Moxxie, enterarse de que todo era un plan de Stolas para seguirlos; y ahora Stella aparecía. Era imposible no pensar que alguien conspiraba en su contra ese día.
       Así que, con la fuerza de voluntad de una montaña, Stolas se acercó a Octavia y le reconfortó de la única forma que sabía, le dio un gran abrazo; le recordó que todo estaría bien y ofreció continuar divirtiéndose con lo que restaba del día. A lo cual Octavia accede un tanto lastimada por la situación.
       —Todo estará bien Via. Solo fue una terrible coincidencia.
       —Gracias papá, ¿Seguro que podemos continuar? No quiero que mamá nos arruine el día.
       —Nada de qué preocuparse mi pequeña.
       Ambos se abrazaron; lo cual Moxxie y Millie no pudieron evitar encontrar adorable mientras se despedían para seguir por su cuenta.
       —¡Que se diviertan cariño! —Gritaba Millie mientras caminaban lejos del lugar—.
       Una vez esta calamidad terminó, Stolas y Octavia se encontraron con un pequeño puesto muy curioso. Era un extraño imp que se dedicaba a dibujar a la gente que veía pasar, Octavia no podía evitar verse interesada en estos garabatos; lo cual los llevó a ambos a dar un vistazo.
       —Adelante, adelante; una caricatura para la adorable pareja. ¿No los he visto antes? —Mencionaba el imp, claramente haciendo referencia al periódico de aquel día—.
       —Lo dudo mucho. —Certificó Stolas—.
       —¿Podemos papá?
       Stolas solo pudo soltar una diminuta risa ante la ternura de la petición de Octavia.
       —Claro, Via. —Aseguró Stolas—. ¿Podrías dibujarnos, imp?
       —Por la tarifa; claro. Un retrato familiar a la orden.
       Así, Stolas pagó por la caricatura y a la indicación del imp, tomó asiento junto con Octavia en unos pequeños bancos que tenía el artista; que inmediatamente se puso a trabajar.
       
       ***
       
       Después de unos largos minutos, el dibujo estaba hecho; y entregado a Octavia.
       Era una representación un tanto humorística de los dos; con cabezas demasiado grandes y cuerpos obscenamente pequeños. Pero a Octavia le encantó.
       Nuevamente, ella se encontraba de un humor positivo y de alegría; pero Stolas aún preocupado por los recientes sucesos no dejaba de cuestionar si aún podía rescatar su cita. Esto Octavia lo notó con las respuestas simplonas de su padre junto con su ahora lenta forma de caminar. Stolas no paraba de preguntarse si acaso era posible arreglar la situación; cuando al punto de vista de Octavia, no había nada que arreglar por su parte, ella era quien se sentía le había fallado.
       Con esto en mente, Octavia decidió llevar a Stolas a algo que había visto mientras caminaban por la playa y que estaba segura de que le interesaría. Había un vendedor que ofrecía un servicio un tanto único; una exploración marina de las profundidades del mar de la gula, y poder observar con claridad las temibles bestias que torturaban a los pobres humanos que allí caían.
       Cuando Octavia le ofreció la idea; Stolas sintió en él un súbito cambio de humor; ver a su hija con tal animo e interés por la cita le regresaba las esperanzas de que tal vez si la estarían pasando bien. Aún con todos los contratiempos y problemas; Stolas por fin veía la cita como un éxito.
       Y de la misma forma que las otras ocasiones, después de someterse a una guía rápida de como participar en el evento; ambos estaban listos para sumergirse en lo profundo. Pero a diferencia de los rayos que no caen dos veces en el mismo lugar; la fortuna estaba a punto de lanzarles una tormenta aún más dura.
       Mientras observaban a las creaturas, y Stolas; como un niño pequeño, se emocionaba con los monstruos más grandes y temibles, Blitzo hacía nuevamente su aparición formando parte del grupo de expedición en el que habían entrado. Pero por culpa de las distracciones de Blitzo por espiarlos, ignoró las reglas de seguridad y terminó siendo atacado por uno de estos monstruos.
       Todos los demás exploradores nadaban despavoridos mientras el organizador trataba de poner a todos en orden. Finalmente, al Stolas darse cuenta de lo sucedido, no dudó en rescatar a Blitzo, por lo que, con una gran representación de magia; atacó a la creatura que trataba de comerse al imp, finalmente arruinando la expedición y siendo todos obligados a regresar a tierra firme.
       —¿Qué es que acaso no fui claro Blitz? —Comentaba Stolas molesto por la situación—. Estoy tratando de tener tiempo de calidad con mi hija después de todos los problemas que hemos tenido por culpa de su madre; no puedo tenerte a ti metiéndote en esto también.
       —Stolas, yo...
       —Stolas nada, Blitz. No quiero saber de ti hasta que arregles tus emociones. Aún eres especial para mi Blitzy, pero si sigues así no tendré opción más que terminar nuestra amistad. —Stolas no cesaba de estar molesto—. Puedes arruinarme el día todo lo que quieras, pero no a mi hija.
       Blitzo finalmente solo guardó silencio y se fue. Mientras todos los otros exploradores se revisaban a sí mismos esperando no haber salido heridos. Y de la misma forma, Stolas inmediatamente que terminó su platica se dirigió con Octavia; quien ahora era la que estaba entristecida por el fracaso de su plan por arreglar las cosas.
       A decir verdad, ni Stolas sabía qué hacer en ese momento, pero no quería abandonar a su hija con su dolor, por lo que se sentó a su lado, y le dio un gran abrazo, para recordarle cuanto la amaba.
       Al final, en una forma positiva de terminar las cosas, el organizador decidió tomar responsabilidad por lo sucedido, por lo que, en forma de agradecimiento a Stolas por intervenir y en forma de disculpa con Blitzo por ponerlo en riesgo, les obsequió una cena gratuita en el restaurante que era propiedad de su familia. Después de mucho deliberarlo, Stolas finalmente aceptó la idea, y para dar una última oportunidad; ofreció a Octavia y Blitzo la idea de cenar todos juntos.
       
       ***
       
       De esta forma caía la tarde-noche en la playa, y todo I.M.P junto con Stolas y Octavia, disfrutaban de una merecida cena.
       A pesar de los inconvenientes que hubo al final del día, y los problemas que surgieron en el desarrollo de los hechos; todos pudieron finalmente encontrar una resolución humorística de todo esto, narrando entre todos lo que cada quien había hecho ese día. Stolas contando sus fracasos en el waterskii y Octavia narrando como no podía encontrar nada que ponerse. De una forma milagrosa; todos habían podido hacer las paces con lo que había sucedido, y el final feliz que esperaba Stolas por fin se hacía presente.
       Nuevamente Moxxie y Millie les mostraron su apoyo a los futuros esposos, y con palabras de aliento prometieron cuidar de Blitzo ahora más que nunca. Aunque él no lo tomara con el humor que ya hacía en el ambiente.
       Al final de la noche Stolas y Octavia volvieron a donde habían dejado sus cosas; que milagrosamente no habían sido robadas en todo el día.
       Cada quien se sentó en su toalla, y gracias a la estratégica posición que consiguió Stolas al principio del día; pudieron observar en paz; la puesta de sol más hermosa de todo el inframundo. Y de esta forma concluir una cita que por más extraña que pudo ser; salió más o menos como lo esperaban. Una clara enseñanza para el futuro que les esperaba como esposos; nada estaba escrito aún en piedra, y debían aprender de estas aventuras si querían que las cosas funcionaran. Solo así aprenderían lo que era en verdad amar.














Intermisión #1
La Cita


       [Vemos a Stella ordenando su ropa, Andrealphus está a su lado ayudándole. Traen puesto el pijama pues aún era temprano.]
       [En eso Andrealphus saca una bata de baño rosada con esponjosos adornos blancos al final de las mangas; el cuello y todo el borde inferior. Inspecciona la bata a profundidad.]
       —Alalá. —Andrealphus dice fingiendo un acento francés—.
       —Uhg, tira eso. No lo uso desde la vez que descubrí a Stolas usándola; porque la suya estaba «lavándose». —Le responde molesta—.
       —¿Stolas usó esto? —Andrealphus hace un gesto de repentino interés en la prenda—.
       —Si. Tuve que usar la toalla después de bañarme, y con el frío que hacía ese día. —Stella claramente resentía el suceso—.
       —¿Y te preguntas porque te engañó con un imp? —Andrealphus le responde entre risas—.
       —¿Sí?
       [Andrealphus levanta la ceja mientras deja escapar una risa casi muda.]
       —Hermana creo que la culpa aquí solo es tuya.
       [Stella se acerca molesta a Andrealphus y toma la bata a la fuerza, aventándola al suelo; lejos de los dos.]
       —Creo que opinas demasiado hermano, siendo que tú también te acostabas con él y tampoco te escogió a ti. —Le responde molesta—.
       [Andrealphus se ve a sí mismo con mirada incrédula]
       —¡Bueno, claramente el del problema es él!
       [Risas]
       [Suena el teléfono de Stella] [Stella lo revisa y abre los ojos en sorpresa, empieza a escribir frenéticamente en él; claramente siguiendo una conversación importante para ella.]
       —Valla, ¿Alguien le hizo caso a tu anuncio del periódico aparte de tu exmarido? —Andrealphus se encuentra sorprendido por la reacción de su hermana a ignorar por completo el insulto anterior—.
       —Es Theodore, el hombre del que te hablé ayer.
       [Andrealphus no tiene la menor idea de lo que habla Stella pues la ignoró el día que le platicaba sobre él]
       [La escena cambia y están los dos en la cocina de su casa, es el día anterior.]
       [Andrealphus y Stella están desayunando, en la televisión esta una película al parecer de acción; donde hombres semidesnudos sudando y obscenamente musculosos están en escena.]
       [Stella está en su celular y Andrealphus está concentrado en la película.]
       —Pues he estado usando la aplicación de Lustinder que me recomendaron, e hice match con un hombre llamado Theodore.
       —Ajá —Andrealphus balbucea completamente ignorando a Stella, su vista plasmada en los hombres en pantalla mientras desayuna—.
       [Stella le acerca su teléfono para que vea las fotos.]
       —¿Qué opinas Andre? —Stella trata de ocultar que está algo nerviosa, es la primera vez que tiene que hacer algo como esto—.
       [Andrealphus sigue babeando por los hombres en pantalla, Stella no se da cuenta porque ve el teléfono fijamente; dudando ella misma de su decisión.]
       —Mhmm, mmmhmm, mhmm.
       [Andrealphus seguía haciendo sonidos aprobatorios al mismo ritmo que Stella le mostraba las fotos, pero la verdad es que él los hacia como saboreando a los hombres en pantalla.]
       —¿Entonces? —Stella pregunta finalmente—.
       [En la pantalla se escucha a uno de los actores decir «¿Te gusta?» mientras presume sus músculos.]
       —Oh... me encanta. —Andrealphus responde a la película—.
       [La escena regresa a la original, donde están en la alcoba de Stella]
       —Theodore, ¿Ted? —Le dice Stella moviendo los brazos en círculos como para fomentar la memoria de su hermano—.
       [Risas]
       —Como sea, hoy vamos a vernos en la playa de gula; y tú tienes que ayudarme a escoger que ponerme. —Stella ve inútil seguir incentivando la memoria de su hermano—.
       —Hermana, es la playa. Lleva el bikini más revelador que tengas y estarás bien.
       —Ugh, ¡Andrealphus es enserio! ¡No quiero llegar y verme como una mujer desesperada!
       [Andrealphus camina hacia Stella y la toma de los hombros]
       —Stella, tu marido te puso los cuernos con dos hombres y tu hija; ahora usas una aplicación de citas. ESTAS DESESPERADA.
       [Risas]
       —Literalmente estas gritando que tu vida amorosa es un fracaso y caíste hasta el fondo.
       —Mejor cállate y ayúdame. —Stella responde hastiada de los comentarios de su hermano—.
       [Los dos siguen revisando el armario de Stella por un rato.]
       [La escena cambia a los dos en la playa, Stella se ve nerviosa mientras que Andrealphus se ve como que claramente no quería estar allí.]
       [Stella trae puesto un traje de baño blanco con azul celeste tipo bikini, con una gasa de color azul cielo cubriendo la pieza inferior como una minifalda. Trae también un sombrero de paja considerablemente grande, con un lazo blanco y una rosa de color azul militar falsa pegada.]
       [Ovación sensual]
       [Andrealphus aún trae puesto el pijama]
       [Risas]
       —¿Me recuerdas porque vine yo, si la cita es tuya? —Andrealphus se encuentra molesto y es visible en su gesto—.
       —Porque nunca he ido a una cita, quiero que me ayudes a dar una buena impresión. —Dijo tratando de mantener una compostura seria y estoica pero no dejaba de acomodarse el bikini; acomodando sus pechos una y otra vez—.
       —Hermana, somos marqueses; es parte de nuestro trabajo socializar. ¿De qué hablas?
       —Cállate y ayúdame. —Le apunta a Andrealphus con el dedo índice, casi tocándolo entre los ojos—.
       —Diría que necesitas un novio, pero para eso estamos aquí.
       —Ok, tú vas a estar cerca de mí; pero lo suficiente para que no parezca que venimos juntos. ¿Entendido?
       [Stella camina fuera de escena hacia la playa mientras, que Andrealphus solo hace una mueca de incredulidad ante su indeseable destino]
       [La escena cambia a Stella, que camina entre la gente con un tanto de asco de no tocar a nadie o nada. Está en su celular revisándolo por instantes y viendo a su alrededor; buscando algo.]
       [Stella al parecer finalmente encuentra lo que busca y camina veloz mente hacia su ubicación.]
       —¡¿Theodore?! —Stella trata de mantener su compostura manteniendo su espalda erguida, mostrándole su teléfono celular donde estaba abierto el perfil de este personaje—. Un... gusto...
       [Stella tiene que bajar la mirada para ver a su cita.]
       [La cámara apunta a un condenado; un humano que ya fue transformado en ser demoniaco y vive en el infierno como otro habitante. Del torso para arriba reteniendo su aspecto casi idéntico al que tenía cuando vivía, un hombre atractivo y de mirada firme y masculina; ni muy musculoso ni muy delgado, parecía sacado de una película romántica de los 80’s; la parte inferior parecían dos patas de cabra, con pezuñas grandes y altas como tacones. traía un traje de baño blanco con azul y una camisa azul hawaiana de manga corta, con su piel violeta hacía un contraste un tanto extraño, como reteniendo sus costumbres humanas aún en el infierno.]
       [El público ovaciona su atractivo]
       [La cámara se hace hacia atrás mostrando que ambos están de pie, y Theodore mide 1.78m de alto; comparado con los 2.20m aproximados que mide Stella, la diferencia era clara.]
       [Risas]
       —Por favor, Stella; llámame Ted. —Toma la mano libre de Stella y la besa en saludo cordial—. Ted Bundy para servirle.
       [Stella guarda su celular en un pequeño bolso que traía y se acomoda el plumaje un tanto nerviosa y arrepentida]
       —Ted, el placer es mío. —Se nota el nerviosismo de Stella por salir de esa situación—. Debo ir al tocador, ¿Me brindarías un minuto?
       —Por supuesto. —Ted tiene una mirada un tanto perturbadora; como si leyera las emociones de Stella, pero tuviera la suficiente confianza en sí mismo para demostrar su valor—.
       [Stella camina rápidamente hacia los baños públicos que se encontraban relativamente cerca, le hacía señales a Andrealphus que como ella le había indicado; la seguía un tanto de lejos. Andrealphus se dirige hacia el baño con su hermana.]
       —¿Cuál es el problema? —Andrealphus pregunta sarcásticamente—.
       —Es un enano... —Se puede sentir en la mirada de Stella como si estuviera sudando mientras recarga sus manos en el lavamanos y se mira fijamente al espejo—.
       —A ver, primor. No está tan mal. Y la altura es lo de menos. Además, es más alto que mi última quedada. —Andrealphus trata de calmarla acariciando su espalda—.
       —¿Hitler? Creí que habías dicho que era un asco en la cama.
       —¡No se movía en lo absoluto! Con razón perdió la guerra su país, ¡Si ese hombre no hace nada! Y ni se diga su fantasía con los judíos, hacía más que quemarlos.
       [risas]
       —Mira, dale una oportunidad, quizá sea bueno en la cama. —Continuó Andrealphus—.
       —¡NO ME LO VOY A COGER EN LA PRIMERA CITA!
       —¿Y cómo esperas saber si valdrá la pena?
       [Stella solo se queda en silencio contemplando sus opciones.]
       —Mira, habla con él, descubre sus hobbies o yo que se.
       [Stella voltea a ver a Andrealphus un tanto molesta por la simplona idea de su hermano, pero decide hacerle caso pues ella carece de mejores ideas.]
       —A partir de ahora revisa tu celular, no creo poder usar esta excusa muchas veces. —Concluye Stella—.
       [La escena cambia a Stella acercándose de vuelta a Ted, volteando a ver de reojo a Andrealphus que con las manos le hacía señas como las que hace uno al ahuyentar a un perro.]
       [La cámara cambia a un acercamiento de Andrealphus que se le ve apagando su celular.]
       —Stella, ¿Qué te parece si vamos a una de esas palapas con barra de cocteles? —Ted le extiende la mano—.
       [Stella se le queda viendo a la mano en duda si debía agarrarla o no, así que mejor le da su bolso.]
       —Ok... —Ted toma el bolso y con la mano da la señal de caminar hacia las palapas—.
       [La escena es ahora los dos sentados en unos banquillos frente a la barra, uno de cada lado y el bolso en medio. Stella sigue un tanto nerviosa viendo el menú de bebidas con intensidad.]
       —Un hada verde, por favor. —La mirada de Stella muestra su desesperación—. ¿Y qué solías hacer Ted? Cuando vivías.
       —Estudié Psicología y Derecho. Pero no son la razón por la que estoy aquí; si esa es tu verdadera pregunta. —Ted respondió seriamente—.
       [Stella estaba impresionada, realmente no era esa su pregunta.]
       —Terminé en el infierno por asesinar a más de 30 mujeres. Todo por un amor que nunca funcionó. —Ted acerca su mano a la de Stella, poniéndola sobre la de ella—.
       [Stella inmediatamente entró en pánico.]
       —B.…bueno, no lo intentes conmigo. —Stella ríe nerviosamente—.
       [Stella saca su celular y empieza a mandarle mensajes a Andrealphus, que simplemente no revisa. Empieza a ver a su alrededor para encontrarlo, pero tampoco está.]
       [La escena cambia a Andrealphus que está besuqueándose con alguien.]
       [La cámara se regresa a Stella que toma de golpe su bebida mientras acepta su destino. Ted toma la mano de Stella y la besa.]
       [Hay una transición de barrido con risas de fondo, la nueva escena es Stella y Andrealphus que hablan mientras caminan por el pabellón de restaurantes.]
       —¡Me dejaste abandonada! —Grita Stella molesta—.
       —Mi teléfono se quedó sin pila, que quieres que te diga. —Andrealphus parece no sentir culpa alguna mientras se lava las manos—.
       —Oh, que conveniente. —Stella hace muecas de capricho—.
       —Además, tu fuiste quien lo quemó vivo. Así no vas a conseguir un novio de chocolate. —Andrealphus le pone la mano enfrente dejando caer la palma como burla—.
       —¿Y que se supone que significa eso?
       —Ya sabes, el novio que tienes después de una separación para fingir que no te importa haber perdido años de tu vida a lado de otra persona. Con quien no estás enamorada, pero dices que sí para no herir sus sentimientos en lo que encuentras el reemplazo.
       —Mejor vamos a comer.
       [Se aproximan al primer restaurante que encuentran y entran.]
       [La cámara se aproxima a unas personas que están en el establecimiento, son Stolas, Octavia, Millie y Moxxie.]
       [Público ovaciona.]
       —¿¡Stolas!? —Grita Stella—.
       —Por el amor de Lucifer... ¡¿STELLA?! —Stolas no puede creer su suerte—.
       —Oh, Stolas... —Andrealphus saluda moviendo las garras de su mano mientras alza su mano pegada a su pecho—.
       —Y Andrealphus, claro. —Replicó Stolas molesto—.
       Octavia para este punto se trataba de ocultar con sus manos; derivado de la incomodidad de la situación.
       —No se preocupe señorita, yo me encargo. —Dijo Moxxie a Octavia mientras se levantaba, caminando tranquilamente hacía Stella—. Señora, si pudiera pedirle por favor que no cause una escena-.
       [Stella estaba tan molesta de encontrarse con Stolas que por un segundo olvidó que le hablaba Moxxie. Completamente ignorando al ser diminuto que estaba parado frente a ella.]
       —¿Es que acaso no puedo descansar de ti-? —Stella finalmente es interrumpida por la realización de que alguien le hablaba—. ¿Uh?
       [Stella finalmente vio a Moxxie que estaba de pie frente a ella, debido al gran tamaño de Stella; y el diminuto tamaño de Moxxie, era curiosa aquella escena, casi como David contra Goliat.]
       —Como decía, si pudiera por favor evitar una escena... —Insistía Moxxie—.
       —Y decías que tu cita era pequeña. —Le susurra Andrealphus a Stella—.
       [Stella se le queda viendo a Moxxie, el pequeño imp con una cara un tanto adorablemente seria. Como un niño que trata de verse rudo.]
       [D’awwww]
       [Stella está un tanto sonrojada, como si su corazón hubiera saltado un latido. En su punto de vista veía a Moxxie con cierto aire adorable y cariñoso.]
       —V.… vámonos Andrealphus. No nos juntemos con la chusma. —Stella empuja a Andrealphus para irse—.
       —¡Pero tengo hambre! —Se quejó Andrealphus—.
       —Comerás en otro lado.
       —¿Y tú desde cuando obedeces las ordenes de un imp?
       —No te importa. —La cara de Stella estaba completamente sonrojada y con mucha vergüenza—. Dije que nos vamos.
       [Una última transición los deja de nuevo en su casa, Stella está deprimida en la sala.]
       —Bueno, al menos al menos cumpliste tu palabra. No te acostaste con él. —Dice Andrealphus mientras abandona la escena—.
       [Risas]
       [La escena pasa gradualmente a negro.] 













Cosas que odio de ti



       El sol apuntaba en su punto más alto hacía las oficinas de I.M.P, el insoportable calor abrumaba el establecimiento que yacía vacío desde hace un rato, se podía ver los rayos de luz iluminar un calendario en la pared con la foto de una imp que tenía la cara cubierta por un dibujo a pluma de Blitzo pegado con cinta adhesiva. Las fechas estaban todas rayadas y era imposible leer lo que alguna vez funcionó como recado. Parecía como si alguien hubiese cancelado todos sus planes pues la rabia de los trazos iba más allá de los días ya pasados. Todos los rayones terminaban antes de una fecha, sin embargo, que estaba marcada con un gran circulo.
       Repentinamente una brisa misteriosa empezó a soplar; agitando las hojas de este calendario improvisado, a la vez que se formaba un portal en medio de la habitación; que al completarse era atravesado por los cuatro empleados estrella de la función.
       —Bueno, una misión más completada con éxito. —Aclamaba Blitzo al cruzar el portal con un caminar casi caricaturesco, estirando las piernas a tope con cada paso—.
       —No gracias a usted señor, no lo vi en toda la operación porque optó por distraerse con los caballos del objetivo. —Recalcó Moxxie molesto mientras ayudaba a su esposa a cruzar—.
       —Vamos Moxx, no es culpa de Blitz que el viejo tuviera un rancho. —Le tranquilizó Millie—.
       —¡IA, IA, OO! Millie. Sabes Moxxie, deberías aprender algo de tu esposa. —Blitzo se escudó con el apoyo de Millie, con su típica cara burlona—.
       —Tu pudiste ayudar más, pero eres demasiado gordo para correr. —Agregó Loona sal a la herida—.
       El portal se cerró una vez todos lo habían cruzado, deteniendo el viento que había soplado desde su aparición y volviendo todo a la calma.
       —¿Es que acaso soy la única voz de la razón en esta oficina? —Moxxie se defendió mientras caminaba al garrafón de agua, ya sudando por el calor de la oficina—. ¡¿Y qué carajos con este calor?!
       —Es la grasa... —Respondió Loona mientras se regresaba a su escritorio—.
       Blitzo se acercó a Moxxie y recargó su brazo en su hombro como un abrazo de compañeros, robando el vaso de agua de Moxxie en el proceso y tomando de él. Moxxie lo volteó a ver ofendido por la audacia de su acto maleducado.
       —Ya, no te preocupes Moxxie, cuando tu opinión sirva de algo te daré la razón.
       Blitzo se retiró de la oficina sin más, dejando a todos un poco extrañados, pero debido a la inestabilidad emocional de Blitzo desde la otra vez; y su clara recaída al ir a la playa a espiar a Stolas –todos habían optado por darle su espacio.
       —Espero que el jefe esté bien. —Exclamó Millie—.
       —Estará bien. —Moxxie le reconfortó—.
       Por otra parte, Blitzo se dirigía a un bar cercano al edificio; con la intención de ahogar sus penas con un tanto de alcohol.
       El bar parecía de mala muerte por fuera, un borracho tirado en el suelo a un lado de la entrada y colores neón que molestarían la vista de cualquiera con sus brillantes colores chillones. Un perro meando la esquina del edificio y de vez en cuando gente enfermizamente ebria saliendo por las puertas con un caminar tan desorientado que su único destino viable era el suelo.
       Pero por dentro era más agradable la escena que se pintaba, una larga barra llena de todo tipo de licores; desde cervezas hasta ron, whisky o ajenjo. En las mesas había copas y tarros servidos a derramar. Y al no haber muchas personas, el ambiente era bohemio; tenue y de paz. En una pantalla colgada de la pared, a la que el cantinero daba la espalda se reproducían comerciales de televisión sobre distintos productos y servicios; mientras que en la parte inferior anunciaba la programación que ese día estaba planeada. El ambiente era oscuro, casi fúnebre la iluminación, pues el denso humo de cigarrillo acumulado difuminaba casi por completo las luces del techo.
       El cantinero era un imp gordo y bonachón, se le veía chuscamente atender a los comensales, que entre risas, chascarrillos y versos deliberaban sus penas y sus alegrías en incesante competencia por ver quien había sufrido más; quien había vivido más, y quien había amado más.
       Cuando Blitzo pasó por la puerta principal, todos alzaron sus copas y sus tarros, sus cervezas y sus cigarros saludando al nuevo incauto. Blitzo solo alzó la mano correspondiendo el saludo y se sentó frente a la barra, haciendo con la mano al cantinero la señal.
       —¿Lo mismo de siempre Blitz? —Se le acercó el cantinero—.
       Ya de cerca se podía ver que no solo era gordinflón, tenía una cara un tanto amigable y calurosa; como el abuelo divertido que siempre quieres visitar porque te regala las galletas de la abuela a escondidas de tus papás. Un santa rojo de piel en vez de vestir, con una voz tenor que te podía hacer viajar en el tiempo a las viejas épocas de las obras de teatro musicales del ayer. Terminaba de dar el porte con su mandil negro repleto de manchas y humedad; mientras eternamente limpiaba un vaso de cristal con un trapo una y otra vez, pareciendo que nunca terminaba con ese y empezaba con los demás. Antes de que se sentara Blitzo ya había sacado un portavasos que hizo resbalar hasta donde estaba el siguiente banco; invitándolo a tomar en específico ese lugar. 
       —Lo mismo de siempre por favor, pero que sea doble.
       —¿Otra vez?
       La cara del bonachón cambió tenuemente a preocupación, como si Blitzo fuese de la familia; verlo en el estado en el que estaba le traía dolor. Pero negocios son negocios, mientras hablaban, él debía trabajar. Inmediatamente tomó una botella de vodka y otra de ron, mezclando un menjurje sin descripción que soltaba un madoroso aroma a carbón. 
       —Ya casi es la fecha. —Respondió Blitzo—.
       —¿No lo has logrado superar? —Preguntó un hellhound que estaba sentado a su lado—.
       Un perro danés, con mirada cansada, de piel color ceniza y ojos caídos, pero brazos fuertes y cuerpo amplio; tomaba tequila como si fuera agua mientras observaba con una mirada perdida la televisión. Su voz ronca y quemada por el alcohol daban la apariencia de una persona seria y acabada por la vida.
       —Se supone que sí.
       —Del dicho al hecho hay mucho trecho. —Le respondió el compañero de copa—.
       —Gracias por la sabiduría Confucio.
       —Cuando quieras.
       —¿Entonces que pasa ahora? —Volvió a preguntar el cantinero—.
       Blitzo se le quedó viendo a la bebida que había pedido, abrazándola con la palma completa mientras hacía al líquido girar en el vaso.
       —Si sigues así se va a calentar.  —Refunfuñó el cantinero—.
       —Salió en una cita con ella. —Empezó a hablar Blitzo—. Y decidí espiarlos para ver cómo iba su relación. Pero terminaron descubriéndome y estoy seguro de que ahora me odia.
       —¿Y no crees que sea señal suficiente de que deberías de dejarlo vivir su vida y tu hagas la tuya? —Le preguntó un tercer personaje—.
       Era una voz femenina que Blitzo reconocía tal vez demasiado bien.
       —¡¿Verosika?! ¿T.…tú que carajo haces aquí?
       Verosika Mayday, su antiguo amor. Una súcubo del piso de la lujuria, normalmente se le podía encontrar en el bar de Ozzie’s, o dando algún show musical. A veces también en el mundo humano robando energía de humanos lujuriosos poco precavidos.
       De piernas largas con unas medias negras ajustadas, camisa blanca con negro y un abrigo de Mink. Verosika era alguien difícil de no notar cuando estaba en la habitación; pero Blitzo se había acostumbrado tanto a ella que para él era solamente alguien más.
       —¿Qué una mujer no puede ir a un bar? Ya estaba hastiada de Asmodeus. Además, tu platica no me deja ver la televisión.
       En ese momento Blitzo volteó a ver la pantalla, pasaban una película humana, «10 cosas que odio de ti». Una película de amor estudiantil típica americana.
       —Solía ser nuestra película, recuerdo cuando cantaste la canción para mí. —Verosika dijo melancólicamente viendo la pantalla—.
       —¿Cuántas botellas llevas para recordar nuestro noviazgo de esa forma?
       —Las suficientes. ¿Y quién es este amor que te lastima como tú me lastimaste a mí? ¿Stolas, con quien estuviste esa noche en Ozzie’s?
       —Uno. No te importa. Dos. El chantaje no sirve conmigo bebé.
       —No es chantaje, quiero ver si puedo explotar tu pena para hacerla aún peor.
       —Vamos, vamos señores, señorita. —Interrumpió el cantinero—. Venimos aquí a ahogar las penas en alcohol, no unos a otros, ¿Verdad? Cuéntanos Blitz, ¿Qué pasó en la playa?
       —Pareciera que se olvidó por completo de mí, ya casi no me habla y solo pasa tiempo con su hija.
       —Oh, si recuerdo leer algo así en el periódico. —Dijo el danés—. ¿Entonces es cierto?
       —Si, se van a casar. Al parecer quiere tiempo de calidad con su hija y toda esa mierda. —Refunfuñó Blitzo—.
       —Pero si salías con el ¿Cómo es que todo eso pasó?
       —No....no salíamos. Teníamos un trato donde yo a cambio le hacía “compañía”.
       —¿Blitzo el súcubo? Eso si es sorpresa para mí. —Se burló Verosika—.
       —Entonces más bien tú te enamoraste, el solo sacaba provecho de ti. —Le arremete el danés—. ¿No crees que eso te pone a ti en una mejor situación ahora que no lo tienes usándote?
       —Vine a tomar, no a que me den terapia. —Se molestó Blitzo—.
       —Y sin embargo no has tomado una sola vez de tu trago. —Le dijo en tono más sereno el cantinero—.
       Y como insultado por las palabras del cantinero, tomó su trago y se lo empinó de un solo golpe. Posteriormente haciéndole muecas y gestos para que le sirviera otro.
       —Ese es tu problema Blitzo, nadie puede meterse en tu vida. Y cuando tu metes a alguien en la tuya te esfuerzas por que la estancia sea indeseable. —Verosika se escucha molesta y melancólica—.
       Verosika sabía que no siempre fue así, sabía que hubo un tiempo en el que su relación funcionó y eran una buena pareja; pero era verdad que la personalidad de Blitzo tarde o temprano sería la catarsis de los problemas en esa relación. Robándose la tarjeta y carro de Verosika para ir a tener clases de equitación. En viejas fotos podías encontrar a ambos realmente felices con su compañía mutua, en alguna fiesta o teniendo algún momento a solas, lo cual era en si sorprendente dada la naturaleza de Verosika, que al ser una súcubo pasaba tiempo de calidad con más de un hombre, y sin embargo podían confiar en el otro. Estaba de más decir que a pesar de sus naturalezas; la unión de los dos era realmente prometedora, pero al final la de Blitzo tuvo más peso, y terminó por desnivelar la balanza.
       El egoísmo de Blitzo y su necesidad de ver solo por sí mismo era la piedra en el zapato de su vida; superando incluso su lado bueno, el que de verdad amaba a los demás, el que de verdad se preocupa por sus amigos, el Blitzo bueno que muchos llegaron a ver y que de verdad extrañan, pero está perdido y sumido en la oscuridad del Blitz que ahora le suplantaba.
       Y es que eso era Blitzo, la parte de sí mismo que quería destruir, su pasado. Y eso era Blitz; su presente y su futuro –lo que quería llegar a ser y lo que quería llegar a alcanzar suprimiendo su antiguo carácter. Pensando que con ira y con desprecio podría suprimir todo lo que una vez fue y lo que llegó a hacer, con una nueva personalidad que le protegiera de cualquiera que volviera a intentar aprovecharse de él.
       Hasta que llegó Stolas de nuevo a su vida, el único que genuinamente quiso ser su amigo, que quería aprender de él y saber lo que era la amistad. El remordimiento de lo que le hizo aquella vez de niños fue el detonante que le hizo volver a su antiguo ser a su lado, y ahora que lo desenterraba y perdía a este ser amado, debía enfrentarse con la realidad de que aún no cumplía su meta; aún era frágil, aun sentía. El que se volvería el amor de su vida lo había dejado de nuevo vulnerable y no podía soportarlo.
       Y ese era en realidad el odio que sentía en su corazón; no era hacia Stolas u Octavia, ni Verosika o nadie más. Era contra sí mismo que no podía aceptar que aún una parte de él añoraba lo que solía ser, que deseaba volver a ver la luz del día. Su esperanza.
       Blitzo tomó su segundo trago de golpe y volvió a pedir más.
       —No me estoy poniendo de ningún lado, pero... La señorita y el caballero tienen razón. Quizá se tenga que revaluar el problema desde “otra perspectiva”. —Preguntó el cantinero—.
       —No voy a tener opción. La chiquilla cumple los 18 en una semana.
       —¿Y para la boda? —Agregó el danés—.
       —No tengo idea.
       Blitzo se tomó el último trago igual que los primeros dos y se levantó. Pagando su cuenta al momento.
       —Solo no vallas a huir de tus problemas como siempre Blitzo. Aunque dudo que tengas el valor para afrontarlos. —Agregó Verosika—.
       —Sabes Verosika, no me hagas enlistar 10 cosas que odio de ti.
       Blitzo se retiró del bar y volvió a la oficina, donde estaban todavía todos; Moxxie y Millie revisando sus armas y Loona anotando información de clientes en la computadora.
       Blitzo al entrar se fue directo al calendario, quitándolo con fuerza de la pared y aventándolo a la basura.
       —Señor. ¿Está bien? —Preguntó Millie—.
       —Nunca mejor Mills.
       —¿Señor, de nuevo se está embriagando? —Preguntó Moxxie molesto haciendo con su mano un abanico en su nariz—. Todavía tenemos un trabajo pendiente y no pienso hacer todo el trabajo de nuevo.
       Blitzo venía molesto de un sermón en el bar y ahora recibía otro en el trabajo.
       —Deja de meterte en todo, por eso nadie te hace caso.
       Moxxie estaba a punto de estallar de ira contra Blitzo en ese momento.
       —¡Si me hiciera algo de caso no habría pasado lo que pasó en la playa y todavía tendríamos un calendario funcional!
       Eso a Blitzo le llegó al centro de su ser, recordando la vergüenza que pasó.
       «—¿Qué es que acaso no fui claro Blitz? —Comentaba Stolas molesto por la situación—. Estoy tratando de tener tiempo de calidad con mi hija después de todos los problemas que hemos tenido por culpa de su madre; no puedo tenerte a ti metiéndote en esto también.
       —Stolas, yo...
       —Stolas nada, Blitz. No quiero saber de ti hasta que arregles tus emociones. Aún eres especial para mi Blitzy, pero si sigues así no tendré opción más que terminar nuestra amistad. —Stolas no cesaba de estar molesto—. Puedes arruinarme el día todo lo que quieras, pero no a mi hija.»
       Los recuerdos de lo que causó ese día le llegaron a su mente cual saetas, perforando el fondo de su conciencia.
       —Sabes Moxx... 
       —Y ya que estamos en eso. —Interrumpió Moxxie—. ¿No fue hace unos días que lo habíamos hablado todo esto, que apoyaríamos a Stolas?
       Blitzo recordó en ese instante lo que habían hablado en su oficina, y lo que él mismo se había propuesto respecto a su propia vida. Que continuaría saliendo adelante y que encontraría su verdadero camino; su verdadera felicidad. Esto empezaba a quebrar a Blitzo que ahora estaba atónito ante la asertividad de Moxxie.
       —… —Blitzo trataba de contener sus emociones—. Bueno Moxxie... 
       —Moxx, cariño. No eres así, ¿Estás bien? —Interrumpió ahora Millie que temía por lo peor—.
       —ESTA BIEN MILLIE. —Finalmente estalló Blitzo—. Moxxie aquí tiene razón.
       Todos se quedaron sorprendidos ante la reacción de Blitzo, que parecía haber cambiado por completo de carácter en su voz.
       —Moxxie, ¿Qué te parece si solucionamos esto afuera? —Blitzo ofreció con un tono de voz serio y frío—.
       Moxxie desde ese momento ya podía intuir que se trataba de una invitación a pelear. Lo cual lo hizo regresar en sí de su rabieta.
       —S.…señor, no creo que sea necesario. —Moxxie empezaba a hacer distancia con Blitzo, pero él lo detiene—.
       —Vamos, Moxx. Si crees que puedes ser un hombre, arreglemos esto como hombres.
       —Señor, creo que no es necesario.
       —Oh, creo que es muy pinches necesario Moxxie. —Interrumpió Blitzo—.
       En ese momento Blitzo soltó el primer golpe, dando en la cara y tirando a Moxxie al suelo. Se podía escuchar a Millie dar un grito de sorpresa mientras corría hacia su esposo, ayudándolo a levantarse.
       —Blitz, señor. No hagan esto, los dos. Deténganse. —Insistió Millie—.
       —Muévete Millie. Moxxie puede defenderse, pero es muy cobarde para hacerlo.
       Moxxie no vio alternativa y alejó a Millie de su lado mientras se levantaba y tomaba una posición defensiva. Loona tomó a Millie y la alejó, y con el grimorio aun en su mano abrió un portal hacia el patio; el cual Blitzo traspasó y Moxxie le siguió –y cuando el portal se cerró, Millie solo pudo correr a la ventana a verlos desde lejos.
       —Es mejor que arreglen sus cosas. —Le dijo Loona a Millie—.
       
       ***
       
       —Vamos, da el siguiente golpe Moxxie. A mí se me hace que eres marica.
       —No voy a pelear con usted señor, pero tampoco me quedaré sin defenderme.
       —No sabía que Millie se había casado con una lesbiana.
       Blitzo le lanzó otro puñetazo a Moxxie, quien esta vez al estar preparado logró bloquearlo al cruzar sus brazos frente a su cara. Blitzo sin embargo no se detuvo allí pues al momento que su puño impactó contra el bloqueo de Moxxie; volvió a lanzarlo una y otra vez –y su amigo simplemente continuó bloqueando.
       El sol, que hace solo un momento ardía infernalmente era ahora secuestrado por gigantescas nubes negras que oscurecían todo el lugar.
       Los insistentes golpes de Blitzo poco a poco quebraban la defensa de Moxxie; quien empezaba a perder el balance ante la metralla de puñetazos, hasta que finalmente al recibir el último golpe usó todo su cuerpo y con sus brazos aun cruzados embistió hacia Blitzo, quien al momento del choque no pudo evitar hacerse hacia atrás.
       En ese momento como coordinado divinamente; las nubes que estaban cubriendo el cielo en su totalidad tronaron violentamente; anunciando una fuerte lluvia que poco a poco comenzaba a dejarse caer.
       —Deje de actuar como un niño, señor.
       Blitzo ignoró las palabras de Moxxie mientras corría a darle otro golpe, que Moxxie evitó haciéndose a un lado en el último momento, Blitzo casi tropezando. Pero eso no lo detuvo, volviendo a apuntar otro golpe hacia Moxxie, que el volvió a evitar.
       A vista de Moxxie, Blitzo parecía estar segado por su ira; la verdad era su soberbia y su orgullo, en realidad Blitzo ya no «estaba» allí –peleando con él. Blitzo, aunque consciente de sus alrededores, emocionalmente estaba en la oscuridad, y contra quien peleaba no era Moxxie; si no sí mismo.
       Una representación oscura de su persona; como una sombra viviente y macabra que irradiaba las penumbras de su alma. Y Blitzo peleaba contra ella incansablemente, cada que le intentaba golpear una fuerza invisible repelía sus golpes y se burlaba de él. «Finalmente me libré de otra persona que se preocupaba por mí.» «Que molestas son las personas que me juzgan e intentan dar sus estúpidos consejos, como si los pidiera.» «¿Quién se cree Moxxie para sermonearme, que todo lo ha tenido fácil siempre por su esposa que lo mima?» Blitzo escuchaba decir a la sombra mientras trataba de silenciarla, queriendo gritarle lo equivocada que estaba, pero sin poder soltar una sola palabra.
       «Soy el gran Blitzo, no necesito a nadie que se preocupe por mí, deberían meterse en sus asuntos.» Seguía parloteando la sombra mientras se veía a Blitzo esforzarse por acertar al menos un golpe, mientras su cara era cubierta por una siniestra mascarada como la de un antifaz.
       De vuelta en el infierno, Blitzo y Moxxie seguían peleando bajo la ya acentuada lluvia. Moxxie seguía esquivando los golpes de Blitzo que no se rendía, las gotas de lluvia prohibían distinguir entre el llanto de Blitzo y la humedad de sus caras.
       De vuelta en la mente de Blitzo se empezaba a notar un patrón similar en los movimientos de la sombra; con los movimientos de Moxxie. Lo que pasaba en la mente de Blitzo era que Moxxie, al ser la voz de la razón que él nunca ha querido escuchar; de cierta forma representaba a la vez la pelea interna de Blitzo por aceptar la realidad y su verdadero ser. Y aunque Moxxie no paraba de pedirle a Blitzo que volviera en sí y que recapacitara, Blitzo solo escuchaba a la sobra recordarle todos sus pecados, su verdad.
       «¿Quién se creen dándome sermones? Creen saber por lo que paso, pero no es así.» «No necesito la ayuda de nadie.» «¡Cómo se atreven!» La sombra se empezaba a deformar en un monstruo amorfo que atacó a Blitzo finalmente.
       —¡BASTA! —Gritó Moxxie, que cada vez más cansado de la larga pelea perdía más los estribos—.
       Y en misma sincronía, la sombra y Moxxie, como uno sobrepuesto sobre el otro; golpearon a Blitzo en la cara una, otra, y otra vez –hasta que cayó al suelo. Al mismo tiempo que los golpes conectaban, el antifaz que portaba la versión imaginaria de Blitzo se iba quebrando en pedazos, dejando su cara expuesta.
       Blitzo yacía en el suelo sobre de un charco de agua estancada, Moxxie que se sentó sobre el seguía moliendo su cara a puños mientras el también comenzaba a llorar, rogando a su amigo que se detuviera.
       Poco a poco Blitzo volvía en sí y despertaba a la golpiza que le estaban propinando, cuando finalmente reaccionó trataba desesperadamente de taparse la cara. Entonces Moxxie al darse cuenta poco a poco dejó de golpear, finalmente tratando de tomar aire.
       —Tienes razón Moxxie, no me gusta escuchar y hacer las cosas a mi modo es mi estilo.
       —Es un pésimo estilo señor...
       Moxxie poco a poco se levantaba, y ya de pie extendía su mano a Blitzo para que se levantase también.
       —Un estilo que lastima a los que lo quieren. —Continuó Moxxie—.
       —¿También tu? —Queriendo reír respondía Blitzo—.
       —¿También, señor?
       —Es algo que odio de todos ustedes.
       Blitzo y Moxxie finalmente se dieron un abrazo y Millie que seguía viendo desde la ventana finalmente dio un suspiro de alivio. Loona abrió de nuevo un portal para los dos, que volvían a la oficina uno apoyado del otro, adoloridos por la pelea.
       —Te regreso a tu esposo Millie, hay algo que debo hacer. —Sin dar oportunidad a nada más Blitzo se regresó por el portal, volviendo a estar en el estacionamiento del edificio. Y aún en plena lluvia sacó su celular y marcó al número que ya tenía tiempo sin marcar.
       —¿Hola? Stolas. No digas nada solo escucha.
       —«Odio como me hablas y tu forma de ser. Odio plumaje, es molesto y se me metía en la boca todo el tiempo, odio lo que llegué a sentir por ti. Odio tus espantosas expresiones sexuales y que me conozcas bien. Te odio hasta vomitar, que asco me das. Odio que pienses en mí y que me hagas reír. Odio que me hagas sufrir y odio que me hagas llorar. Odio tanto estar solo y que no hayas llamado aún, pero más odio que no te pueda odiar, aunque estés tan loco, ni siquiera un poco lo he de intentar.»
       Finalmente se escuchó la voz de Stolas por el otro lado de la línea.
       —Yo también vi esa película Blitzy. —Se escuchó la voz de Stolas—.
       Blitzo colgó el teléfono. «Y no he terminado la referencia» Se dijo a si mismo mientras volvía al bar.
       Y al entrar de nuevo a este, como dictado por el destino, en la película, y en este instante; Blitzo comenzó a cantar.
“I love you, baby
And if it's quite alright
I need you, baby
To warm the lonely night
I love you, baby
Trust in me when I say
Oh, pretty baby
Don't bring me down, I pray
Oh, pretty baby
Now that I've found you, stay
And let me love you, baby
Let me love you”
       Y Verosika le dio continuidad.
“You're just too good to be true
Can't take my eyes off of you
You'd be like Heaven to touch
I wanna hold you so much
At long last, love has arrived
And I thank God I'm alive
You're just too good to be true
Can't take my eyes off you”
       Y finalmente los dos al mismo tiempo.
“I love you, baby
And if it's quite alright
I need you, baby
To warm the lonely night
I love you, baby
Trust in me when I say
Oh, pretty baby
Don't bring me down, I pray
Oh, pretty baby
Now that I've found you, stay
Oh, pretty baby
Trust in me when I say...”
       Finalizando en un beso de ambos.
       —¿Tomo esto como que quieres una segunda oportunidad? —Verosika preguntó en un tono casi sensual—.
       —Podemos hacerlo funcionar.
       —Bien, pero tendrás que pagarme de vuelta lo que te gastaste y esa noche de hotel. —Con una mano acarició la cara de Blitzo de forma juguetona—.
       —No presiones mujer.
       Esta quizá era la segunda oportunidad que Blitzo se quería dar desde un principio, de volver a perseguir el amor. Pero roma no se construyó en un día y Blitzo mucho menos cambiaría su forma de ser de la noche a la mañana. Pero iba por un buen camino, al fin aceptando su forma de ser y de lo que fue, poco a poco entendiendo y reconociendo que ambos eran él.
       Pero no le pides a un niño que aprende a caminar que no se caiga, o que aprenda a correr. El reto que seguía ahora era ver si ambos estaban dispuestos a afrontar esa realidad, a volver a tropezar, a seguir cayendo y volviéndose a levantar. Solo el tiempo diría si Blitzo de verdad estaba comprometido en cambiar y mejorar; y si Verosika estaba dispuesta a perdonar, a volver a sudar la gota gorda con tal de volver a la felicidad que la había hundido en primer lugar.
       Pero mientras nosotros nos envolvemos en la dulce escena que acaba de pasar, era verdad que los espectadores no sabían ni la mitad de la verdad. Simplemente se quedaron viendo a dos locos cantar y besarse en medio del bar.
       —Si quieren les pido un taxi al hotel más cercano. —Ofreció el cantinero—.
       Blitzo y Verosika rieron. Y tomando la oferta se retiraron por el resto del día.
       
       ***
       
       En las oficinas de I.M.P, Millie cuidó de Moxxie y lo ayudó a secarse –posteriormente Loona los llevaría a sus casas en la camioneta de Blitzo.
       
       ***
       
       En la mansión Goetia, Stolas reía por la llamada de Blitzo; de alguna forma entendía que su mensaje era con cierto cariño y no tanto de desprecio. Habían pasado tantas cosas juntos que culparlo por sentirse como se sentía era tonto e inmaduro a los ojos de este demonio.
       Una parte de Stolas sin embargo aún se sentía un tanto de remordimiento por lo que sentía; le hizo pasar. Poco a poco había descubierto que Blitzo si lo amaba, pero sus constantes choques y malos entendidos habían dificultado la relación en un punto que para Stolas, era irreparable –y ahora con su hija volviéndose su futura esposa no había forma de dar marcha atrás.
       
       ***
       
       En el camino de regreso a casa Millie y Moxxie, junto con Loona hablaban de Blitzo también, de lo mucho que habían pasado por y gracias a él. Loona platicaba de cómo se conocieron y el día de la adopción, lo mucho que se esforzaba Blitzo por hacer las cosas bien por ella y como le sorprendía verlo de esa forma. Moxxie y Millie solo podían escuchar el relato en silencio mientras la nostalgia de Loona guiaba el ambiente de la conversación.
       
       ***
       
       Mientras que Blitzo y Verosika arreglaban sus diferencias en su habitación, escuchando a Blitzo hablar de caballos sin parar, y de lo mucho que amaba al suyo. Le contaba de los caballos que tenía su reciente víctima y hasta del caballo de Striker que tuvo la suerte de conocer en la cosecha de la luna roja. Verosika odiaría admitir que extrañaba eso, y que era hasta cierta forma lo que más disfrutaba de cuando salieron la primera vez.
       
       ***
       
       A veces no nos damos cuenta de la forma en la que impactamos en la vida de los demás y como nuestras acciones, por más que las justifiquemos; afectan a todos a nuestro alrededor. No nos percatamos que en nuestra búsqueda por esconder quienes somos; pues nos avergonzamos de nuestro pasado, terminamos por también esconder lo que nos hace especiales. Y muy en el fondo del infierno había una persona más que estaba por darse cuenta de esto, que por años ocultó su imagen y su pasión, todo por cumplir con una misión más grande y que a pesar de ser impuesta a la fuerza llevó a cabo. A pesar de lo que significaba, de lo que vivió por culpa de esta, y de lo que vivió durante; siguió hasta el final.
       Ella ocultó su forma de ser por el bien de su familia, adaptó una nueva personalidad por cumplir una venganza y todo a la perfección hasta que la charada se terminó y pudo volver a su vida normal. Pero ahora su conflicto apenas comenzaba y debía recordar como era su viejo ser.
       Por suerte Lucifer puso en su camino a la persona correcta; era solo cuestión de tiempo para que el camino de redención por fin comenzara y diera paso a un nuevo mañana. Y de la misma forma que terminó su vieja vida, iniciaría su vida nueva.
       Pero lo que dependería de ella, era el estar dispuesta a este cambio; a este nuevo comienzo y esta nueva aventura. Deberá tragarse su orgullo y encontrar su lugar nuevamente, solo de esta forma podría alcanzar el perdón que tanto merecía. El de sí misma.
       Pero, así como suena fácil es igual de difícil; su cambio también tomaría tiempo, y debía ser constante y dedicada si deseaba alcanzar el éxito que busca. También aprenderá que es un camino que no debe cursar sola; pues es justamente eso lo que la llevó a el lugar en el que estaba ahora.
       Stella aún tenía mucho por aprender, pero por el momento debía esperar. Su época de brillar.














El momento de la verdad



       El tiempo voló, Stolas y Octavia continuaron construyendo sus lazos amorosos día tras día. Poco a poco Stolas se veía más seguro de interactuar con un cariño más íntimo con su hija, mientras que Octavia se veía cada día más complacida con las atenciones de su padre. Y hoy era un día especial para los dos, pues –finalmente era el cumpleaños 18 de Octavia y era hora de cumplir una promesa.
       El día había comenzado hermosamente –pero poco a poco se veía la tormenta aparecer amenazante en el cielo infernal, nubes tormentosas se veían flotar a lo lejos mientras lentamente se sentían aproximarse. Parecía un mal augurio para el plan de Stolas. ¿Pero que se le podría hacer? ¿Qué puede hacer este demonio cuando el amor le sobreviene tan repentina y completamente como lo hace esta repentina pasión con el pobre Stolas en este momento? ¿Qué habrías hecho tú? Podrías imaginarte viviendo entonces la misma situación que Stolas. O, lo que es aún más interesante, ¿Qué harías si fueras un espectador presente en lo que se avecina? Me refiero a estar allí, a un lado de Stolas como su amigo o consejero, teniendo la oportunidad de darle palabras de aliento al condenado príncipe. Bien, supongamos que se te ofrece la oportunidad de vivir este momento (aunque sea brevemente), ¿Qué harías? ¿Qué le dirías? ¿Cuántas veces hemos oído a nuestros amigos hablar del "hubiera" de sus propias penurias y lo que habrían hecho de haber estado preparados?
       En este caso, Stolas había arreglado todo con anticipación la noche anterior. Todo estaba planeado para ocurrir como él quería, era algo que vivía en su subconsciente desde que anunció sus planes de boda; no le había preguntado a Octavia sí ella quería hacerlo. Y aunque irnos a explicaciones rebuscadas de como esto no volvió a conversación entre los dos, entiende que ninguno había sido preparado para lo que les pasó. En especial Octavia quien fue la que al querer orquestar un control; terminó perdiéndolo. No sería mentira decir que ambos estaban aprendiendo a lucir sus nuevas vidas, y a construir algo entre los dos que fuese medianamente fácil de entender para sus frescas mentes. Como ya habíamos contado; empezaron compartiendo alcoba; de allí empezaron a salir y a trabajar en sus muestras de afecto –todo culminando en lo que estaba por suceder.
       Por ahora contemos el plan que tenía Stolas, pues la hora se avecina y nos quedamos sin tiempo:
       Primero que nada, habrá música –una orquesta compuesta por instrumentos de todo tipo, los músicos eran los más entrenados y con la mejor composición de «Feliz cumpleaños» en existencia. Las voces cantarían de la forma más armónica y casi angelical.
       Esto complacería ambos a el orgullo de Stolas y la vanidad de Octavia. Además, esta canción es conocida por ser imposible de salir mal; por lo que estaba seguro de que todo iría bien. Consecuentemente cada nota durante la interpretación sería cuidadosamente medida y temporizada de forma precisa dando la impresión de perfección mientras se producía nada más que un sonido dulcemente armonioso. Cuando la canción terminase, los músicos harían una reverencia y se marcharían a prepararse para la siguiente pieza.
       Después habría pastel. Un pastel largo y blanco hecho de fina harina y azúcar, que se decoraría con decorativos comestibles en forma de flores descansando en hojas verdes. Parecía un pastel cualquiera, pero en vez de tener varias velas atravesando el betún, poseía una sola vela dorada puesta en el centro del piso más alto. Además, se repartirían utensilios de los más finos y hermosos de la vajilla más fina disponible. Y finalmente se disfrutaría de vino que sería servido en copas especiales, con un diseño que las haría ver como ojos en llamas. Estas copas brillarían lo suficiente para iluminar el área alrededor.
       Pero ahora venía la parte que Stolas estaba más interesado para impresionar a su hija: lo que vestiría ese día. Así que Stolas mismo escogió dos vestidos para que ella escogiera cual usar –un vestido rosa con brillos plateados o uno azul que irradiaba todos dorados. Ambos con cortes bajos alrededor del cuello para mostrar el escote de Octavia, además de sus largas piernas. Ambas mostrando bastante piel debajo de las rodillas, pero con la capacidad de volverse un vestido de falda larga. Tan pronto Octavia se pusiera uno de estos dos, su belleza se volvería aparente para todos los que al vieran. Se vería impactante.
       Esto era lo que Stolas quería para su hija en este día. El deseaba ver a su hija vestida en ropa que revelara cada curva de su cuerpo y aun así escondiera lo suficiente para dejar algo a la imaginación. Tal vestimenta satisfacía a Stolas grandemente porque amaba a su hija demasiado como para avergonzarla obligándola a mostrar o exponer más de lo necesario, pero sin negarse a sí mismo el dulce placer de la lujuria. Hacerlo de otra forma arruinaría el ambiente y probablemente Octavia se molestaría con él por ello. Por lo que escogió sabiamente.
       Los invitados a la fiesta serían Blitzo, Loona, Moxxie y Millie. Que esperarían a la aparición de Octavia en la sala del trono. Donde Stolas haría la pregunta final. Es verdad que pensó en invitar a otros; pero con una situación tan delicada; no confiaba en nadie más que en sus amigos más cercanos. Todo saldría a la perfección.
       Volviendo un poco a la realidad, Stolas ese día fue metódico a la perfección. Se levantó muy temprano para asegurarse de no despertar al mismo tiempo que Octavia; recordemos que ahora felizmente compartían la alcoba –y frente a la cama colocó los dos vestidos para que ella escogiera. Se retiró de la habitación y se aseguró de que todo estuviera listo y en su lugar para su despertar.
       Había mandado las invitaciones con tiempo a los 4 pequeños imps, así que solo quedaba esperar a que Octavia despertase, se vistiese con alguno de los dos vestidos y los invitados llegaran para empezar la fiesta.
       Al pasar de unas horas, dicho y hecho; Octavia se despertó.
       Lo primero que vio fue los vestidos, he inmediatamente los inspeccionó y se los probó a la vista; por encima de su piyama, sin poder elegir uno al momento. Claramente se sorprendió también por no ver a Stolas en la cama, así que después de brindarle unos minutos más a admirar la ropa; salió de la alcoba para buscar a su amado padre.
       Ambos se encontraron como de costumbre en la cocina, dónde; para mantener la sorpresa, se había limpiado a profundidad la noche anterior, y el pastel se había escondido ya en el salón principal.
       Stolas ya estaba arreglado de gala con un traje negro, era el mismo que usaba cuando su adolescencia; pero claramente arreglado para encajar en su figura actual. Aun cuando este atuendo le daba un aspecto serio y formal, su dulce rostro de felicidad al ver a su hija rompía por completo la idea.
       —¡Buenos días, papá! —Clamó Octavia al ver a su padre—.
       —¡Buenos días cumpleañera! —Le dijo Stolas sumamente emocionado—.
       La emoción de Stolas se veía mil veces más que la de Octavia, casi parecía que el cumpleañero era él. La recibió con un abrazo gigantesco que casi la levanta del suelo y se dan un beso de lo más romántico que se pudiera describir en el infierno sin caer en la calumnia. Desayunaron juntos y platicaron a cántaros en lo que daba la hora para que Stolas le revelara la sorpresa.
       —¿Escogiste un vestido? —Preguntó Stolas un tanto emocionado por saber cuál le gustó más a Octavia—.
       —¡Los dos son hermosos, aún no estoy segura. —Le respondió—.
       —Bueno, los dos son tuyos; pero me haría muy feliz verte en uno de ellos después del desayuno. —Continuó Stolas la conversación—.
       —No puedo decidirme, papá. —Respondió Octavia—.
       —Entonces vamos a terminar nuestros alimentos y probaremos uno de los vestidos de inmediato. —Stolas le propuso, sabiendo muy bien que su hija nunca rechazaría tal oferta—.
       Y de hecho no lo hizo. Después del desayuno, volvieron al dormitorio y se cambió a uno de los vestidos y luego el otro. El vestido elegido resultó ser el azul que irradiaba todo oro.  –ese era el que prefería Octavia.
       Fue una combinación perfecta, de verdad. Coincidía exactamente con el color de su plumaje y los ojos de Octavia. Su apenado rostro complementaba el vestido bastante bien. Y no había duda al respecto: se veía absolutamente hermosa.
       Stolas estaba encantado con el resultado, y aunque sabía el efecto que quería crear, todavía sentía una profunda emoción cuando finalmente vio a su querida hija luciendo como una princesa. Finalmente, Octavia se arreglaría con un par de tacones altos y se acomodaría las plumas de su cabeza de forma que tendría una hermosa coleta saliendo por detrás.
       Con eso resuelto, y las horas suficientes habían pasado, la dirigió hacia el salón del trono, donde todo lo mencionado ya; esperaba por su llegada y la de los invitados. Octavia quedó impactada por el arreglo de las cosas, se veía la influencia de Stolas en cada cosa y en cada detalle, Octavia nunca había estado tan emocionada por empezar su fiesta desde hace años –pues cuando aún eran una familia completa, Stella siempre se interpuso en las ideas de Stolas. Octavia sentía de nuevo la felicidad que siente un niño, y Stolas adoraba ver a su preciosa hija inspeccionar cada detalle, admirándola con ternura.
       Mientras esperaban, Stolas pensó en cómo anunciar la propuesta de matrimonio sin causar ninguna sospecha u ofensa. Finalmente decidió un plan:
       Esperaría hasta que la música se detuviera, y todos los invitados se reunieron alrededor de Octavia para caminar lentamente hacia ella y decir: «Ahora que ha llegado tu decimoctavo cumpleaños», comenzaría Stolas, «y aunque pueda parecer extraño para mí preguntar, creo que hoy podría ser el momento más feliz de mi vida.» Luego presentaba el anillo y finalmente preguntaba: «¿Quieres casarte conmigo?»
       Esto iba a ser difícil de lograr, porque Blitzo también venía. Si algo saliera mal, él podría causar una escena. Pero Stolas tenía la confianza suficiente para creer que todo saldría bien. A pesar de los desastres que pasaron previamente; su cariño por el aún existía. Pero la verdad es que no era el tipo de cariño sentimental que tienes por un amigo o algún estimado. Poco a poco Stolas ya solo lo veía como otro imp. La desconexión de ambos y sobre todo la separación de sus vidas desde el suceso inicial con Octavia; le mostraban a Stolas lo que él siempre quiso ver: Que Blitzo no era más que un objeto de diversión con quien la pasó bien, pero nada más. La amargura de los problemas que le causó una y otra vez alimentaba la idea.
       Sin embargo, lo veía también como su amigo, recordaba siempre con ternura aquella vez que jugaron; y por eso le seguía frecuentando –pero nada más. 
       
       ***
       
       Unos momentos más tarde, Millie entró, seguida de cerca por Moxxie, luego Blitzo y Loona. Millie se dio cuenta de que Octavia llevaba algo nuevo, e inmediatamente comenzó a elogiar su vestido, como si fuera el mejor que había visto. Loona no pudo evitar hacer lo mismo, ambas platicaron al respecto toda la velada mientras Loona la llenaba de fotografías para Sinstagram.
       Mientras tanto, Moxxie guardó silencio y no hizo nada más que asentir de vez en cuando y saludar cordialmente a Stolas, aparentemente contento con dejar a su esposa a cargo de la socialización. Blitzo se veía algo apenado por asistir, incapaz de ver a Stolas a la cara, pero la educación de Stolas le dio la pauta suficiente al príncipe demonio para recibirle de todas formas y ofrecerle un refrigerio.
       Stolas se alegró de ver a todos llevarse tan bien.
       Tan pronto como todos se reunieron en frente del trono, Stolas se puso de pie y anunció en voz alta:
       —¡Que comiencen las festividades!
       De inmediato la orquesta comenzó a tocar. Los invitados se sentaron alrededor de la mesa, y Stolas caminó hacia la silla principal, junto a Octavia. Junto a ellos estaban Loona y Blitzo, luego Millie y Moxxie.
       La comida era deliciosa, pero el vino era excelente. Había mucha charla y risas por parte de nuestros invitados, le relataban a Stolas los últimos sucesos de sus vidas y trabajo, Stolas quería preguntar por la llamada de Blitzo aquel día, pero opto por dejarlo pasar. Todos se divirtieron tremendamente.
       Cuando se sirvió el postre, Stolas presentó el pastel a Octavia, quien cortó una enorme rebanada por la mitad y pasó los trozos a todos los demás. Todos estaban sorprendidos tanto por el aspecto como por el sabor del pastel. Comieron hasta saciarse, y cada uno se fue con dos o más rebanadas de la obra maestra.
       Cuando todo el pastel se había ido, Stolas dirigió al grupo a cantar «Feliz cumpleaños» una segunda ocasión a su amada hija, esta vez ya no acompañada por la orquesta, pero si por los 4 invitados.
       Después de la comida, comenzó el baile. Octavia bailó maravillosamente. Sus pasos parecían ser naturales para ella. No importa qué ritmo requiriera el baile, siempre se las arreglaba para encontrar el ritmo. De hecho, se movía mejor que los demás.
       Pero lo más importante, le encantaba hacerlo.
       ¡No había duda al respecto!
       Después de que todos bailaron un rato, la orquesta se retiró y Octavia tomó control de la música, dándose el placer de poner todas sus canciones favoritas, y aunque eso hacía que el aire inocente se disipara y se tornara en algo más fiestero y juvenil, era hora de que Stolas le preguntara a Octavia.
       Stolas se acercó a Octavia y le dijo:
       —Mi querida hija, quiero decirte que esta noche marca el comienzo de nuestras vidas juntos. —Luego sacó una caja; y mostrándola a Octavia la abrió—.
       En la caja yacía un magnífico anillo de diamantes, grande y brillante, con ocho pequeños diamantes que lo rodeaban.
       Stolas continuó:
       —Ahora que ha llegado tu decimoctavo cumpleaños. —Comenzó Stolas—. Y aunque pueda parecer extraño para mí preguntar, creo que hoy podría ser el momento más feliz de mi vida. ¿Quieres casarte conmigo?
       A lo que Octavia respondió:
       —¡Oh, papá, sí, oh, por favor, déjame!
       Y con eso, Stolas colocó el anillo en el dedo de su hija y la besó apasionadamente.
       Estaba feliz. ¡Muy, muy feliz de hecho!
       Pero al mismo tiempo Octavia tenía miedo. Desde el día del anuncio por televisión, sintió que todo se le había ido de las manos, al principio todo lo que quería era que su padre nunca se apartara de su lado, pero cuando Stella descubrió sus trucos sucios, actuó por miedo; Y, por lo tanto, su padre se quedó solo para manejar la situación. Aun así, ella lo amaba, amaba a su padre con todo su corazón. Todo había salido más o menos como lo había planeado, pero por lo mismo temía que en cualquier momento pudiera perderlo.
       Durante el resto de la noche, Octavia se aseguró de no emborracharse demasiado. En cambio, trató de divertirse tanto como le fue posible. Ella sonreía a menudo y se reía más fuerte cada vez que alguien contaba un chiste o una historia divertida. 
       La noche llegaba y ahora era hora del discurso de Stolas. No pasó mucho tiempo antes de que se levantara de su asiento.
       —Deseo agradecerles a todos ustedes aquí esta noche. —Comenzó Stolas—. Gracias por hacer del decimoctavo cumpleaños de mi hija una ocasión tan memorable. Hemos sido bendecidos con una excelente compañía y, sobre todo, una comida maravillosa. ¡Ahora debemos beber para la salud de la futura novia!
       Con eso Stolas vertió más vino en las copas.
       —Brindaremos por la felicidad de la futura Reina del Infierno.
       Con eso, todos bebieron.
       Así Stolas finalmente podía estar con la certeza de que cumpliría su cometido de hacer las cosas bien, y como se debían hacer. Su mayor miedo había sido vencido, si decía que sí; cómo lo hizo, se dejaría caer finalmente en la felicidad. Y de haberlo rechazado, sin embargo, nada lo hubiera salvado de la desesperación. Era todo o nada esa noche. El corazón sabe más, y a veces hace extrañas demandas a su amo. Esto fue ciertamente el caso con Stolas. Su corazón exigió que buscara a Octavia de inmediato y le propusiera matrimonio, desde aquel día. No parecía haber otro camino abierto para él. Porque, aunque él la amaba mucho, siempre había sido evidente que ella también se preocupaba mucho, aunque nunca abiertamente hasta hace poco. Ahora todo estaba resuelto.
       Por parte de Octavia. Si alguna vez llegó un momento en que una joven sabía exactamente cómo se sentía hacia un pretendiente, este seguramente debe haber sido ese momento. Con cada fibra de su ser, Octavia deseaba al hombre que estaba a su lado. Sus ojos brillaron de alegría al verlo. En su pecho latía el batir de las alas hechas por el amor. ¡No es de extrañar que apenas pudiera hablar!
       Y ahora el pobre Stolas también se quedó sin palabras. ¿Podría haber algo malo con él? Seguramente te parecía bastante normal. Pero no podía encontrar palabras para pronunciar una sola sílaba. Él simplemente miró tontamente su hermoso rostro, mientras ella lo miraba en éxtasis. Todo lo que quería hacer era besarla de nuevo, una y otra vez.
       En verdad, todo el mundo a su alrededor parecía repentinamente iluminado por la belleza. Un arcoíris se elevó sobre ambos. Las flores brotan de la nada, derramando pétalos por todas partes. Los árboles agitaban sus ramas en bienvenida a dos amantes recién unidos. Incluso las nubes mismas se volvieron luminosas, como si cada nube tuviera dentro de sí un pequeño sol brillando a través de su sustancia.
       ¡Oh querido yo! Me estoy dejando llevar. Déjame dejar de decir tonterías e ir al grano. Tal vez no creas todo lo que he dicho sobre estas cosas. Sin embargo, piensa en lo maravilloso que suenan. Deberían despertar tu imaginación. ¿Por qué si no los escribiría?
       Como decía, el pobre Stolas finalmente logró tartamudear algo.
       —¡Mi amor! —Gritó él—. Soy tuyo para siempre.
       La besó tiernamente. Luego se quitó la corona y la colocó sobre su cabeza. La llevaba con orgullo y amor.
       Ahora era el momento de que los invitados tuvieran sus propios discursos.
       Loona habló primero, diciendo:
       —No podía creerlo al principio, cuando viniste a mí para hablar sobre lo que estaba pasando. —Comenzó Loona—. Solo espero que sepan lo que hacen.
       Luego vino Blitzo, quien dio un breve pero conmovedor elogio:
       —Sabes, conozco a Stolas prácticamente desde siempre. —Comenzó Blitzo—. Desde que era un niño. Siempre fue tan tonto y extraño. Así que me alegro de que haya encontrado una buena chica como tú para cuidarlo, satanás sabe que no podía hacerlo yo. Solo pídele que se lave el culo si alguna vez quiere sentarse en tu cara.
       Octavia estaba asombrada por el comentario, Moxxie; que estaba sentado a su lado, le dio un zape en la nuca.
       Finalmente, Millie se acercó y dijo:
       —Como todos pueden ver, Octavia es bastante hermosa. —Comenzó Millie—. Su rostro brilla con juventud y vida. Pero también brilla con amor y bondad. Por estas cualidades será una excelente novia y esposa.
       Era el turno de Moxxie, que de tanto tomar ya estaba algo borracho.
       Se puso de pie y levantó la voz para que todos los presentes pudieran escuchar.
       —¡Que Lucifer bendiga la unión entre él exnovio de mi jefe y su hija, y que vivan felices juntos hasta que la muerte los separe! Y eso que somos inmortales; casi.
       De inmediato, todos vitorearon en voz alta. El ruido se hizo cada vez más fuerte, hasta que finalmente los dos amantes se abrazaron y se besaron. Se abrazaron y lloraron lágrimas de alegría, y luego se fueron a la cama, dejando atrás una feliz multitud de amigos.
       De vuelta en la sala del Trono, todos estaban cuidando a Blitzo, pues después de lo sucedido no podían dejar de pensar en cómo afectaba esto a su corazón, pero en realidad estaba bien, como si finalmente hubiera dejado ir su amor por Stolas. De hecho, parecía bastante complacido. Desde la última vez que le habló caprichosamente; el día que se peleó con Moxxie y regresó con Verosika, si había cumplido su palabra, y poco a poco mejoraba en el manejo de sus emociones.
       Después de que las festividades se calmaron, todos se fueron a casa.
       
       ***
       
       Pasaron las semanas después de la fiesta, hasta que un día; Blitzo, Loona, Moxxie y Millie, todos recibieron una carta. Era una invitación para la boda de Stolas y Octavia. Explicando no solo que fueron invitados, sino que también les pidió que trabajaran como seguridad para el evento. Habían sido contratados con un salario alto, porque habría muchos demonios asistiendo de todos los lugares del infierno, muchos del Ars Goetia.
       La mañana siguiente llegó rápidamente, con los cuatro preparándose con sus mejores atuendos. Cada uno llevaba trajes oscuros y pajaritas negras a juego. Tan pronto como llegaron al parque donde se llevaba a cabo la ceremonia, comenzaron a trabajar. Sus trabajos fueron los siguientes: Loona tenía la tarea de ser la que llevara a Octavia al altar, Blitzo tomaría el lugar del padre de Stolas, acompañándolo a su lado, Millie y Moxxie vigilarían la entrada.
       Como todas las bodas, primero hubo un inicio de Ceremonia, quien; para sorpresa de todos, fue manejado por nada menos que Asmodeus. Después de esto, los invitados comenzaron a llegar. Entre estos demonios se encontraban Satanás mismo, Lucifer, Belcebú, Baphomet, Belphegor, Baal, y así sucesivamente ... ¡Todos los demonios parecían poder destrozar a cualquier hombre mortal sin sudar! Y cada vez que alguien nuevo entraba por la puerta, parecía que aparecían demonios cada vez más poderosos. Muy pronto, había más de doscientos demonios presentes, la mayoría de los cuales eran fuertes. Todo el tiempo de silencio entre la fiesta de cumpleaños y la boda ahora cobraba sentido, no hace falta mencionar que Stella no había sido invitada; sin embargo, su hermano Andrealphus si –pero por petición de su hermana no asistió.
       Recordemos también una costumbre humana, que en las bodas de la realeza; todos están invitados. Eso incluía a el pueblo, que en este caso era cualquier otro habitante del infierno. Sin embargo, para mantener el orden ellos esperarían afuera. Moxxie y Millie se encargarían de eso.
       Asmodeus comenzó su inicio diciendo un par de chistes inapropiados y preparando a todos para la boda.
       Tan pronto como terminó, la procesión pudo comenzar. Todos tomaron sus posiciones, excepto Loona, cuyo trabajo era acompañar a Octavia al altar.
       Stolas está de pie en la capilla, luciendo impresionante en su traje de boda. Ve entonces a Blitzo de pie a su lado.
       —¿Blitzy? ¿Qué piensas? —Pregunta nerviosamente—.
       —S-se ve bien. —Dice Blitzo—.
       —¡Y ahora, hagamos que la novia camine por el pasillo! —Grita Asmodeus—.
       Lentamente, Octavia se dirige al frente de la iglesia, sonriendo mientras la gente aplaude. Ella sube los escalones hacia la capilla. Una vez que llega al escalón superior, se detiene. Cuando ella se acerca a Stolas, él le sonríe, tratando de calmar sus nervios.
       Octavia llevaba un hermoso vestido. Era blanco y plateado. Las plumas de su cabeza estaban hechas en un moño. A un lado de su cabeza se colocaron tres peines de oro, cada uno con joyas. Encima de su frente había una corona hecha de oro y gemas. Debajo de su vestido, llevaba una larga faja roja atada a la cintura. En ambas manos se llevaban ramos de rosas y lirios. Una vez frente a Stolas, se las dio a Loona, quien luego se hizo a un lado sosteniendo las flores.
       Stolas miró a su hija llena de alegría y amor. Era su segunda boda, pero la primera por la que se sentía realmente feliz y emocionado de participar.
       Fue entonces cuando el oficiante, Asmodeus, habló a la audiencia y dijo algunas palabras antes de los votos reales.
       —¡Damas y caballeros! ¡Estoy muy contento de darles la bienvenida aquí hoy, para presenciar el matrimonio de mi amado señor oscuro, Stolas, y su hermosa hija, Octavia! Esperamos que disfrute de su estancia y si algo sucede durante el evento, por favor notifíqueme inmediatamente. Especialmente si es divertido.
       Después del discurso, el demonio oficiante se volvió hacia Stolas, dándole una mirada severa.
       —Ahora, ¿podemos comenzar?
       Con un movimiento de cabeza, Stolas asintió.
       Y de esta forma comenzaron los votos.
       —Yo, Stolas, prometo entregarme completamente a Octavia y hacerla sentir amada. Si algo sucediera para hacer que nuestra relación se rompiera, prometo permanecer siempre fiel a su memoria. Además, juro no traicionarla ni hacerle daño, sin importar el costo. Así que ayúdame Lucifer, Amén.
       Una vez terminado, el oficiante tenía una sonrisa malvada en su rostro.
       —Yo, Octavia, prometo seguir el ejemplo de mi padre, obedecer sus órdenes, respetarlo y apreciarlo por encima de todo. Si algo sucede para destruir a nuestra familia, me comprometo a nunca olvidarlo. Así que ayúdame Lucifer, Amén.
       De inmediato, el oficiante comenzó a hablar de nuevo.
       —Por el poder investido sobre mí por el Señor Oscuro mismo, ahora los pronuncio marido y mujer. Puedes besar a la novia. —Luego se río porque sabía que todavía había mucho más por recorrer.
       Asmodeus sacó una pequeña caja de debajo del altar. En su interior había un anillo hecho de diamante sólido. Los diamantes fueron cortados perfectamente para que cada uno brillara maravillosamente.
       Abrió la caja, revelando el anillo dentro. Sostuvo la caja frente a Octavia, asegurándose de que todos pudieran verla claramente. Luego, recogió el anillo y se lo entregó a Stolas.
       Stolas puso el anillo en el dedo de Octavia.
       La boda continuó, Asmodeus volvió a su asiento y un sacerdote continuó con la ceremonia relatando un equivalente bíblico de lo que diría una misa católica o cristiana, hablando de lo malévola y destructiva que esperaba fuera la unión. Hacia énfasis en la unión de Lucifer y Lilith, hacia oda a Satanás y su valía al retar a dios incluso después de ser desterrado, continuó con la blasfemia hasta el momento de la verdad, cuando le preguntó a Octavia:
       —¿Tomas a este hombre en la muerte por el resto de tu vida antinatural?
       —¡Sí! —Dijo Octavia sin dudarlo—.
       Entonces el sacerdote se acercó a Stolas y le hizo la misma pregunta.  —¿Y tú, Stolas? ¿Aceptas estos términos?
       —¡Por supuesto! —Respondió Stolas, poniendo su mano sobre la de Octavia.
       —Los declaro, marido y mujer. —Declaró el sacerdote—. Puede besar a la novia.
       Stolas y Octavia se besaron apasionadamente con amor.
       Los invitados aplaudieron en voz alta después de ver una escena tan maravillosa entre dos personas profundamente enamoradas. Después de que los aplausos se calmaron, el oficiante habló una vez más.
       —Oremos...
       —Querido Señor Satanás. —Comenzó el oficiante—. Le agradecemos por concedernos otro día, permitiendo que todas nuestras vidas continúen. Que la bendición de tu nombre sea sobre esta pareja y sus hijos para siempre.
       Y así la boda había acabado felizmente, y era hora de que se la fiesta de verdad empezara.
       La velada fue igual o aún más maravillosa que la fiesta de cumpleaños. Había una mesa repleta de regalos para los recién casados, comida por doquier, alcohol, música, todo lo que pudieras imaginar.
       
       ***
       
       En la escena actual podíamos observar a Millie y Moxxie que estaban aún en la entrada. Aunque nadie sería tan estúpido como para interrumpir una fiesta de demonios tan poderosos, Stolas les había dicho por privado la tarea que verdaderamente llevarían a cabo: Que Stella no apareciera. El resto de su trabajo era prácticamente nada comparado con la importancia de esa orden.
       Stolas no tenía nada en contra de su hermano, creía que era arrogante y un imbécil; pero no lo suficiente como para segregarlo. Lo mismo pensaba del 99% de los demonios que asistieron a la boda, pero no ser invitado a un evento que podría considerarse público era una daga que pensaba usar para dañar el ego de su ex mujer.
       Y así como me molesto en explicar esto, es claro que pasó durante la noche, y quien se apareció frente a la puerta principal. Inmediatamente detenida por Moxxie: Stella, acompañada por su hermano.
       —Lo siento, no puede pasar ella. —Les detuvo Moxxie—.
       —Te dije que no tenía caso venir Stella. —Andrealphus dijo en un tono cansado, parecía que había tenido una larga conversación al respecto con su hermana—.
       —No vengo a la fiesta. —Señaló Stella—. Te busco a ti.
       —¿A mí? —Moxxie estaba sorprendido—.
       —¿Qué quiere usted con mi Moxx? —Se ofendió Millie—.
       —Si, ¿Qué quieres con él? —Añadió Andrealphus—.
       Stella hizo un gesto de molestia, no pensaba darle explicaciones a nadie, pero era claro que tenía que responder la pregunta. Stella había ido a la fiesta para ver a Moxxie, desde la situación en la playa, se había sentido interesada en el pequeño imp. No podía entender porque lo hacía; pero no podía dejar de pensar en él. Estaba pasando por una fase donde nada de lo que pasaba a su alrededor tenía sentido hasta después de haber pasado. Y después te preguntas, ¿Cómo es que no lo vi venir?
       Ella vio fijamente a Moxxie en la entrada. Se veía tan lindo; tan guapo. Su cara tan radiante como siempre. Stella se acercó aún sin decir una sola palabra. Después el volteó a verla fijamente a los ojos, grandes, brillantes e inocentemente serios. El momento se sentía extrañamente correcto.
       —Te ves bien. —Dijo Stella—.
       Moxxie estaba completamente sacado de juego, no entendía lo que pasaba o lo que quería Stella, él simplemente se le quedó viendo por lo que parecía una eternidad. De repente, Stella empezaba a arrepentirse.













El baile del cisne



       «¿Qué hago aquí? ¡Esta no soy yo! No soy alguien que debería estar haciendo estas cosas, ¿Qué tal si alguien nos ve y toma la idea errónea? ¿Por qué mi corazón se calienta cuando estamos cerca? ¿Es esta una fase? ¿Verdad?» Pensaba Stella en ese momento. Poco a poco realizando que cometía un error. Pero no importa que tanto Stella intentaba alejarse de allí no podía evitar quedarse viendo profundamente a los ojos de Moxxie. Su mirada la hacía sentirse vulnerable y despreocupada.
       Repentinamente, Moxxie agarró a Stella de la mano y la jaló hacia él. Stella se impactó del movimiento tan súbito. Su cabeza daba vueltas y sus pies se volvían gelatina.
       Una parte de Stella sabía que no podía permitirse el verse de esta forma. Pero más importante para ella era entender que tan real era el sentimiento que la invadía. Así que, en vez de soltarse, tomó su mano con fuerza mientras la escoltaba por la calle.
       Caminaron en silencio por unos segundos. Ninguna palabra fue intercambiada por un tiempo, pues Stella necesitaba entender lo que sentía ahora y solo pasando tiempo con él podría entenderlo. Finalmente, después de unos pasos Moxxie rompió el silencio.
       —No entiendo que intenta hacer señora, pero no va a entrar a la fiesta. —Habló Moxxie mientras hacia una señal a un taxi—.
       Moxxie entonces vio un taxi responder a la señal e inmediatamente se encaminó de regreso a la entrada con Millie y Andrealphus que esperaban un tanto atónitos por la escena.
       Stella se quedó viendo igual de impactada como Moxxie se iba completamente estoico por la situación. Incapaz de comprender lo que pasaba mientras el taxista tocaba el claxon una y otra vez, y al ser ignorado se molestaba y se marchaba.
       Stella corría a alcanzar a Moxxie y le tomaba del hombro, volteándolo para que le viera de frente una vez más. Millie, sin embargo, que observaba todo en silencio desde un principio –comenzaba a molestarse.
       —Señorita, si quiere algo con mi esposo dígalo de una vez. —Millie la confrontó—.
       Stella al escuchar esas palabras sintió como si algo dentro de ella se destrozaba. Pero de esa destrucción nacía una flama viva de competición, no podía evitar sentir que había ganado una contrincante que debía derrotar; pero aún no aceptaba el por qué.
       De esta forma Stella quedó en silencio, y tratando de esconder sus emociones ignoró a Millie y se volteó mejor a ver a su hermano.
       —Vámonos. —Le dijo fríamente—.
       Andrealphus aun extrañado simplemente cumplió el capricho de su hermana y se volvieron.
       El resto de la velada pasó sin gran augurio para los recién casados y sus invitados. Cuando dio la hora todos se marcharon a sus hogares y como hechizo del hada madrina; a la mañana siguiente todo volvió a lo que solía ser.
       Pero el nuevo capítulo de la vida de Stella apenas comenzaba y era ese tropezado pero pequeño paso lo que daba la batuta para lo que se vendría después.
       
       ***
       
       Esa mañana Stella había amanecido con un plan, ya anteriormente había mandado investigar a Blitzo; por allí cuando el amorío con Stolas recién había comenzado –y sabía de I.M.P y su trabajo. Con el tiempo se llegó a enterar de que fueron ellos quienes arruinaron sus planes de usar a Striker para matar a Stolas y muchas otras cosas más. Era hora de usar esa información a su favor.
       Levantó entonces el teléfono y se le quedó viendo por varios minutos; practicaba lo que diría, o cómo lo diría. Guardaba el teléfono y lo volvía a sacar. Esto se repetía unas dos veces hasta que juntó las fuerzas que le faltaban y marcó a la oficina.
       —I.M.P., le atiende Loona. —Se escuchó por el altavoz—.
       Stella quedó en silencio por un instante, respiró hondo y habló.
       —Buenos días, supe que fueron ustedes quienes formaron parte de la seguridad de la boda de Stolas. Y requiero de un servicio similar. —Respondió Stella—.
       —Un momento por favor. —Loona contestó—.
       Al fondo se escuchaba a Loona gritarle a Blitzo para que tomara el teléfono, explicándole el tipo de llamada que era. A Blitzo empezaba a molestarle la idea de ser seguridad privada, eran una agencia de asesinatos. Hacía el favor a Stolas por obvias razones, pero no era su giro. Sin embargo, tomó la llamada y con tono ofendido contestó.
       —Si, eh, señorita. Nosotros asesinamos gente, no la cuidamos. —Dijo Blitzo casi gritando—.
       —Pagaré el triple de lo que cobren. Solo necesito a uno de ustedes; el pequeño del moñito me bastará. —Stella refutó, sonaba casi suplicando o rogando—.
       —¿Moxxie? —Preguntó sorprendido Blitzo—.
       —Si, él. Pagaré lo que haga falta. —El tono de voz de Stella pasaba a ser uno de júbilo—.
       Blitzo sucumbía a su debilidad más grande después de los caballos. El dinero.
       —Muy bien ¿Dónde lo quiere?
       Stella entonces dio la dirección de una cafetería cerca de su mansión. Pensaba que si daba la dirección directa sabrían quién era y el plan fallaría; pero la verdad es que a Blitzo poco le importaba, lo que él tenía en su mente en este momento era el dinero.
       —Y que llegue lo más pronto posible. —Concluyó Stella antes de cortar la llamada—.
       La llamada había concluido, pero ¿Ahora qué? Stella empezaba a entrar en pánico repentinamente, se quedó viendo a su teléfono fijamente como si por alguna razón fuera a sonar. Pasó un minuto antes de que reaccionara a lo que hizo y de inmediato se regresó a su cuarto, se arregló de forma casual para la ocasión, con un pantalón corto y una blusa suelta, su idea era verse de forma que no fuera muy provocativa pero lo suficientemente sensual. Una vez escogido su atuendo se revisó dos o tres veces más frente al espejo y se dirigió sin pausa alguna a la cafetería donde había citado al pequeño imp. Y como novela romántica ambos llegaron al mismo tiempo, lo que causó que Moxxie se detuviera en seco al ver quien era la cliente, primero en la playa y después en la fiesta, Moxxie empezaba a ver un patrón molesto en esta mujer.
       —¿Tú? —Preguntó Moxxie—.
       —N…no te vayas. —Respondió Stella, que tan pronto lo vio volvía a ponerse como una romántica, su tono de voz cambiando a uno más dulce que de costumbre—. Puedo explicarlo.
       —Mira, no me importa los problemas que tengas con el señor Stolas, pero no te voy a ayudar a hacerle daño si eso es lo que quieres. —Moxxie se ponía a la defensiva—. Además, lo que hiciste difamando a tu propia hija en el periódico, deplorable, deberías sentirte avergonzada.
       Stella trataba de no ofenderse o explotar ante las palabras de Moxxie, se sentía juzgada e insultada, pero a pesar de eso tenía la fuerza para contenerse. Definitivamente él era un caso especial para ella para tenerla contra las cuerdas de esta forma.
       —M…mira, toma asiento. Lo explicaré todo, lo prometo. —Stella caminó rápidamente a una mesita en el área de afuera de la cafetería, moviendo una silla para invitar a Moxxie a sentarse—.
       Y como la curiosidad mató al gato, embrujó al tlacuache. Moxxie se sentó un tanto inocente y Stella le siguió; sentándose del otro lado. Stella se alegró de ver a Moxxie finalmente accediendo; completamente olvidando que de cierta forma no tenía opción por ser trabajo –ella estaba completamente centrada en el pequeño que adorablemente portaba su trajecito con moño rojo.
       —¿No quieres un café? Yo lo invito. —Continuó Stella la conversación haciendo una señal a un mesero antes de que Moxxie pudiera negarse—. Yo tomaré un frappuchino.
       Con cada palabra que decía se sentía más nerviosa y poco a poco Moxxie se daba cuenta de este patrón, lo que levantaba su interés y se volvía cómplice de lo que sea que Stella tenía planeado, si es que tenía un plan en lo absoluto.
       —Que sean dos. —Continuó Moxxie—. El mío sin crema batida.
       “Enseguida”, contestó el mesero y se retiró.
       —Entonces, ¿Qué es lo que quieres conmigo? ¿Por qué yo? —Empezó a interrogarla—.
       Stella estaba en completo silencio. No sabía cómo responder esas preguntas, ella simplemente seguía una corazonada y esta le decía que debían estar juntos. Se le quedaba viendo como una niña que sabe que hizo algo malo y espera que con una mirada adorable y tierna no la castigaran.
       —¿Al menos podrías explicarme tu odio a Stolas? Entiendo que te engañó con mi jefe, pero no explica por qué tanto odio. —Continuó Moxxie intentando sacarle la verdad—.
       Cuando finalmente Stella había encontrado palabras para hablar llegó el mesero de vuelta con las bebidas, solo que había un problema. La de Moxxie tenía crema batida.
       —¡¿Es que acaso eres sordo?! —Gritó Stella—. ¡Dijo que sin la crema!
       Stella parecía que estaba lista para arrancarle la cabeza al pobre mesero.
       —Está bien, está bien. —Intervino Moxxie un tanto espantado—. Solo la quitaré yo mismo.
       Stella estaba un tanto sorprendida por Moxxie, que parecía no causarle molestia el error, mientras a ella parecía causarle una frustración incontrolable.
       —P…pero Moxxie… —Stella volvía a parecer un cachorro castigado bajando su tono de voz—.
       Moxxie simplemente retiró la crema batida con la cuchara que venía incluida y la colocó en una servilleta.
       —¿Ves? Listo. —Le calmó Moxxie—.
       Stella quería entender la pureza de Moxxie, y quería entender que la llevaba a actuar de esta forma solo con él. Al mismo tiempo, Moxxie no podía evitar sentir curiosidad por todo esto, por lo que él entendía de la situación –que era solo información proveniente de lo que llegaba a decir Stolas en algún contexto, Stella era una terrible persona. ¿Entonces quién es esta mujer? Que pareciera que en cualquier momento va a correr despavorida. Decidió entonces tomar una ruta distinta a la confrontación que llevaba manejando hasta entonces.
       Podrías decir que Moxxie sintió lastima en ese momento, que entendía que tal vez había algo más a todo esto; y no lo puedes culpar –después de todo lo que fue obligado a vivir con Blitzo y su inestabilidad emocional. Moxxie se había vuelto algo así como un gurú del arte de escuchar.
       —¿Frecuentas mucho esta cafetería? —Preguntó Moxxie—.
       Stella se sorprendió por el cambio de actitud de Moxxie, y lo recibió con alto agrado.
       —¡Si! Es mi favorito; y el más cercano a mi casa. —Stella respondía alegre—.
       En realidad, la cafetería no era nada especial, era como cualquier otra. Mesas afuera, mesas adentro. Baristas detrás de una barra repleta de distintos productos a la venta atendiendo como muertos vivientes por ocho horas al día. El café apenas sobrepasaba la categoría de mediocre; tanto como el servicio. Y la decoración daba mucho que desear, monótonamente blanca de todas partes.
       Pero era verdad que era el más cercano, desde el punto de vista de Moxxie, podías ver la mansión detrás de ella a no más de una cuadra de distancia.
       —¿No te gusta? —Preguntó Stella a continuación—.
       —No sabe igual o mejor a lo que he probado, pero…
       —¡Ahora van a ver! —Se encendió Stella con violencia otra vez, interrumpiendo a Moxxie—.
       —¡No es malo! —Moxxie rápidamente continuó en voz alta para calmarla—. Necesitas controlar más tus emociones.
       Stella inmediatamente se apenó por su actitud mientras su corazón se aceleraba sin razón que entendiera. Además, ella conocía la calidad de ese café.
       —Lo siento. —Dijo Stella—. Es solo que... Últimamente no he sido yo misma.
       Ella miró hacia abajo evitando ver a Moxxie. Hacía que su corazón sufriera una gran tristeza. Pero después él le sonrió de nuevo, y el dolo se había ido. Y nuevamente había comodidad entre los dos, permitiendo que continuaran en la cafetería unos minutos más.
       Moxxie no tenía idea de a que se refería Stella con “ella misma”. Para él que la conocía tan poco no tenía una imagen de referencia para saber cómo era la verdadera Stella, más allá de todo lo que decía Stolas al respecto. Así que no sabía cuan mal se sentía Stella o porque actuaba como lo hacía en este momento. Todo lo que sabía es que estaba triste, y que necesitaba a alguien a su lado para hacerla feliz –y una parte de él quería ser ese alguien.
       Pero Stella se siente culpable. Porque, aunque ella quiere pasar tiempo con Moxxie, ella no sabe cómo. Su mente se queda en blanco tan pronto intenta hacer algún tipo de conversación. A veces riéndose demasiado que pareciera que va a llorar. Otras veces se enojaba sin saber por qué. Estos son sentimientos buenos. Mejor que no tener ninguno como normalmente lo aparenta. Pero ella en ese momento deseaba saber cómo ser normal; como todos los demás.
       Ya faltaba poco para la hora de comer, y ahora caminaban por las agitadas calles de Orgullo. Creaturas de todos los tipos con las manos llenas de compras, algunas cargaban bebes o traían alguna mascota. Stella estaba guiando a Moxxie a un lugar en específico, un parque donde pudieran sentarse bajo un árbol y relajarse.
       —Mira. —Dijo Stella, apuntando al cielo—.
       Un grupo de aves volaba sobre de ellos en círculos. Moxxie seguía su vuelo con la vista. Los veía ir primero de una forma y después de otra, volaban en el sentido de las manecillas del reloj, después volaban en el sentido opuesto. Por un momento creía entenderlas, pero después se daba cuenta de que no era así. Sin embargo, era bello pensó, ¿No crees? Quizá a Stella si le gustaba.
       —¿En qué piensas? —Preguntó Stella, volteando a verlo una vez más.
       —En nada. —Respondió Moxxie negando con la cabeza—.
       El seguía intentando entender la personalidad de Stella. Nuevamente un minuto podía verse feliz y repentinamente se veía tan triste que pensabas que estaba a punto de llorar, y él quería llorar con ella. Luego reiría tan fuerte como sus pulmones le permitían, era claro que ni ella misma podía evitarlo. Así que decidió simplemente estar cerca de ella, pacientemente a que por su cuenta encontrara tierra.
       —Muy hermoso ¿No crees? —Stella finalmente habló—. Tan libres.
       Moxxie asintió con la cabeza, pero una vez volteó nuevamente al cielo, los pájaros ya no estaban.
       Cuando llegaron al parque, Stella y Moxxie encontraron el lugar perfecto debajo de un gran árbol. Las hojas sonaban suavemente sobre de ellos y el viento era suave y gentil. Aves cantaban cerca desde arboles cercanos. Era muy tranquilo allí. Ambos parecían extasiados de haber escapado del ruido de la multitud.
       Ambos se sentaron con sus espaldas contra el tronco del árbol, y Stella tomó la mano de Moxxie. Él se sintió cálido y reconfortado. En vez de soltar la mano de Stella, la tomó con fuerza y cruzo sus garras con las de ella, cerrando los ojos. La suave brisa soplaba a través de las ramas y olía fresco y dulce.
       —Solía venir aquí todo el tiempo cuando era más joven, con mi papá. —Dijo Stella—. Nunca supe por qué, supongo que era algo que disfrutaba hacer. Incluso con forme crecía seguía viniendo así fuese sola. Creo que me ayudaba a alejarme de las cosas.
       Moxxie solo se limitaba a escucharla en silencio mientras continuaba su monólogo.
       —Si quieres. —Dijo Stella—. Puedes quedarte aquí conmigo. Podemos recostarnos y descansar un poco. No te preocupes. Nadie nos molestará. Este parque siempre está solo a esta hora del día. Podrías dormirte y soñar lo que quieras y como quieras.
       Moxxie vio hacia arriba a los brillantes Ojos de Stella. Ella le sonrió, pero era una sonrisa triste. Como si deseara poder hacer lo mismo, pero no pudiese hacerlo por más que lo intentara. Como si algo o alguien bloqueara su posibilidad de soñar en todas esas cosas que de verdad quería.
       —Por favor. —Dijo Stella—. No me hagas pedírtelo dos veces. Es mal visto rechazar la solicitud de una dama.
       Así que Moxxie se relajó en el pastoso suelo y cerró sus ojos. Podía sentir a Stella recostarse a su lado, y cuando abrió sus ojos pudo verla sonriéndole de frente. ¡Que maravilloso! Moxxie pensaba para sí mismo. No podía describir su felicidad, pero quería sentirla todos los días.
       Pero entonces Stella comenzó a llorar. Moxxie la acercó a sí mismo. Puso sus manos alrededor de ella, Stella olía a flores, no pudo evitar acariciar su mentón secando sus lágrimas mientras ella empujaba su rostro contra su mano.
       —Como lo extraño.
       Moxxie intentaba consolarla. Un impulso lo hizo besarla en la frente mientras acariciaba su plumaje. Después de un tiempo dejó de llorar y se inclinó hacia él.
       —Lo siento. —Dijo Stella—-. Pensaba en alguien, no pude evitarlo, saber que no volvería a verlo de nuevo. Lo siento. —Continuó, viendo a Moxxie a los ojos—. ¿Crees que me amaba?
       Stella se refería a Andras y como solía hacer lo mismo con él cuando tenían una cita. Ella finalmente lo entendía, se sentía de la misma forma que cuando estaba con él, pero ahora con Moxxie.
       Moxxie no tenía idea de lo que hablaba Stella, ¿Se refería a Stolas?
       —Si. —Dijo Moxxie—. Seguro que sí.
       —Desearía haber pasado más tiempo con él, conocernos más. Antes de que muriera. ¿Por qué pasó? De haber sabido, tal vez... el no habría...
       Moxxie negó con la cabeza, no se refería a Stolas, pero claramente se refería a alguien importante para ella. Moxxie no sabía que pasaba con Stella en ese momento, ¿De quién hablaba tan repentinamente entonces? ¿Se refería a su padre? Dijo que este era su lugar predilecto. No podía pensar en nadie más que le pudiera causar tanto dolor y la información era limitada.
       —Tal vez no estaba destinado a cuidarme por siempre. —Dijo Stella—. Tal vez solo tenía que hacerlo lo suficiente.
       Un escalofrío recorrió el cuerpo de Moxxie. ¿Si hablaba de su padre? Moxxie tocó su hombro y dijo:
       —¿A qué te refieres?
       —Una estupidez. —Dijo Stella—. No lo entenderías.
       Moxxie no dijo nada más, porque sabía que Stella estaba sufriendo por dentro. El entendía lo que decía, pero no a lo que se refería.
       —Desearía tener el poder para regresarlo a la vida. —Continuó Stella—. Desearía viajar en el tiempo y tomar las decisiones correctas.
       Moxxie se sentó y vio a Stella a los ojos. Era tan hermosa, repentinamente sentía deseos de besarla, pero no se atrevía. Además, estaba dolida. ¿Quién se creía para aprovecharse de esa forma?
       —¿Podrías sostenerme mientras duermo? —Preguntó Stella—.
       —Claro. —Continuó Moxxie—. Lo que gustes.
       Así que Moxxie tomó su mano y se acostó junto a ella en el pasto. Extendió su mano para abrazar su cálido cuerpo, y la sostuvo fuerte contra él. Hundiendo su cabeza en el plumaje de la cabeza de Stella, oliendo profundamente su aroma. Olía a flores.
       Moxxie acarició su mejilla.
       —Ya no tienes que llorar. —Le susurró—.
       —Lo extraño. —Le respondió—. Y no he sabido como pasar de este punto.
       Moxxie podía sentir a Stella presionarse contra él. Después se dio cuenta de lo que quería, se reacomodó y dejó que se acostara sobre sus piernas, usándolas como almohada.
       —¿Estás segura de esto?
       —Si, lo estoy. —Dijo Stella—. La verdad es que esperaba poder hacer esto desde que te conocí, no sé por qué.
       Stella veía hacia arriba, mirando el rostro de Moxxie, él podía sentir su mano tocando su mejilla, y el veía fijamente los ojos de Stella. Su pico tan cerca pero tan lejos. Un instinto dentro de él quería besarla, pero sabía que no debía.
       Después se dio cuenta de que ella veía otra cosa que no era él. Cuando alzó la mirada vio una mariposa que revoloteaba sobre ellos. Los ojos de Stella seguían a la mariposa hasta que se fue volando.
       Stella sonrió.
       Ambos siguieron hablando hasta que el sol se puso, pero eventualmente Moxxie tenía que irse, así que le dio su número de teléfono. Stella prometió llamarlo mañana.
       Pero él sabía que ella estaba aún muy triste.
       Moxxie se fue sin más palabras.
       Esa noche Stella se quedó acostada despierta por horas, pensando en cómo había ido la “cita”. Nunca se había sentido de esa manera por años. Tan vulnerable. Le recordaba de sus días con Andras.
       «¿Cuánto tiempo me sentiré de esta forma? Se preguntaba a sí misma. ¿Algún día me sentiré mejor? ¿Algún día podre olvidarlo?»
       Decidió que no llamaría a Moxxie, no quería empeorar las cosas, seguro lo espantó terriblemente con su crisis emocional, además era un hombre casado ¿Quién se creía que era? No era una roba maridos. Además, tenía miedo de hablar respecto a lo que pasó, estaba segura de que Moxxie no entendería.
       Se quedó así por tanto tiempo que para cuando se durmió ya había salido el sol.
       Al día siguiente a ese, se despertó temprano pues tenía cosas que hacer. Pero seguía ansiosa por escuchar de Moxxie. ¿Y si él llamaba? ¿Contestaría el teléfono? Ella se preguntaba estas cosas hasta que recordó que nunca le había dado su número.
       Se empezó a preocupar, debió habérselo dado, pero al mismo tiempo, creía imposible que Moxxie le marcara.
       «Quizá ahora se olvide de mí.» Pensó con esperanzas. «Quizá siga con su vida como si nada.»
       Se sentía tan decaída, casi no se da cuenta de que su teléfono estaba sonando. Su corazón se saltó un latido con emoción cuando se dio cuenta de quien era.
       —¿Hola? —Contestó Stella—.
       —Hola Stella. —Se escuchó decir—. Soy Moxxie.
       —Hola Moxxie... —Respondió Stella tratando de no escucharse emocionada—. ¿Cómo conseguiste mi número?
       —El teléfono de la compañía registra los números que llaman, además se lo diste a Loona para contratarme. Vi tu nombre en la llista y quise llamarte.
       —Oh. —Dijo Stella—. Bueno, hum, gracias por llamar.
       —No hay problema. —Continuó Moxxie—. Perdón si las cosas fueron incomodas el otro día.
       —Yo... también lo siento. Pero disfruté mucho hablar contigo.
       —Si, yo también. Pensaba que podíamos volver a hacerlo.
       —Ok. —Dijo Stella dando su mejor esfuerzo de contener la emoción—. Supongo que podemos vernos en alguna parte.
       —¿Tienes algún lugar en mente?
       Stella rio.
       —El café de la otra vez está bien.
       —¡Genial! —Respondió Moxxie—. ¿Nos vemos a las dos de la tarde?
       —¡Claro! —Stella estaba tan nerviosa que colgó la llamada sin más—.
       «Me pregunto si esto es real.» Pensó para sí misma.
       Faltaba una hora para la hora acodada y Stella andaba por la mansión de arriba a abajo toda nerviosa. Traía un vestido rojo que mostraba su figura de una manera sensual pero conservadora. De verdad se veía hermosa.
       «¿Y si me deja plantada?» se preguntó. «O si aparece, pero decide irse.» Se tapaba la boca ella misma al pensar estas cosas.
       —-¡¿Porque no puedo relajarme?! —Gritó Stella—.
       —Porque estás enamorada. —Dijo burlándose Andrealphus—.
       —¿Lo estoy? —Se preguntó Stella—. Espera. ¿Qué mierda?
       Stella no esperaba toparse con su hermano y mucho menos que supiera lo que pasaba.
       —Oh, hermana, ¡Eres tan obvia! —continuó—. Se cómo lo viste la noche de la boda. Aprendí varias cosas al pasar tanto tiempo con Asmodeus, ¿Sabes?
       —¡No sabes nada! —Stella estaba increíblemente molesta con su hermano por metiche—.
       —Y ahora vas a ir a verlo. ¿Verdad?
       —¡No! —Gritó Stella—. Digo, sí. Pero no por esa razón, solamente somos amigos.
       —Tu, amiga de un imp.
       —No hablaré. —Dijo Stella—.
       Dicho esto, se salió de la mansión.
       Mientras esperaba a Moxxie sentada en la cafetería, comenzó a recordar la primera vez que supo de Andras. Cómo se enamoró de él, cómo hablaban por horas todos los días. Recordaba como la besó por primera vez. No podía evitar sentir nostalgia y dolor.
       Cuando Moxxie llegó ambos tomaron un café.
       —Entonces, ¿Qué te trae por aquí? —Preguntó Stella tratando de hacer conversación—.
       —Pensaba sobre lo que pasó el otro día.
       —Ya veo. —Contestó Stella un tanto nerviosa—.
       —¿Te puedo decir algo?
       —Claro. —Stella asintió con la cabeza—.
       Moxxie tomó un gran respiro y comenzó:
       —¿Qué te pasó? Stolas no dejaba de hablar mal de ti, pensaba que eras un tipo de villana o algo así.
       —Lo soy. —Stella respondió—.
       —Lo que trato de decir es que, entiendo por qué. —Continuó Moxxie—. Pero también creo que tienes un buen corazón.
       —¿Tú crees? —Respondió Stella intrigada—. ¿Qué te dio esa idea?
       —Como actuaste ese día. Tú también has tenido problemas, ¿Verdad?
       —Más de los que debería. —Stella admitió—.
       —¿Quieres hablar de ellos?
       —No sé si debería.
       —¿Confías en mí?
       —Si, eso creo.
       —Entonces cuéntamelo todo. —Tomó las manos de Stella con las suyas—.
       Ambos terminaron su aperitivo y caminaron por la calle tomados de la mano.
       —Su nombre era Andras. —Dijo Stella—. El hombre por el que lloré.
       —¿Andras? —Preguntó Moxxie—. ¿Era tu padre?
       —Mi novio. —Respondió—. Murió hace años.
       —Oh, lo siento —Continuó Moxxie—.
       —Yo también. —Stella respondió—.
       —Debió ser difícil.
       —Más de lo que crees.
       —¿Qué pasó?
       —Fue asesinado por Paimon, el padre de Stolas. —Dijo en un tono frio y cruel, podías sentir su ira y su dolor en cada palabra—.
       —Oh, migajas.
       —Si. —Stella no entendía ese modismo de Moxxie, pero entendía su intención—. Andras planeaba robar algo de Asmodeus, Paimon; que ya sospechaba de él, lo atrapó y lo asesinó. También sabía de lo nuestro, así que después de matarlo me visitó en la noche con una pluma bañada en la sangre de Andras. Y como no podía matarme, me hizo pagar con mi cuerpo.
       Moxxie se quedó atónito en silencio estupefacto por lo que escuchaba.
       —Oh migajas... —su voz temblaba—.
       Después de un largo silencio continuó.
       —Espera... ¿No podía?
       —Habían arreglado mi matrimonio con Stolas.
       —Creo que ya lo entiendo. Habían arreglado que te casaras con alguien que no amas.
       —Exactamente.
       —¿Stolas sabe de esto? —Preguntó Moxxie.
       —¿Lo que me pasó? No sabe.
       —Quizá sea una buena idea que lo sepa. —Continuó Moxxie—.
       —¿Para qué? ¿Una disculpa falsa y forzada?
       —Para que sepa la verdad.
       —¿La verdad? —Stella sentía un nudo en la garganta—. No puede con la verdad, nunca pudo con la verdad.
       —Solo dile tu lado de la historia, que sepa por lo que pasaste y porque te duele tanto. Le dará una oportunidad de entenderte mejor. —Moxxie trataba demasiado de convencerla—. Te acompaño si necesitas.
       —Gracias, pero no.
       —También podrías disculparte por lo que publicaste en el periódico. Ya sabes, empezar de nuevo.
       —Eso no fue mentira.
       —No te creo.
       —Octavia drogó a Stolas. Conseguí comprar el mismo bálsamo que usó. ¿No te sorprendió que todo fuera tan repentino? Te puedo mostrar.
       Moxxie no podía creer lo que escuchaba.
       —¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué? —Moxxie no podía tragar lo que escuchaba—.
       —No tengo idea. —Stella continuó—. Odio a Stolas, sí. Pero también se lo que es que te obliguen a amar alguien que no amas. No de esa forma. Podrías decir que me sentí mal por el por primera vez.
       —¡Ahora más que nunca entonces debemos hablar con él! —Moxxie había entrado en pánico—.
       —No, decidí dejar todo eso en el pasado. Pueden aprender su lección por su cuenta.
       —Pero... Stolas debe saber.
       —¿Y qué crees que pase cuando acepte la verdad? Piénsalo por un segundo.
       Moxxie se había dado cuenta de que debía ahora él mantener el secreto. Decirle la verdad a Stolas podría ser demasiado peligroso ahora, a pesar de las mejores intenciones, era claro que era una idea terrible. Pero Moxxie también creía que la verdad es un mal necesario. ¿Qué debía hacer Moxxie? Además, por culpa de su curiosidad ahora estaba demasiado metido en todo esto.  Quien sabe que haría Stella con el sí el delatara a Octavia. Normalmente su moral ganaría este combate; pero el sentimiento que tenía por Stella no lo dejaba ver más allá. Ahora más que nunca se sentía acorralado. Hablaba y perdía a Stella, o se quedaba callado y dejaba que todo siguiera su curso. Sus sentimientos por Stella crecían a cada momento sin razón aparente, ¿Era lástima? O algo más.
       Stella estaba un tanto triste y molesta por cómo había ido la conversación. Quería pasar un tiempo de calidad con Moxxie, pero se volvió a destapar como coladera, y dejó salir cada detalle de su vida. Como si desesperadamente buscara a alguien con quien hablar de lo que siempre se había guardado, buscando a alguien dispuesto a escucharla. Estaba segura de querer recompensar a Moxxie, y sobre todo que la cita no terminara en una mala nota.
       —Perdóname Moxxie, no era mi intención arrastrarte a todo esto. No sé por qué, pero contigo me siento distinta, como si pudiera decir todo lo que no puedo decirle a nadie.
       Stella continuaba hablando y hablando. Moxxie escuchaba pacientemente, había algo entre los dos que ni con todas las palabras del mundo podríamos describir en este momento.
       —Está bien Stella, jugaste las cartas que tenías como podías. —Moxxie tomaba con ambas manos las de Stella—. Te prometo estar allí cuando necesites que te escuche.
       —¿Saldrías conmigo? —Preguntó Stella emocionada—.
       —No me refería a.… supongo que como amigos...
       —¡Claro! Como amigos, nada más.
       —Con gusto.
       Las segundas oportunidades son raras en la vida, pero siempre llegan, quizá esta era la de Stella. ¿Podría dejar en el pasado todo y concentrarse en el futuro? Ella esperaba con todas sus fuerzas que así fuera.
       Moxxie por otra parte se preguntaba que estaba haciendo y porque hacía esa clase de promesas.
       Pero a partir de ese momento estaba decidido. Se volverían a ver.
       Stella entonces volteó a ver a Moxxie a los ojos y se puso en cuclillas para poder tenerlo de frente. Moxxie sentía como si en cualquier momento Stella lo intentaría besar, su corazón acelerado por completo. Pero Stella, aunque si quería hacerlo, sabía que no podía; no podía irrumpir en su matrimonio de la misma forma que Stolas lo había hecho con Blitzo. Su cara simplemente se sonrojó por completo mientras se quedaba estática en esa posición.
       —¿Todo bien? —Preguntó Moxxie—.
       Stella tragó saliva.
       —¿Por qué eres tan bueno conmigo?
       —No sé, supongo que también hay algo en ti que me hace bajar la guardia. Además, me gusta pensar lo mejor de la gente antes de saltar a conclusiones.
       —¿Alguna vez te ha funcionado?
       —A veces.
       —¿Valió la pena conmigo?
       —Si.
       Stella se le quedó viendo a sus ojos grandes y amarillentos. Su pequeña boquita. Se sentía encantada por una creatura tan adorable y admirada por su coraje. Realmente veía algo especial en él.
       Finalmente, después de un duro debate interno. Tomó a Moxxie de los hombros y lo besó.














La Calma


       
       ***
       
       Al mismo tiempo que la nueva historia de Stella tomaba su rumbo, la historia de Octavia empezaba un nuevo capítulo. Después de una gran boda, y una mejor aún fiesta de bodas –Stolas y Octavia por fin se veían a sí mismos como marido y mujer.
       En estos momentos se encontraban de regreso en el palacio. Mientras el personal se encargaba de poner los obsequios de bodas y todo lo demás en su lugar, Stolas y Octavia se iban a su cuarto tomados de la mano. A petición de Octavia, muchas de sus cosas se habían pasado al cuarto que una vez fue de Stella y Stolas, cerrando por completo ese capítulo del palacio –e iniciando uno nuevo entre un padre y su hija. Su ropa se había ahora colgado en lo que solía ser el armario de su madre, sus zapatos y otros accesorios adornaban y llenaban los cajones del lugar –el cuarto era una homogénea mezcla de ambos, dando nueva armonía a la habitación. El cuarto de Octavia se transformó ahora más bien en un estudio, donde Octavia pudiera trabajar en cualquier proyecto que ella quisiera, detalles decorativos como su calendario, posters, alfombras y otros detalles similares se quedaron en su lugar –de esta forma gritando su juvenil individualidad, cosas como su telescopio y otros objetos recreativos seguían aquí también.
       Pero pasemos a ver lo que ocurre en estos momentos mientras tontamente divagaba en describirles la nueva escena.
       —Al fin siento que de verdad todo estará bien. —Decía Octavia mientras abrazaba a su papá—.
       —Hasta que la muerte nos separe. —Le reconfortó Stolas—.
       Ambos entraron a la alcoba con un caminar exhausto. Pero ninguno de los dos estaba aún listo para dormir.
       Al cerrar de la puerta Stolas ayudó a Octavia a quitarse su vestido, desabrochando el corsé y retirando una por una las piezas que restaban del atuendo –una tarea fácil si la comparamos con lo que se retiró después de la boda y aún más sencillo comparado con el trabajo que costó ponerse todo. Cada cosa que quitaba era aventada a un cesto.
       Al poco tiempo Octavia estaba ya solamente con su ropa interior que ella misma se quitó en un afán de dejar su cuerpo respirar un poco. Lo sorprendente de esto sin embargo era Stolas, que aún a estas alturas encontraba algo de pudor en ver a su hija desnuda. No es mentira decir que Stolas; a pesar de al fin haber confrontado sus miedos, seguía viendo a su hija como eso, su hija. Quizá una culpa que nunca se quitará, pero que era silenciada por completo por su amor por ella y su deseo de hacerla feliz. Era una sensación curiosa; ver a su hija como su esposa, pero estaba orgulloso, era lo mejor.
       Tímidamente tomó a su hija de la cintura, y ella le respondió pegando su cuerpo con el de él, tomándolo en un abrazo invertido que al verlo se vería como una posición incómoda por decir poco.
       Stolas se agachó para besarla, lo que Octavia respondía amorosamente. Alguien que por muchos años soñó que perdería a su padre, al punto de tener pesadillas con ello desde niña, por fin se sentía libre cuando inició todo esto; las pesadillas desaparecieron y solo veía en sus sueños su feliz destino al lado de su padre. Originalmente tenía miedo de este destino; es verdad, pero era por el simple hecho de que era algo nuevo para ella –relativamente era posible creer que estaba arrepentida pero poco a poco se hacía de la idea. Y ahora estaba cumpliéndose su sueño. Quien sabe con qué soñaría ahora. Se volteó para estar de frente a Stolas y le ayudó a él a desvestirse.
       Habían pasado por tanto y al fin las penas terminarían. Podían dedicarse al amor, al placer.
       Stolas se ayudó a si mismo con la ropa mientras Octavia hundía su rostro en el cuerpo de su padre, acicalándose con sus plumas, acicalando las de él con su pico.
       Cuando los dos estaban finalmente desnudos se vieron mutuamente y sonrieron. Se tocaron tiernamente con sus manos, recorriendo sus cuerpos suavemente mientras se sentían; como si descubrieran sus cuerpos por primera vez, como aquella vez. De esta nueva escena se podría escribir las canciones más hermosas y melodiosas del mundo.
       Intentarían capturar esto tan siquiera un segundo. Pero su historia es imposible de resumir en tan pocas palabras, en solo unos versos.
       Ambos tenían ya mucho tiempo sin verse así, sin desearse así. Desde la última vez que tuvieron sexo, cuando Octavia usó lo que quedaba de su bálsamo; de su droga maldita con la que todo inició, de cierta forma esta era la primera vez que ambos se deseaban de forma genuina y real. Quizá sea esta la escena de amor más dulce jamás descrita, o la más repulsiva y enferma, digna de existir en el infierno –la verdad ya poco importaba.
       —¿Sabes? —Finalmente habló Octavia—. Esto es más cómodo si estamos en la cama.
       Octavia veía a su padre fijamente a los ojos, cuatro ojos que la veían de vuelta con una mirada cariñosa. Ella dio el primer paso y lo movió hacia la cama, empujando débilmente a que se acostara. Cuando Stolas lo hizo ella se acostó sobre él, pero ni ella ni Stolas estaban aún lo suficientemente excitados como para partir directamente al acto, ambos estaban con la intención de jugar un tanto más antes de soltarse al acto carnal.
       Octavia primero lo besó; abrazando su rostro con sus manos, y Stolas correspondió con un cariño que derretiría a cualquiera mientras la abrazaba de la cintura, los besos eran breves y sustanciosos –como si tuvieran miedo de tocarse, pero no podían evitar volverse a ver. Poco a poco los besos se aceleraban, tanto que se volvían un solo beso, largo y duradero. Era mágico el momento en el que ambos se encontraban.
       Cuando el beso finalmente terminó ambos se vieron a los ojos, con sus caras completamente sonrojadas y una sonrisa de punta a punta y la boca entreabierta por donde salía una respiración pesada.
       Pero la vela de la pasión apenas comenzaba a arder, como pudo; Stolas la motivó con sus manos a qué se volviera a acostar completamente sobre él. Para poder así besar su cuello; de un lado y del otro, Octavia no tenía oportunidad de nada más que de besarlo de la misma forma, acicalándose el uno al otro como dos aves jugueteando. Octavia; excitada por la pasión, fue poco a poco escalando hacia arriba; colocando ahora sus manos en la cabecera de la cama, haciendo que Stolas solo pudiera besar lo que tenía en frente, y esto ahora era el pecho de su hija.
         Empezó dando cariñosas mordidas en sus pezones, con cada una Octavia hacia un gesto similar al de morder su pico. Le era imposible evitar algún gemido momentáneo con cada picoteo, y cada vez sus pezones se volvían más duros y más sensibles –causando que las mordidas y besos siguientes fueran aún más intensos y –por lo tanto, más placenteros.
       Stolas finalmente se sentía con la confianza suficiente para soltar la cintura de Octavia y tomar sus pechos, uno con cada mano. Con fuerza los apretaba y si no era con su pico; era con sus garras, con los que pellizcaba una y otra vez. Era una erótica mezcla de sexo pasional y sentimental.
       A cada gemido la pasión se asentaba más y más en los dos. Pasó poco tiempo para que Octavia dejara salir un lado un poco más salvaje. No dejaría que Stolas se moviera si ella no lo quería así.
       Con una sonrisa pícara Octavia se acomodó con las patas a los costados de Stolas, obligándolo a soltarla –cosa que lo agarró por sorpresa, pero no hubo objeción. Su objetivo era claro, sentarse en su cara de forma que su boca estuviera al alcance de practicarle un oral. Stolas al principio fue impactado por el aroma de su hija, pero de una forma que lo motivaba a comenzar, la humedad de ella se hacía notar de inmediato en un ligero brillo en sus plumas, que parecían como el pasto que reluce al mojarse con el rocío de la mañana.
       Comenzó pasando su pico por afuera, como si rascara con el delicadamente la superficie, cosa que a Octavia le fascinó de inmediato, empujándose hacía abajo para forzar el pico a entrar, y por no querer lastimarla –Stolas trataba de acomodar su boca de forma que pudiera remplazar su pico por su lengua. Al sentir este súbito cambio de una sensación rígida a algo más suave; e igual que ella, húmedo, solo pudo provocarle una cantidad de placer que ni yo me atrevería a describir –con un gemido que seguramente llegó hasta los cielos, era más que suficiente para entender cómo se sentía. Octavia soltó por fin la cabecera y tomó de nuevo a Stolas, pero esta vez de la cabeza de forma que lo obligaba a cerrar los ojos superiores y limitarse a ver por los principales. Ella continuaba tomando el control de la situación moviendo sus caderas de adelante hacia atrás; y a veces, de izquierda a derecha –obligando a Stolas a probarla por completo –como la primera vez, y Stolas no podía hacer más que disfrutar de su sabor.
       Pasaron los minutos, y al mismo ritmo que los gemidos de Octavia se aceleraban y se volvían más fuertes; y al mismo tiempo, mudos –se aproximaba a su primer orgasmo de la noche. Al sentirlo salir, clavó sus garras en la cabeza de Stolas, lo que lo hizo reaccionar abriendo la boca por completo en busca de aire para gritar del placer que con esto sentía, pero fue inmediatamente silenciado por el orgasmo de Octavia, que salió al mismo tiempo. Un grito de Octavia acompañó la situación, clamando por su padre.
       Les tomó algo de tiempo recuperar sus alientos, y las piernas de Octavia temblaban como nunca, reflejo de lo intenso de su sensación. Stolas estaba un poco atolondrado por lo que acababa de pasar, perdiendo toda lucidez y luchando mentalmente por recuperarla.
       —Te amo pa. —Decía en un tono cansado Octavia—.
       —Y yo a ti Via. —Respondía Stolas con el aire que le quedaba en los pulmones—.
       Pero esto estaba todavía comenzando, era solo justo que su padre también pudiera llegar a un orgasmo propio.
       Octavia entonces poco a poco se fue arrastrando hacía abajo, besando a su padre al volverlo a tener de frente, acicalando con su pico las plumas de Stolas; lo que le causaba una bella sensación de cosquillas; a lo que él se limitaba a mover sus manos, que parecían tener pequeños espasmos, con fuerza intentaba taparse el rostro, pero sus manos no lo permitían, la sensación era más fuerte.
       Al final Octavia llegó a la cloaca de su padre, donde ya se asomaba su pene por completo. Ella empezó oliéndolo; reconociendo el aroma de aquellas veces. Inmediatamente pasó a lamerlo, la sensación inmediatamente pasó por Stolas de su coxis hasta la cabeza.
       Era relativamente nuevo para Octavia ver a su papá de esta forma tan curiosa y casi adorable, era fácil deducir que la diferencia principal era el hecho de que Stolas no había sido drogado. Tener acceso a todas sus emociones daba un Stolas distinto, uno que encontraba de nuevo la diversión en hacer el amor de la misma forma que lo había descubierto con Blitzo, ni las veces que estuvo con Andrealphus podían compararse. Era la clara diferencia entre el sexo y hacer el amor. Stolas también lo sentía, esa sensación de libertad, su lucidez también volvía.
       Ella lamía el pene de Stolas de un lado y del otro; de arriba y por la base, una vez completamente explorado lo metió en su boca por completo.
       —Oh... ¡Carajo! —Decía emocionado Stolas—.
       Octavia no pudo evitar una pequeña risa al sacar el pene de Stolas de su boca.
       —Lenguaje. —Respondió Octavia un tanto burlesca—.
       Era un poco curioso que una escena que antes era tan oscura y prohibida ahora tenía una connotación tan natural y hasta humorística para los dos.
       —¿Oh? ¿Es acaso eso un regaño? —Retó Stolas—.
       Octavia solamente le miró con una vista incrédula mientras volvió a meter el pene en su boca de golpe, y al practicarle el oral lo rascaba con el pico, algo parecido a usar los dientes, sin necesariamente morder. Esto sorprendió a Stolas que inmediatamente pegó un gemido al viento y con fuerzas se agarró de las sábanas. Pero tan pronto recuperó el control de su cuerpo era su turno de la venganza –tomando a Octavia de la cabeza como ella lo hizo, y de una forma similarmente agresiva; ayudó a Octavia a que lo hiciera de la forma que él quería –entrando y saliendo de su boca una y otra vez mientras Octavia entrecerraba los ojos por la violencia de su padre, imposible negar que a ella simplemente también lo disfrutaba, y apoyado por el movimiento de la cadera de Stolas, las embestidas eran continuas y precisas.
       Esto continuó por varios minutos, ambientando la escena con los gemidos de Stolas y la saliva revolviéndose en la garganta de Octavia; hasta que Stolas se sentía próximo a eyacular.
       —V.…Via... espera ¡Voy a-! —Trataba Stolas de articular—.
       Octavia dio una malévola sonrisa y se detuvo de inmediato, agarrándose de su padre para que no pudiera salvarse, lo cual provocó que el cuerpo de Stolas tuviera unos ligeros espasmos, contrayendo y estirando las garras de sus pies a la vez que alzaba el pecho. Stolas estaba sorprendido por la voracidad de Octavia, y Octavia; que ni experta era, simplemente estaba siguiendo su instinto –y le estaba pagando dividendos, pues ella también se divertía.
       Stolas ya no pudo hacer nada por evitarlo, eyaculando dentro de la boca de Octavia todo lo acumulado durante el tiempo de privación del acto sexual al que se el mismo se había obligado. Ella no tuvo opción, tragó cada gota –y aunque aún no se acostumbraba al sabor, ni a la textura, el erotismo y la lujuria hicieron el trabajo de ayudarle a saborearlo de todas formas. Al punto de limpiarlo cuando al fin había terminado.
       Octavia volvió a los brazos de su padre, lascivamente le dio un beso, mezclando en ambas bocas los fluidos que hasta ahora habían expulsado. Suspirando dijo:
       —Te amo. No sé cuántas veces te lo he dicho hoy, te amo.
       Recostó su cabeza contra su pecho.
       —Ahora te enseñaré como un demonio hace el amor. —Le susurró—.
       Octavia abrió los ojos completamente, casi en espanto. Stolas rápidamente volteó las posiciones, girando abrazado a ella y haciéndolos quedar; él arriba y ella abajo. Tomó con fuerzas las manos de Octavia y la volvió a besar, esta vez de una forma completamente lasciva y sexual, forzando su cuerpo sobre el de ella; obligándola a gemir por aire y mover su cuerpo en esperanza de algo de movilidad. Quince minutos duraron los besos, por media hora besó también su cuerpo, la mordió, a acicaló y la acarició –sus plumas perdieron sentido de todo orden y dirección en ese momento. Octavia estaba ahora «colgando»; abrazada de manos y pies, de Stolas. Ella apenas podía creer lo mucho que llevaban sin hacer estas cosas y mucho menos podía creerse que lo estaba haciendo de nuevo.
       El momento había llegado, sentía la punta del pene de Stolas tocarla tímidamente. Pero cuando encontró su entrada esta timidez desapareció cuando entró de golpe.
       No pudo evitar dar un grito a todo pulmón. Quizá era el tiempo que había pasado desde la última vez, quizá era algo que hizo Stolas a escondidas, pero la sensación era otra, era grande, fuerte y definitivamente gruesa. Pero eso no detuvo a Stolas que ahora la embestía una y otra vez.
       Octavia estaba disfrutando esto más de lo que llegó a hacerlo cuando drogó a Stolas, ella estaba dispuesta ahora a permitirle que la violara, podría profanarla, penetrarla, complicarla, mientras destrozaba su interior vendía su alma a su padre; era lo único que funcionaría para ella.
       Quería más que nunca tener sexo como animales, sentirlo dentro de ella todo el tiempo, hacerlo como animales mientras se acercaba más al paraíso. Le daría su soledad, lo que esto conlleva, su ausencia de fe –se daría a sí misma a él por completo. Suplicaba por que rompiera su razón. Su existencia estaba incompleta sin él.
       Ahora la que parecía perder la cordura era Octavia, que disfrutaba del placer de costa a costa. Sin darse cuenta Stolas estaba eyaculando una vez más, la sensación cálida de su semen dentro de ella fue lo que la hizo percatarse al fin de lo que sucedía, lo que la inspiró a besarlo una última vez.
       Ambos cayeron exhaustos, finalmente permitiéndose dormir; abrazados amorosamente, listos para iniciar sus vidas en matrimonio.
       Al día siguiente amanecieron repletos de energía, como si hubieran renacido aquella noche. Ninguno de los dos quería salir de la cama y mejor se acurrucaban uno cerca del otro, mientras se besaban tiernamente entre risas y breves “te amo” que se decían el uno al otro. No fue hasta que se complacieron con una acción mañanera de pasión que aceptaron la realidad de que era otro día, y había aún mucho por hacer.
       Comenzaron revisando los obsequios que recibieron en la boda; cuidadosamente ordenados en pilas en la sala de estar del palacio.
       Beleth les regaló una gran variedad de discos de acetato, y una tornamesa para tocarlos. Entre los discos había música de todas las épocas, incluso de épocas actuales de la humanidad, donde para nosotros esta tecnología ya hace obsoleta.
       Purson les obsequió varios objetos de adivinanza comúnmente usados en el esoterismo. Capaces de recolectar el pasado, y enseñar el futuro al hechicero correcto.
       Asmodeus, que no era de sorprender a nadie, les regaló toda clase de objetos sexuales para todo tipo de fantasías y parafilias. Y claro, invitadas VIP para Ozzie’s, que les daría acceso no solo preferencial, si no único para las “mejores mesas”. Además de otros objetos referentes a promocionar su negocio.
       Vine les obsequió una curiosa lupa, que en vez de acercar objetos como una lo haría, esta; según el instructivo que él mismo escribió –servía para encontrar objetos perdidos. La idea era pensar en el objeto a encontrar y se vería una “marca” que de seguirla te llevaría a la ubicación de este; fuese objeto o ser vivo, bastaba con que estuviera perdido.
       Belial, y firmado por Lucifer, les daba una carta –que dé así desearlo podrían heredar la posición de Paimon, que desde su asesinato había dejado su lugar disponible, y que hasta la fecha no se había encontrado un heredero apto (Esto pues a diferencia de los humanos, no recae en el primogénito, si no en el mejor demonio).
       De esta misma forma podría continuar con cada rey, príncipe, duque, marqués, etc. Pero la lista sería muy larga para continuar. Sin mencionar los regalos entregados por el poblado común –pero más importante, los obsequios de aquel grupo de asesinos, tan amigos del príncipe Stolas.
       El obsequio de I.M.P era el más llamativo, no por lo ostentoso o aparentemente caro del envoltorio. Era de hecho la individualidad de este, al estar pesimamente envuelto, y con trozos de distintos papeles; pero sobre todos los detalles, un dibujo a mano de Blitzo de los dos en un aparente altar de bodas.
       Se veía una intención genuina de cariño y por eso se dejó hasta el final.
       Había una interesante variedad de cosas dentro de la caja de regalo. Libros de equitación claramente de Blitzo, y dos figuritas de caballos simulando ser Stolas y Octavia; que solo podías interpretarlo por la ropa que traían. Un sombrerito de copa y una blusita rosa respectivamente.
       Además, había varios objetos de moda gótica, y un conejo con dos grandes colmillos embalsamado en un contenedor de cristal; claramente de cierta tienda que Loona y Octavia frecuentan tanto.
       Una guitarra y varias partituras desde cosas para un principiante como piezas más complejas y melodiosas –además de un pequeño libro con la letra de distintas canciones y poesía romántica.
       Millie, al igual que Loona escogió sus regalos más hacía Octavia. Era una selección de objetos un tanto dulce y hasta inocente –libros de cocina, novelas románticas, además de varios accesorios de ropa femeninos como broches y collares. Siendo algo así como los regalos que una madre le daría a su hija; y que, a ausencia de Stella, Millie tomaba con orgullo ese lugar materno.
       Ambos atesoraron cada cosa con todo su cariño y agradecimiento, subiendo incluso varias fotos de esto a Sinstagram, donde presumían cada regalo; pero era claro que estos objetos; aparentemente aleatorios, eran los que más atesoraron.
       Octavia; que aún seguía a Stella en Sinstagram, no se percató de que mientras revisaba su red social –pasó por varias fotos de su madre con alguien más. No se alcanzaba a ver quién, pero su piel era roja.
       
       ***
       
       Dos días después –volvemos a la fecha en curso, para este entonces la segunda cita de Stella y Moxxie habría acabado.
       Octavia y Stolas se encontraban en otro acto de diversión sexual. Esta vez Octavia estaba usando un consolador con arnés, penetrando a Stolas. Al parecer estaban experimentando y Stolas; que también extrañaba cumplir su papel sumiso –pidió a Octavia que lo tomara a él.
       Unas horas de placer más tarde y una cena; exhaustos se durmieron. Octavia llevaba días sin soñar nada –esto no le traía ningún desconcierto hasta ahora; que tendría nuevamente, una pesadilla.
       
       ***
       
       En el sueño estaba ella sentada en un sillón muy parecido al que está en las oficinas de I.M.P, frente a ella estaban Stella y Moxxie; que le gritaban, pero no podía escuchar nada de lo que decían, solo un molesto zumbido podía percibirse y de una forma muy pronunciada el sonido del ambiente, los carros que cruzaban por la cercanía y el mover de la ropa; tanto la suya como la de los demás.
       Detrás de Moxxie y Stella estaba Blitzo reconfortando a Stolas, que se encontraba recargado de una mano contra la ventana, se veía derrotado y se podía sentir que lloraba.
       Poco a poco el zumbido empezó a ceder, y como si se destaparan tus oídos al salir del fondo del agua; se podía finalmente escuchar lo que ocurría.
       —Te dije que te expondría, maldita perra. —Gritaba Stella—.
       Octavia estaba llorando a cántaros, tenía sus piernas alzadas sobre el sofá, sentada en una posición fetal escondiendo su mirada entre ellas. Solamente se asomaba ocasionalmente para ver a Stolas, que seguía en su propia amargura.
       —Stella, tranquila. Tu eres mejor que esto. —Le trataba de calmar Moxxie—.
       Stella ignoraba las suplicas de Moxxie por mantener la calma mientras continuaba su asalto:
       —Todos en los Goetia me dan asco, pasando sobre quienes pueden para obtener lo que desean.
       —Lo siento Octavia, no me diste otra opción, lo que hiciste... no está bien. —Continuó Moxxie—.
       —Papá... tu... tu no les puedes creer. —Suplicaba Octavia—.
       De repente se ve que en una esquina rodeada un vació negro alrededor estaba Loona, incapaz de ver a Octavia a la cara.
       La mirada de Octavia por lo tanto se volvía más y más envuelta en terror, sus pupilas completamente encogidas y corazón completamente destrozado. Había sido abandonada.
       De repente Octavia estaba de pie en el vacío oscuro y Stolas; que estaba en su forma demoniaca, parado frente a ella, dándole la espalda.
       Octavia aun llorando corría a abrazarlo, pero la cara de Stolas; dando un giro de 180 grados para verla, le lanzó una vista tan certera y penetrante que se detuvo de golpe aterrorizada por verlo de esa forma.
       Repentinamente todo se fundía en negro nuevamente y todo era silencio, pero esta vez no había zumbido, ni autos, ni nada que hiciera ruido. Ni si quiera su propio cuerpo producía algún sonido.
       Poco a poco ella colapsa de rodillas en el suelo y ve que hay suelo, se percata de que ve un reflejo, o quizá es semitransparente –pero ve que es ella sentada en lo que ahora era su estudio, extrañamente reacondicionado como su habitación de nuevo, pero había algo extraño; algo perturbador.
       Todo se veía desorganizado y ella se veía descuidada, como si llevara días sin salir de ese lugar.
       De repente se vio a sí misma girar la silla en la que estaba sentada, recargando una mano en el escritorio como si se sintiera físicamente mal. Al momento de colapsar, en la Octavia real se produjo un enorme dolor en la zona del estómago –lo que la despertó de inmediato.
       
       ***
       
       Al despertarse el dolor poco a poco desaparecía y ella estaba completamente sudada. ¿Qué era lo que había soñado? ¿Qué significaba esta nueva pesadilla?
       —¿Estás bien Via? —Preguntó Stolas entre dormido y despierto, apenas abriendo el pico—.
       Octavia se inspeccionó el cuerpo en un intento de encontrar el dolor que la despertó, pero ya no había nada. Así que simplemente se acostó de nuevo.
       Al llegar de la mañana Octavia se despertó aún en shock, pero pensando en no querer preocupar a Stolas se esforzó en ocultarlo –pero la verdad era que esta nueva pesadilla sería la encargada de no volverla a dejar dormir.
       
       ***
       
       Mientras tanto Stella se despertaba en su mansión. Veía al lado de su cama tan vacío como siempre mientras pensaba en lo que había pasado después de aquel beso.
       
       ***
       
       —¡S…Stella! —Se sorprendió Moxxie increíblemente apenado—.
       Stella no pudo evitar asustarse con la reacción de Moxxie, inmediatamente arrepintiéndose de lo que hizo, y abrazándose a sí misma solo pudo darle la espalda.
       —Es… un gracias, por tu tiempo. Entiendo que los imps son creaturas más de placeres y favores.
       Stella ahora trataba de ocultar su vergüenza con su ya conocida personalidad aristocrática. O, mejor dicho, clasista. Pero se le podía ver volteando a ver a Moxxie de reojo, casi sin mover la cabeza mientras se sonrojaba.
       —Ignoraré el insulto para decirte que no es así. N… no somos tan diferentes, y razono lo suficiente para saber que esa no es la razón por la que me besaste.
       Moxxie continuó un monólogo:
       —Yo estoy casado, y amo a Millie. No sé por qué te interesaste tanto en mí, pero, no nos conocemos aún y claramente tienes tus propios problemas como para buscar más. Si esta es tu intención creo que será mejor que dejemos la amistad hasta aquí.
       Moxxie comenzó a caminar lejos de escena, Stella se esforzó en detenerlo.
       —¡Espera! —Gritaba Stella—.
       Moxxie se detuvo y suspiró. Después de unos segundos se regresó con Stella, esto a ella la llenó de alegría, que pronto terminaría.
       El pequeño imp estiró sus manos para tomar las de Stella, quien; como al momento de besarlo, se volvió a hincar para estar los dos de frente.
       Moxxie se le quedó viendo por un breve momento, mientras le entregaba otra inocente sonrisa a una Stella que trataba de devolverla, pero el dolor de perderlo le pesaba más. Sentía como nuevamente le arrebataban su felicidad.
       Moxxie entonces fue quien se aproximó al beso, besando su mejilla tiernamente mientras la soltaba nuevamente y se volvía a ir. ¿Era esto un tal vez? Stella se quedó sentada de rodillas en el suelo por un minuto que le pareció una eternidad mientras Moxxie se iba.
       Ambos; era claro, se presentaban incapaces de hacerle daño al otro.
       
       ***
       
       Stella seguía viendo el lado vacío de su cama mientras recordaba esto, una y otra vez. Como un disco rayado que repite la misma melodía al llegar al final, y cada que lo hacía –podía sentir el beso de Moxxie una vez más. ¿Es que acaso le estaba permitido amar?
       Además, ahora Moxxie sabía la verdad de su pasado y de lo sucedido con Octavia y Stolas. ¿Habrá sido demasiada la información? ¿Se habrá inundado de miedo tal, que ahora no podía concebir meterse en esos asuntos?
       Tomó su teléfono y vio su reflejo en la pantalla, esperando otra vez su llamada. Se preguntaba: ¿Qué estará haciendo que no me llama?














Antes de la Tormenta


       
       ***
      
      Unos días pasaron. Stella seguía sin saber de Moxxie, pero tampoco se atrevía a llamarle, hasta cierto punto resentía el rechazo y se obligaba entre lagrima y llanto a odiarlo, sin ser capaz de lograrlo.
      ¿Era acaso todo esto culpa suya por haber liberado sus sentimientos hacia él? ¿O fue en específico todo lo que dijo? Su vida antes de Stolas, el crimen de Paimon y ahora el de Octavia.
      Todos los que la conocían te podrían decir que era alguien fría y cruel, al menos eso es lo que ella siempre aparentó; así que estaba de acuerdo con esa descripción. Cuando se preguntaba a sí misma si hacía todo esto por el bien del nombre Goetia; por sus padres o por ella misma la respuesta era siempre no. Aún a estas alturas la respuesta seguiría siendo la misma que antes. Nada podía mover su corazón. Pocas personas podrían sacar la verdadera Stella, Moxxie es una de estas personas. Stella se sentía de vuelta a la vida cuando comenzó a relacionarse con Moxxie. Esta era la prueba de que Stella podía ser alguien feliz. Moxxie podía salvarla. «Desearía poder volver a hablar con él, hablar con él al calor de la brisa una vez más» Pensaba ella constantemente. ¿Cómo se supone que vivirá ahora sin él?
      Durante este tiempo Andrealphus no desaprovechó la oportunidad de burlarse de ella, pero la verdad era que le preocupaba su hermana. No la veía de esa forma desde la muerte de Andras; y aunque no supo de su amorío hasta después, podía entender exactamente como se sentía. Andras a diferencia de Stella, no podía hacerse a la idea de una relación seria, para él todos eran un objeto de diversión o alguien de quien aprovecharse; y era justamente por cómo estaba Stella que él hacía esto, no podía verse a sí mismo pasar las mismas penas por un amor no correspondido.
      Moxxie trataba de hacerse entender cómo se sentía al respecto de Stella, no la amaba; o eso era lo que él pensaba, pero tampoco podía dejar de pensar en ella y en su bienestar, como si fuera el único que pudiera protegerla del dragón del castillo –Moxxie se veía a sí mismo como él único capaz de entenderla y apoyarla. Pensaba constantemente en aquel beso, lo dulce que fue y lo doloroso que fue para el romperlo en nombre de lo correcto. Estaba casado, y la infidelidad era algo que con él no pintaba tanto. Pensaba en Millie y en cómo reaccionaría si lo viera en esa situación y le causaba gran impotencia. Millie claro; lo cuestionó durante los siguientes días, pero no respecto a una infidelidad o algo por el estilo –ella creía demasiado en Moxxie como para pensar en eso, pero siendo que por mucho tiempo se les enseñó por parte de Stolas que era una mujer peligrosa, era lógico que se preocupara por su marido.
      Durante el tiempo que Stella y Moxxie no se vieron, poco a poco reconstruían su relación por mensajes de texto. Conversaciones muy vanas y sin alma que recorrían el mismo guion una y otra vez –un saludo, preguntarse el uno al otro como se encontraban ese día y romper la conversación después de ello. De vez en cuando Stella ofrecía salir a tomar algo o a comer, pero Moxxie rechazaba una y otra vez usando su trabajo de excusa, pero pidiendo que por favor no lo contratara de nuevo. Que su momento llegaría más tarde.
      Fue allí cuando la culpa más pesaba en Moxxie.
      En busca de distraerse, Moxxie se puso a trabajar en descubrir más de lo que aprendió con Stella, pero siendo que lo único que él sabía era lo que ambos Octavia y Stolas dejaron saber en su momento, solo había una persona a quien preguntar por más detalles; Loona. Loona mencionó saber sobre ellos dos el día que Stolas habló en vivo ¿Sabrá también sobre la droga? Era muy probable que Octavia no le dijera nada al respecto para así no tener cabos sueltos; pero al ser tan amigas era aún más creíble que fuera la única en conocer la verdad; era su única oportunidad de aprender más al respecto.
      Tan pronto volvió a la oficina al día siguiente, esperó a que hubiera cierta discreción y se dirigió directamente a interrogarla, Blitzo se había ido con Verosika; su relación poco a poco creciendo de las cenizas de lo que llegó a ser, Blitzo podía verse genuinamente feliz y hasta emocionado por sus esporádicas salidas con ella –aun cuando todavía no formalizaban lo suyo nuevamente. Blitzo se esforzaba por primera vez en asegurarse que las cosas salieran bien independientemente de sus inseguridades, y dar lo mejor de sí mismo para que esta segunda oportunidad no fuera de desperdiciar.
      Millie se había adelantado a la casa para preparar la comida, llevaba días viendo a Moxxie actuar extraño y un tanto melancólico desde que dejo de ver a Stella, quizá él sabía algo que ella no; y esto era cierto, pero ella no lo sabía y por lo tanto le causaba angustia. Esperaba que preparando su comida favorita y cumpliéndole algunos caprichos, el Moxxie que conocía volvería a ella de inmediato.
      Loona sin embargo aún tenía trabajo pendiente y fue cuando Moxxie vio su oportunidad revelarse ante él.
      —Loona ¿Podemos hablar? —Empezó Moxxie—.
      —¿Qué quieres gordito? Estoy ocupada. —Preguntó Loona de vuelta—.
      Ella estaba viendo su celular sin prestar atención absoluta a Moxxie, como acostumbra; se recargaba en la silla con los pies sobre el escritorio y una revista a un lado por si se aburría de una cosa o la otra, posponiendo su trabajo aún más; una excusa para no tener que ir aún a casa.
      —Tu sabías que Octavia y Stolas estaban saliendo. ¿Correcto? Lo dijiste el día que fueron al noticiero.
      Loona alzó la ceja y por fin prestó atención a Moxxie, empezando aponerse a la defensiva.
      —¿Y qué te importa si lo sabía?
      —¿Es cierto que Octavia drogó a Stolas? ¿Tú lo sabías eso también? Estuve habl-
      —No tengo idea de que me estás hablando. —interrumpió Loona en un tono agresivo—.
      Loona poco a poco se vería más incomoda con la conversación que apenas comenzaba. No podía explicarse porque Moxxie se interesaba tanto por eso –hasta que recordó, quien lo había contratado la otra ocasión. Fue Stella.
      Ella misma había pedido sus datos y mandado a Moxxie a hacer el trabajo después de que Blitzo aceptara el encargo, cualquiera que este hubiera sido. ¿Lo contrató para contarle la verdad y esparcir el secreto? Lo poco que sabían de Stella era lo que platicaba Stolas a Blitzo, y nunca hubo un tema que no hablara negativamente de ella. Así que desde su perspectiva; era lo más probable.
      Moxxie no sabía si Loona mentía o no, pero su deseo por creerle a Stella lo obligaba a seguir presionando. Una parte de él deseaba que fuera una mentira y que quizá todo este tiempo era Stella intentando manipularlo, pero su otra mitad quería que fuera verdad –no porque esto arruinaría el matrimonio de estos dos, sino porque no podía con la idea de que la Stella que conoció fuera una mentira. No podía creer que aquel beso no fuera sincero.
      —Vamos Loona, Octavia es tu amiga, y no dudo que seas su única amiga. ¿Octavia drogó a Stolas?
      —Ya te dije que no se nada al respecto, Octavia no es capaz de esa mierda. ¿Enserio a estas alturas vas a dudar de las cosas y creerle a esa loca?
      Mientras hablaban Loona estaba mensajeando con Octavia. Dándole un corto resumen de que Moxxie estaba empezando a sospechar de ellas. Le explicaba que Stella lo había contratado y que seguramente le había tirado toda la verdad, Octavia reaccionaba como era de esperarse, imploraba a Loona que no dijera nada; y que, si sabía más respecto a Stella y sus planes, se lo hiciera saber.
      Moxxie se percataba de que Loona escribía en su teléfono con sospechosa rapidez, cada detalle que veía en Loona le daba la certeza que había dado en el clavo.
      —Entones ¿A quién le escribes con tanta preocupación? —Moxxie continuaba su asedio—.
      —A la puta de tu madre.
      —Wow, que creativa.
      Loona; a diferencia de Octavia, era más difícil de quebrar su espíritu. Pero sabía que, si Moxxie obtenía algún tipo de indicio de lo que había sucedido en realidad, Octavia estaría en peligro, pero lo que ella creía no le causaría sospechas a Moxxie; era exactamente lo que la delataría al final.
      Moxxie sin embargo no podía obtener lo que quería en realidad, una confesión. Él sabía que “confirmar” sus sospechas no significaría nada si no podía comprobarlo de alguna forma.
      En el punto de vista de Moxxie, si decía algo creerían que fue engañado por Stella, y si se mantenía callado como prometió entonces nada cambiaría y su conciencia no lo dejaría en paz, pero teniendo alguien como Loona; que sabía de antemano la situación, él podría llevar esto a sus últimas consecuencias.
      Al final no logró sacarle más información a Loona, sintiendo que la discusión ya no llegaría a ninguna parte se retiró molesto.
      Supuso que lo siguiente que podría hacer era investigar directamente la droga que Stella decía en el artículo que publicó en el periódico. Si era una droga que de alguna forma trabajara con los sentimientos de las personas solo podía pensar en el piso de Lujuria.
      Saliendo de la oficina Moxxie tomó un taxi a lujuria. Lo que él no sabía era que Loona le seguiría la pista a partir de ese momento.
      Al llegar no sabía por dónde empezar a buscar, no tenía otra opción más que preguntar a las creaturas demoniacas de ese nivel, le tomó varias horas y varias humillaciones; demonios burlándose de él, súcubos ofreciendo sus servicios en vez de responder sus preguntas, pero de alguna forma logró dar con la tienda que vendía el bálsamo. A pesar de ser un producto poderoso, no era rara su venta; claro si eres una súcubo o un íncubo; y ciertamente interesante si eras realeza o alguien de nivel social. ¿Pero un imp común y corriente? Ciertamente la poca discreción de Moxxie estaba empezando a hacerse notar, la vendedora claro; no sabía que todo esto revolvía alrededor de Octavia, simplemente protegiendo su negocio. Su mirada sospechosa lo siguió por todo el rato que estuvo allí, Moxxie claro se sentía vigilado y estuvo a punto de no comprar nada, incluso pagando en efectivo para no sentirse rastreado. Al salir de la tienda lo guardó y se fugó de regreso a orgullo –el siguiente paso era probarlo, pero ¿Con quién?
      Loona le siguió de vuelta a orgullo cada vez más preocupada, constantemente mensajeando a Octavia con el progreso que hacía Moxxie. Octavia comenzaba a preocuparse más y más. Su pesadilla se volvía cada vez menos en un mal sueño y más en una futura realidad.
      Por el resto del día Moxxie no hizo nada más y Loona le dejó de seguir cuando lo vio entrar a su departamento.
      La respuesta a su pregunta era fácil, y con lo que le dijo la vendedora al pagar; que fue lo mismo que le dijo a Stella y Octavia cuando ambas compraron su producto, no había duda. Lo probaría con Millie.
      Claro que la conciencia de Moxxie no le permitiría hacerlo a escondidas.
      —A…amor, quisiera probar algo contigo si estás de acuerdo. —Le preguntaba Moxxie repleto de nervios—.
      —¿A qué te refieres Moxx’?
      —Es… algo que compré en lujuria.
      —Travieso
      Millie estaba sorprendida por la asertividad de Moxxie en ese momento, pero después de días pensando que algo malo le pasaba a Moxxie, un poco de diversión le hacía pensar que todo de nuevo estaba bien; y era su forma de redimirse con ella.
      Decir que fue una noche de pasión se quedaría corto, después de una incómoda descripción de lo que compró y tratar de explicar por qué lo compró (aun cuando a Millie no le importaba) fue lo que la terminó convenciendo. La diferencia entre un par que ya se ama de corazón y un par como lo eran Octavia y su padre era más clara que el día y la noche –incluso Millie se sorprendió de lo excitada que estuvo esa noche. El sexo fue tan bueno que hasta Moxxie tardó en procesar lo que habían hecho. «Le diré a Millie la verdad cuando esto acabe» se dijo a si mismo al día siguiente, a pesar de todo seguía sintiendo que la utilizó.
      Mas tarde ese nuevo día; Moxxie volvió con Loona, esta vez con el bálsamo.
      —Esto fue lo que usó, ya comprobé que funciona. —Le confrontó Moxxie—.
      Puso el bálsamo en la mesa e hizo una pose de victoria. Como si hubiera resuelto el caso y era cuestión de tiempo para que Loona hablara.
      —¿Y quieres una medalla? Detective Gordinflón. —Loona insultaba a Moxxie nuevamente—.
      Moxxie inmediatamente perdió su pose victoriosa y la cambió por molestia; no solo no le importaba a Loona, ¡Se burló de él!
      —Quiero la verdad Loona. ¿Sabías de esto?
      —Mira imbécil, no sé qué mierda planeas. Pero acusar a alguien porque te lo dijo tu nueva novia no va a pintarte muy bien, y cuando veas que te vio la cara de imbécil yo seré la primera en burlarme de ti.
      No temas, Loona no sabe de Stella y Moxxie aún, solamente era otro intento para fastidiarlo; pero el hecho de que, en cierta forma, era la verdad –fue simple justicia poética.
      Moxxie, a diferencia de Loona, era un imbécil a la hora de ocultar las cosas, por eso es que todo esto sucede ahora. Obviamente esto lo hizo hablar de más.
      —N.… no es mi novia. Solo somos amigos; además no es tan mala como creen. —Moxxie defendió a Stella—.
      Loona hizo un gesto de intrigante duda. Entendía la reacción repentinamente defensiva de Moxxie, sobre todo después de llevar dos días a la ofensiva, pero a Loona la verdad poco le importaba su estado con Stella, estaba enfocada en cuidar a Octavia.
      —Si no hablas tú, hablaré directamente con Octavia. —Continuó Moxxie—.
      —Haz lo que quieras. —Contestó Loona molesta—.
      Nuevamente, tan pronto Moxxie se fue de la oficina, Loona le siguió. Siempre manteniendo a Octavia informada, «intentará hablar contigo» le hizo saber.
      
      ***
      
      De una forma casi religiosa, Octavia vigilaba su teléfono a cada nuevo mensaje de Loona. La presión de la pesadilla, y él miedo a que Moxxie la delatara era tal que hasta Stolas empezaba a darse cuenta de la extraña forma de actuar de Octavia. Días de sentirse enferma y ocultárselo a Stolas le traerían consecuencias inesperadas.
      Hace una semana que se habían casado, y aunque esta primera semana todo había ido bien, la nueva comenzaba un tanto rocosa. Octavia se veía cansada, con algunas incomodidades, malestares. Y el estrés que le provocaba habían intensificado todo.
      Cuando Stolas le preguntaba al respecto ella decía que simplemente no había podido dormir bien, o que le dolía el estómago. Y Stolas se esforzaba en creerle, pero también le preocupaba. Verla tomar constantemente alguna medicina para el dolor. ¿Estaba siendo un buen marido? ¿O un buen padre, al darle su espacio? Quizá nunca estuvo listo.
      ¿Sería acaso que las pesadillas eran tales que enfermaban a Octavia? ¿O había algo más que se ocultaba detrás de toda esta niebla de nuevos problemas?
      Moxxie llegó al palacio, traía consigo el bálsamo que compró y llamó más de tres veces a la puerta. Cuando finalmente un empleado le atendió; un imp mayordomo, exigió hablar con Octavia –y aunque el empleado se negó a cumplir su deseo de inmediato, con la excusa que debían preguntarle primero a ella si deseaba verlo; Moxxie hizo lo único que creía sería capaz de asegurarse una audiencia con ella. Le entregó el bálsamo y pidió que se lo diera a la princesa.
      El empleado obedeció y al poco tiempo Octavia estaba en la puerta, se veía furiosa y aventaba la droga al suelo cerca de él. Luego con su magia de fuego quemaba el bálsamo casi quemando a Moxxie en el proceso. Loona mientras tanto veía todo a distancia, preocupada y dudando si debía intervenir para salvar a Moxxie. Hacerlo terminaría de delatarlas a ambas, pero temía que Octavia fuera capaz de hacerle daño.
      —¡Entonces es verdad! —Le gritó Moxxie—.
      Octavia preparo otro hechizo de fuego.
      —Déjanos en paz, no sé qué te dijo mi madre, pero tienes prohibido volver a pisar este lugar. —Empezó a delegar Octavia—.
      Octavia supo mediante Loona que Moxxie estuvo saliendo con Stella.
      —Es tu padre. ¿Cómo fuiste capaz?
      Moxxie ni siquiera se preocupó por ello, si sabía o no sabía no era de importancia, la violenta respuesta de Octavia era suficiente para comprobar sus sospechas.
      Octavia cada vez se veía más furiosa, pero la flama en su mano comenzaba a menguar, Moxxie no sabía que significaba esto, mucho menos se molestó en interpretarlo, simplemente continuando su asedio a la culpa de Octavia, cuestionándola con cosas como el ¿Por qué? Y ¿Para qué?
      Al poco tiempo Octavia se había quedado sin aire, un punzante dolor en el estómago la hacía hincarse. No tardó entonces en colapsar frente a él y de inmediato Moxxie cambió de aspecto a uno de completo terror, Loona también se quedó sorprendida desde su escondite, uno de los hellhounds de seguridad que estaba de guardia de inmediato fue por Stolas. En menos de un minuto, Moxxie, Loona y Stolas rodeaban a Octavia que se encontraba en el suelo en posición fetal.
      De inmediato la llevaron al doctor, ni si quiera se cuestionaron entre ellos que hacían en ese momento en el palacio, ni tiempo tuvieron de percatarse del pedazo de césped quemado que dejó Octavia tras su ataque. La única preocupación de todos en ese momento era el bienestar de Octavia.
      Por suerte Octavia no había perdido la conciencia, solamente había sido dominada por el dolor. Así que al llegar al hospital solo fue cuestión de que revisaran a Octavia y que había causado tan repentino ataque.
      La espera fue eterna para estos seres, fue un alivio para todos ver al doctor; un hellhound que se veía la edad le pasaba factura, salir del cuarto donde se encontraba Octavia –con una amigable sonrisa que los invitaba a pasar. Stolas fue el primero en ponerse de pie, abrazando su sombrero de copa como juguete antiestrés, estaba deseoso de ver a Octavia y asegurarse por cuenta propia de que estuviera bien. Sin embargo, veía más prudente esperar a que el doctor hablase primero, recibir la noticia cualquiera que esta fuese.
      —No hay nada de qué preocuparse su alteza, su esposa está en perfecta salud. Simplemente tenía mucho estrés acumulado y junto a… bueno… algo más. Era lógico que se juntaran los dolores.
      El doctor parecía decir las cosas con un excelente humor, los demás no sabían si esto era señal de que no había pasado nada realmente malo o que el doctor que les había tocado era simplemente insensible a la preocupación de los demás.
      —¿Algo más? —Preguntó Stolas—.
      Stolas podía sentir como si algo le quisiera desgarrar por dentro, el buen humor del doctor no le ayudaba en lo absoluto a pesar de que claramente no traía malas noticias.
      —Felicidades. —Continuó el doctor dando un documento a Stolas—.
      Stolas se quedó atónito ante la revelación, sabía muy bien de que trataba esa felicitación. El doctor echó una pequeña carcajada y continuó:
      —Solamente les pido que no la hagan pasar por más estrés, prepárense para lo que venga y por favor nada de emociones fuertes por un tiempo.
      De la mirada de Stolas salía una lágrima de felicidad.
      —¿Papá? —Decía Octavia llevada hacia el en una silla de ruedas—.
      El documento decía:
      
      
Paciente: Octavia de Ars Goetia
Género: Femenino; Edad: 18 años; Especie: Demonio
“Prueba de embarazo: Positivo”


Epílogo
      
      
      
      Así Octavia volvió a prolongar su destino una vez más. Nadie sabe qué pasará ahora, si el sueño será el mismo o cambiará acorde a las circunstancias. O si ese sueño era del todo una vista al futuro o simplemente su conciencia alcanzándola por fin.
      Moxxie deberá decidir entre culminar su acusación u obedecer la petición de Stella, manteniéndose en silencio como prometió. Más que eso debe decidir si perseguirá sus extraños sentimientos hacia ella o los ocultará para siempre por miedo a la verdad.
      Millie aún está por descubrir lo que Stella quiere de su marido –si es que lo descubre. Aunque realmente ¿Qué podría aprender? Sin nada formalizado entre los dos; que por lo tanto no hay infidelidad, ¿Hay algo que descubrir?
      Blitzo y Verozika finalmente trabajan en sus problemas. Aún muy lejos de volver a ser una relación, pero muy cerca de poder volver a ser amigos. Ambos daban lo mejor de ellos mismos esta vez; y era bello.
      Y el infierno, al final sigue siendo el mismo lugar de siempre, lleno de caos, desorden y pecado. Pero una pequeña luz siempre brilla, pues donde hay mal; también hay bien. No existe la luz sin oscuridad que la resalte.
      Aún hay mucho por contar y cosas por resolver, pero confío en mis personajes para que encuentren el camino correcto a su propia cuenta. Confío en que no los hice pasar por tanto y aprender de tantas cosas solo para verlos caer al fango una última vez.
      Admito que no seré tan perfecto como mi padre y que quizá mis creaciones nunca lleguen a su nivel de virtud, pero hice mi mayor esfuerzo.
      Así pues, en esta historia y en todas las historias contadas de este lugar, no existe un blanco y un negro, un bien y un mal. Simplemente la recolección de decisiones que tomamos basados en nuestra moral y lo que creemos es lo mejor. Intercambiamos males por otros, pecados por castigos y consecuencias por penitencia. Creemos escoger “el mejor de dos males” y nos confiamos en que lo que hacemos está bien.
      Pero el pecado es pecado, no hay ni uno muy leve ni uno muy grave, solo existe el pecado. A dios no le importan estas diferencias que los humanos usan para justificar sus acciones; el castigo divino te caerá independientemente.
      Visto de esta forma ¿Por qué no pecar bien? Si el castigo llegara igual, mejor liberar tu alma a sus deseos y de caer, hacerlo hasta el fondo.
      Nadie más que yo, sabe bien esta verdad absoluta.
      —Satanás.


Notas del Autor
      
      
      
      Blitzo y Verosika encontraron como mezclar sus trabajos de súcubo y asesino a sueldo. Las muertes se volvieron más creativas y extravagantes. En cierta forma competían por ver quien era más original a la hora de matar.
      
      Stolas y Octavia tuvieron un matrimonio relativamente normal, Moxxie optó por el silencio hasta encontrar una mejor oportunidad para hablar. ¿La podrá encontrar?
      
      Stella siguió enamorada de Moxxie, e incluso tuvo la idea de compartirlo con Millie; pero realmente, ¿Quién tiene el valor para sugerir algo de ese estilo a la esposa del amor de tu vida?
      
      Y muchas otras cosas que quedaron inconclusas, sin respuesta o sin la suficiente claridad serán resueltas en el siguiente tomo de Padre e Hija. No será el 3er Volumen como la lógica lo dictaría –si no un solo volumen contando todas las historias en un solo cómodo volumen, Padre e Hija: El libro; repleto de detalles que hasta alguien que desconozca de la serie pueda leerlo. Les agradezco a todos su apoyo. ¡Por un gran 2023!


      


      




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